¿Quién es Gabrielle?
Gabrielle.
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Siento la brisa golpeando mi rostro y cierro instintivamente los ojos y abro los brazos cuál ave al vuelo los pongo derechos y me levanto un poco del asiento mientras el viento me golpea regalandome una sensación de libertad.
«Estoy volando»
— ¡Gabrielle! ¡No seas loca! ¡Agárrate!
Dice el aguafiestas de Luca.
Regreso los brazos a su cintura y me aferró a él.
Mis pulmones se inundan de su aroma a hombre y tabaco mientras mi nariz permanece pegada a su camiseta.
Llegamos a la línea de meta y nos reciben con la famosa bandera a cuadros.
Me bajo de la motocicleta aún con el subidón de adrenalina en el cuerpo.
— ¿Cómo te subes sin casco Gabrielle? ¿Acaso enloqueciste? — dice Dania llegando hasta mí.
— ¡Cállate aguafiestas! — le digo abrazándola.
Le quitó el vaso de cerveza y lo llevo a mi boca dándole un gran sorbo.
«Me hacia falta hidratarme»
Camino entre la muchedumbre y meto ambas manos a mi chaqueta de cuero para mitigar un poco el frío
De pronto siento una mano girarme y una boca con aliento a cerveza y tabaco me recibe haciendo una irrupción en mí con su lengua.
Magrea la carne de mi culo y me pega a su entrepierna ya endurecida.
Sin pizca de vergüenza ataca mi cuello marcando un chupetón que sé que hará enloquecer a mi papá.
— ¿Por qué te vas tan lejos cariño? — pregunta sin quitar sus manos de mí — te deje subir con el imbécil de Luca pero vienes conmigo preciosa.
— Jonathan no seas pesado — le digo empujando su pecho.
Lo tomo de la mano y camino abriéndome paso entre la gente.
Llegamos a mi moto y me siento de medio lado mientras Jonathan prende un cigarrillo de hierba.
Le da tres fumadas y me lo pasa, le doy una gran calada, es lo que necesito para relajarme.
Hace poco empecé a probarlo, justo cuando mi padre me dió la noticia de que se casa con la hipócrita de Helena, necesitaba algo que me relajara y me hiciera olvidar un poco la vida de mierda que estaba viviendo.
¡Odio a esa mujer!
Incluso cuando vivía mi madre y ella era ya un dolor de culo.
Siempre estaba acechando y mi madre la trataba como una princesa, considerándola su amiga cuando siempre estuvo como zopilote sobre mi familia y cuando mamá murió no tardó en meterse a la bragueta de mi papá.
No la tolero y me importa una mierda los regaños de mi papá, ella es una arribista y nadie me hará cambiar de opinión.
Él la considera la mejor opción para ser mi «Mamá sustituta» pero la verdad es que su pose de gran señora solo se la puede comprar mi papá, yo sé que es una puta disfrazada de gran dama.
— ¿Tú padre ya sabe que somos marido y mujer cariño? — dice interrumpiendo mis pensamientos, acercándose a mí y posandose entre mis piernas.
— Lo sabe... — digo soltando el humo que retenía. — sus perros guardianes por supuesto que le avisaron y enloqueció, amenazó con que me iba a desheredar si no dejaba de hacer estupideces, pero... — le doy otra calada al cigarrillo – si yo no pude opinar en su futuro matrimonio, él no puede opinar sobre el mío y en mi vida.
Hace un mes fuimos a Las Vegas a perder un poco del muchísimo dinero que tiene mi papá.
Estuvimos de casino en casino jugando a cuánto juego veíamos y bebiendo hasta el amanecer.
En una noche de borrachera –donde bebí muchísimo más de la cuenta– fuimos a una capilla y nos casamos.
Fue realmente gracioso ver a Elvis hablándonos de las delicias del matrimonio mientras yo luchaba por mantenerme de pie y lo tome como una broma de borrachos, pero el matrimonio por muy alcoholizado que estés es legal y pues... estoy legalmente casada con un vago de trasero sexy.
Fue una estupidez ¡Lo sé! Pero fue tan gratificante ver la cara de mi padre cuando se enteró que estoy pensando seriamente seguir casada con este pedazo de mierda solo para joderle la vida, así como él me jodió al meterse con esa zorra.
— Tu viejo si que es un hijo de pu...
— ¡Shhhh! No, no, no — digo y lo interrumpo poniendo el dedo índice en sus labios — una cosa es que yo pelee con él y otra muy distinta que tú lo insultes ¿Entendiste?
Le digo y me mira con una sonrisa de medio lado.
Igual y no debería defenderlo, pero para insultarlo solamente yo que si tengo que reclamarle, nadie más.
— Vamos al apartamento — dice metiendo su mano en medio de mis piernas.
Lentamente tomo su mano y la saco de ahí.
— Quiero correr, no coger. — le digo y lo quito de en medio de mis piernas.
Monto la motocicleta y la enciendo haciéndola rugir y la adrenalina empieza a correr por mi cuerpo mezclándose con el efecto de la hierba.
Jonathan se sube detrás de mí y hago rugir el motor, de nuevo sintiendo la emoción que me causa la velocidad.
De pronto suenan sirenas y se ven las luces rojas y azules aproximarse.
«¡Carajo!»
Me pongo el casco y Jonathan se acomoda también el suyo mientras yo arranco a toda velocidad huyendo de la policía.
Si me atrapan mi papá jodera todo el mes y no quiero que me quite la motocicleta, ya suficiente tiempo estuve sin ella cuando abandone la universidad.
Rebaso a varios que al igual que nosotros huyen para no ser atrapados por estar en una carrera clandestina.
Esquivo autos y motocicletas yendo lo más rápido que puedo y aunque parezca estúpido me gusta sentir la adrenalina de estar huyendo.
Creo que nací defectuosa o algo ya venía mal en mí porque me encanta sentir este peligro, me pone al tope las emociones y me siento viva.
Mi madre era una santa y yo simplemente su pequeño ángel caído.
Sigo conduciendo y aumento la velocidad.
— ¡Aún vienen detrás! — dice Jonathan gritando para que lo escuché.
Viene una curva.
«Ahi los perderé»
Bajo la velocidad para girar y de pronto siento un fuerte empujón.
Todo pasa muy rápido, me aferró a la motocicleta pero el impacto es más fuerte que yo así que salgo proyectada hacia en frente
Y de pronto no hay nada, no hay dolor solo la oscuridad que me absorbe.
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[···]
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Escucho murmullos que no alcanzo a entender, es como si tuviera los oídos llenos de agua y quiero saber quién es pero mis ojos permanecen cerrados.
El incesante pitido se una máquina me hace doler un poco la cabeza y muevo los ojos pero no logro abrirlos los siento muy pesados
Trato de moverme pero es muy difícil, mi cuerpo no responde, se siente rígido.
— ¡Enfermera mi hija está moviendo el dedo! — escucho a lo lejos una voz de hombre.
Siento mucha ansiedad por qué me quiero mover y no puedo.
Poco a poco mis párpados ceden y se abren aunque la luz me lastima, parpadeo lento acostumbrándome al brillo de la blanca habitación donde me encuentro.
El rostro de un hombre se situa frente a mí y llora diciendo muchas cosas que no alcanzo a entender mientras una enfermera toma mi mano
— ¡¡Despertaste Gabrielle!! ¡¡Despertaste mi amor!! — exclama el hombre que aunque lo veo borroso puedo darme cuenta que ha de estar cercano a sus cincuentas y sigue llorando sobre mi, pero...
¿Quién es Gabrielle?
Llega un médico y lo aleja de mí para inspeccionar mis ojos mientras la enfermera me toma la presión sanguínea.
— Gabrielle ¿Me escuchas? ... — pone una luz en mi ojo y la mueve de un lado a otro, suelta mi párpado — si me oyes parpadea Gabrielle.
— ¿Quién es... Gabrielle? — digo con la voz pausada y completamente ronca como si no hubiera bebido un sorbo de agua en semanas.
— Puedes hablar — dice el médico — tú eres Gabrielle Lasker, todo estará bien, si te sientes confundida es normal estuviste en coma pero ya estás con nosotros.
Dice y yo sigo parpadeando como si eso fuera un gran logro.
Intento buscar en mi memoria el nombre de Gabrielle Lasker pero no hay nada, todo está en blanco ¡Vacío!
¿Cómo llegue aquí?
Siguen checandome, hacen movimientos a mis manos, brazos y pies.
Me preguntan cosas tontas como mi nombre, mi edad, mi color favorito, mi comida favorita y extrañamente a todas la respuesta es «no lo se»
Pero es la realidad, por más que me esfuerzo en recordar esa información no hay nada, absolutamente nada en mi mente.
Poco a poco pasa el adormecimiento que sentía en el cuerpo y empiezo a sentir como mi estómago gruñe
— Tengo hambre — le digo a la enfermera que me ayuda a acomodar el colchón para que pueda sentarme un poco.
— Le informaré al doctor para traerte algo de comer. — me dice y sale de la habitación.
Una vez que me encuentro sola veo las paredes de la amplia habitación, un sofá cama que tiene una cobija mal doblada, quiere decir que alguien estuvo recientemente ahí, hay un gran ventanal que deja entrar la luz del día.
Miro mis manos, detalló los delgados dedos, mi piel blanca y llevo mis manos al rostro sintiendo el relieve de mis labios, mis pómulos, los ojos y tomo un mechón de cabello, tengo un color castaño claro, pero no se si es natural o está teñido.
La enfermera regresa y con una sonrisa me dice.
— Vamos a aprovechar que tienes ayuno para hacerte una tomografía — Me dice y se acerca para llevarme.
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[···]
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Cómo lentamente el pollo en la bandeja y le doy un sorbo al jugo.
De pronto entra el médico seguido de un hombre alto de cabello cano, ojos azules y que me mira como si quisiera llorar.
— Hola Gabrielle ¿Cómo te sientes? — pregunta el médico pero yo no dejo de mirar al hombre a su lado, me parece que es el mismo que vi cuando desperté pero no podría asegurarlo.
— Hace un rato estaba mareada pero ya me siento mejor... — hago una pequeña pausa, pensando en lo que quiero decir. — ¿Por qué no recuerdo nada de antes de despertar?
El hombre a lado del médico baja la mirada y yo poso la mía en él.
— Gabrielle estuviste en coma cerca de dos meses, tuviste un accidente en donde se vio comprometida tu cabeza y el golpe afecto tu memoria... — lo miro pensando que es una broma pero no veo pizca de diversión en su mirada.
— ¿Quién es él? — pregunto señalando al hombre que está en silencio mirandome.
— Soy tu papá Gabrielle ¿No me recuerdas? — niego con la cabeza y un pequeño pánico empieza a invadirme.
— ¿No voy a recordar quién era nunca más? — le pregunto al médico en un tono ya no tan tranquilo. — Ni siquiera se cómo es mi rostro doctor ¡No lo recuerdo! Este hombre dice ser mi papá y yo... yo no lo recuerdo.
De pronto todo se vuelve demasiado, tomo mi cabeza que empieza a punzar.
— Trata de calmarte Gabrielle, no sirve de nada que en este momento caigas en pánico, probablemente en el pasar de los días y en contacto con tu familia, tus cosas puedes ir recordando.
— ¿Probablemente? Osea que ¿No es seguro? ¿Puedo quedarme así en blanco de por vida? — le pregunto tratando de contener la histeria que siento que se quiere desatar dentro de mí.
El médico carraspea y me mira a los ojos.
— No Gabrielle, no es seguro. Esperamos que así sea pero no tenemos la certeza de que recuperes la memoria.
Trago grueso posando mi vista en el ventanal que nos separa de la ciudad.
Ni siquiera sé dónde estoy, quién soy o que es lo que hago.
No se mi edad, no se nada.
— Quiero un espejo— digo sin voltear la mirada a ellos — quiero verme.
El hombre que dice ser mi padre toma asiento en un sofá en silencio, mientras el médico pide el espejo.
La enfermera trae un espejo y se lo entrega al medico.
Se acerca y me lo entrega.
Miro directamente a mis ojos que son azules con pestañas gruesas y rizadas tocó mis cejas castañas y mi nariz afilada, miro mis labios y muevo la cabeza para ver mis orejas y mi cabello.
«Dios, no me reconozco»
Mis ojos se llenan de lágrimas mientras trato de contener el nudo en mi garganta.
Estoy mirando a una desconocida en el espejo.
— No sé quién soy — Musito y soltando el espejo cubro mi rostro con ambas manos dejando salir el llanto.
— ¡No llores mi amor! ¡No estás sola! Estaremos a tu lado hasta que logres recordar. — dice mi «papá» llegando hasta mí y acariciando suavemente mi cabello.
Me giro y lo atraigo hacia mí abrazándolo por el torso mientras el posa sus manos en mi espalda.
Necesito aferrarme a algo, a alguien, porque siento en este momento una inmensa soledad que me quiere consumir entera.