El esperado fin de semana finalmente llegó, y la majestuosa mansión Salvatore se convirtió en el escenario de una ostentosa reunión. Socios y amigos importantes de Max se reunían para rendir homenaje al recién nombrado líder de la camorra. Como una de las sumisas, me encontraba entre las invitadas, consciente de la necesidad de complacer a los distinguidos invitados. En medio de la opulencia y el lujo, no pude evitar notar la cautela que rodeaba a Max, el celoso líder. Aunque su control sobre las chicas era evidente, las murmuraciones sugerían que más de una vez las demás, habían compartido momentos íntimos con algunos de los socios de Max. No obstante, se decía que estas experiencias eran más un acto voluntario. Ya que tanto Darla como las demás se ofrecían. Para la fiesta, elegí

