Estábamos sumidos en la serenidad de la tarde, mi tranquilidad se mezclaba con las risas resonantes de Diego mientras jugábamos en la piscina. El pequeño, que días atrás había estado afectado por una fiebre persistente, ahora rebosaba vitalidad. Sus risueños ojos reflejaban la recuperación, y su risa se convertía en la banda sonora perfecta para ese momento de calma. Me sentía agradecida por ese instante de paz compartida, donde la preocupación por la salud de Diego se disolvía en la alegría presente. En estos días, no puedo dejar de pensar mucho en mi mamá. Sus recuerdos, gestos y palabras están siempre en mi cabeza. Me siento rodeada de preguntas, tratando de entender por qué la tengo tan presente ahora. Quizás sea la nostalgia que trae recuerdos ocultos en mi memoria. Tal vez sea el

