A la mañana siguiente mi alarma sonó haciendo que tuviera que abrir mis ojos, no se si dormí, no lo se exactamente, estaba con la cabeza en cualquier parte menos en la tierra, me dolía, demasiado como si me estuvieran apuñalando la cabeza con gran fuerza, sabía que no era un ataque de migrañas, los había tenido y esto no se parecía en nada a los ataques que me daban, era algo peor, un dolor emocional que estaba pasando por todo mi cuerpo, unos nervios que no se porque sentía, las cosas podían cambiar hoy, iba ir a casa de mi novio a ver si me había engañado. Aunque quizás no le podía llamar engañar, ya que yo lo había aceptado, había sido yo quien cuando me dijo que se sentía inseguro a mi lado le había lanzado ante los brazos de otra mujer, de una que no era yo, había sido la mayor idiota del mundo, él podía sentirse inseguro, incluso mal por mi belleza peor no era algo que yo controlara, yo no elegí ser así pero si elegí estar con él a pesar de todo, de que mi padre no le aguantara, de que mis amigas no le tuvieran mucho aprecio, decidí estar con él y él decidió estar conmigo, por lo que nada era mi culpa.
Me levante de mi cama con demasiadas cosas claras, determinada por no decir otra cosa, me mire en el espejo con gran determinación, tenía las cosas bastante claras, me metí en la ducha, puede que sea demasiado malo el ducharse tantas veces al día pero era la cosa que más me calmaba por lo que no iba dejar de hacerlo. Guzmán se fue tras estar un rato hablando, los dos estábamos cansados y debíamos descansar, fue un gran descubrimiento, creo que siempre le voy a llevar en mi corazón, es de esas personas que te encuentras una vez en tu vida y te cambian la vida. Me puse un chándal, soy demasiado básica pero no creo que para lo que hoy tengo que hacer merezca una gran preparación de mi parte.
Me mire en el espejo, respire hondo, me hice una coleta alta para mirarme una vez totalmente lista en el espejo.
—Yo puedo—me dije a mi misma para darme fuerzas, pero tengo claro que va a darme un mal antes de poder reaccionar, no iba pensar, se que si pensaba nada de lo que tenía planeado iba a llevarse a termino, se que iba a rendirme aquí mismo por lo que iba a apagar mi cabeza por el bien de mi salud.
Agarré mi teléfono para irme de mi casa, por suerte para mi y desgracia para mi novio, me dio su dirección para que le enviara los regalos de cumpleaños y aniversario, él no me envió nada pero era normal, estaba mucho más ocupado que yo.
Al salir a la calle pare el primer taxi que vi para que me llevara justo hasta la entrada del apartamento de Martin, la mujer que conducía el taxi parecía demasiado amable.
—¿Le puedo pedir un extraño favor?—le pregunte.
La mujer me miro.
—Estoy apunto de ir a ver si mi novio me engaña, y si lo hace quiero salir de la casa corriendo—comente, la señora me miro con los ojos abiertos—¿Le importa esperar? Si veo que no me engaña, saldré a avisarla y le daré el dinero, no apague el contador, le daré lo que sea—le dije.
La mujer me miro sorprendida.
—Me parece bien—comento la mujer haciendo que me pudiera sentar más cómoda en mi asiento—Tengo una hija, si su novio le engañara quería que alguien la ayudara tras descubrirlo—comento.
La mire.
—Debemos ayudarnos—le dije.
Nunca había creído en la importancia de la ayuda entre mujeres, me parecía un mal chiste que contaba la gente, eso de decir que aunque no conocieras a alguien debías ayudarle, pero en realidad era verdad, las mujeres estábamos atadas a cosas crueles, por eso debíamos ayudarnos entre nosotras, no por ser mujeres, sino porque éramos personas, a mi ayer me ayudo un desconocido y hoy me estaba ayudando una mujer arriesgando su sueldo, no sabía si le estaba mintiendo pero me estaba dando esa confianza por lo que esas dos personas me habían enseñado que ayudar a desconocidos no era algo malo.
Mire por la ventana, aún las calles no tenían mucha vida, era temprano, eran las nueve de la mañana, los bares aún estaban abriendo y los negocios se estaban preparando para un día de labor por lo que era normal que poca gente estuviera por las calles. Pase mi mano por mi pecho, me dolía, no se porque, creo que tengo demasiado miedo a tener que dar la razón a las personas que me habían avisado de las señales rojas que Martin me daba, no las quería ver, no se la razón pero había algo que me gritaba en mi que no las mirara y ahora todas venían a mi con fuerza, cuando al principio delante de las chicas no decía que era su novia, y dejaba de ser como era en publico, cuando se reía de algunas cosas que yo amaba, cuando no me tomaba en serio, o al menos mis sueños, quizás si hubiera visto estas alertas rojas antes no estaría en este taxi pero algo me había llevado hasta aquí, quizá el destino, o la casualidad, no lo se pero tengo claro que ahora quiero estar aquí y ver si realmente me quiere.
—Hemos llegado—me aviso la mujer cuando llegamos.
Me quede bloqueada unos segundos, las dudas me volvieron pero ya no había forma de echarme atrás, podía decirle a la mujer que me llevara de vuelta a mi casa ¿Pero me iba quedar con la duda toda la vida? No quería eso.
Respire hondo.
Salí del taxi para llamar al timbre de la casa de Martin.
—¿Qué mierda quieres?—me pregunto Martina al contestar, no me costo nada reconocer su voz aunque estaba enfadada y eso podía dificultar la cosa.
—Martina, necesito hablar con Martin—dije y me di cuenta que quizás ella no me recordaba—Soy Ingrid—aclare.
La puerta del portal se abrió, dejándome entrar en la casa, respire hondo, me volví a armar del poco valor que tenía y entre, subí en ascensor, era la única forma en la que no podía echarme atrás, las escaleras te daban la opción de ir atrás, pero el ascensor era una maquina que una vez decidido el sitio, ya no había otra opción.
Subí al piso de Martin y Martina me esperaba en la puerta con cara de dormida y mala leche.
—Lo siento—dije nada más verla.
Ella me miro.
—Espero que sea importante, sigue durmiendo—me comunico.
Entre a la casa y mire a Martina.
—¿Está solo?—pregunte, Martina me miro por la pregunta, creo que estaba sorprendida, pero no tanto como me esperaba que estuviera, me esperaba nerviosismo, me esperaba que buscara una excusa en su cabeza para no decirme las cosas, la verdad, pero no lo hizo, se veía sorprendida porque preguntara con miedo, no porque preguntara.
—No—me dijo.
Mire al suelo.
—Pensé que lo sabías—me dijo, la mire sorprendida.
—¿Que?—pregunte sorprendida.
—Ya sabes, eso de la relación abierta, al principio me pareció demasiado raro pero creo que lo entiendo, sois los principales pero para sexo podéis estar con los demás—me conto.
Le mire parpadeando demasiado sorprendida.
—¿Martin os ha dicho que tenemos una relación abierta?—le pregunte.
Martina me miro.
—Si, es por eso que se suele acostar con Sofía—comento, cada segundo estaba mucho más sorprendida, no entendía como había sido tan idiota de confiar en ese imbécil, como me había manipulado a su antojo, como había jugado conmigo pero no solo conmigo sino que con todo el mundo—Por eso intento algo con Kimberly, la actriz—me dijo.
Le mire.
No pude decir nada, no sabía como reaccionar, ni como actuar, me dirigí a las habitaciones, abrí todas las puertas despertando a todo el mundo pero no me importaba, necesitaba buscar al imbécil de Martin, al final llegué a su habitación, la escena era todo menos divertida, era dolorosa, mi novio estaba en la cama tumbado con una mujer a su lado, los dos desnudos, asco me daban.
Agarré un vaso de agua de la habitación y se lo tire encima.
—Joder—grito Martin despertándose de golpe y despertando con él a su acompañante, Sofía, esa chica que fue de buena y que iba de mi amiga, una maldita idiota es lo que era pero yo lo era más por creerme que me querían, que Martin era buen chico, solo era un cabrón que me quería usar ¿Por que a mi? Solo quería un buen chico, uno que me amara, uno que apreciara cada cosa buena de mi pero no, no lo tenía.
Las dos personas en la cama me miraron.
—Ingrid, cariño—me llamo Martin.
—Eres una sucia rata—le dije molesta—Solo sabes mentir—le dije molesta, destrozada, con la voz rota, con nada claro pero con ganas de morirme en estos momentos, me sentía una maldita idiota.
—Ingrid escúchame—me dijo.
Le mire con los ojos llorosos.
—No, no quiero seguir escuchando tus mentiras—le grite—¿Una relación abierta? ¿Cuándo mierdas yo he aceptado que metas tu mierda de pene en cualquier lado? Recuérdamelo porque yo creo que no ha pasado—le grite molesta.
Martín miro a la puerta avergonzado, me gire y vi que sus amigos estaban ahí.
—Estás hablando conmigo, no con ellos idiota—le dije haciendo que me mirara—Merezco que mínimamente me mires ¿Puedes hacer eso? ¿O es tan difícil para ti como el ser fiel?—le pregunte.
Martín me miro.
Jamás había sacado mi carácter, no creía necesario actuar como loca sin razón pero esta vez, creo que hacerlo no era una tontería, tenía mis razones, tenía todo el derecho del mundo.
—Tienes que entender, que un año sin sexo es muy duro—se quejo Martin.
Me reí.
—Has estado dieciocho años solo haciéndote pajas, ¿un año es mucho?—le pregunte sorprendida—Lo que pasa es que no quieres a nadie, solo a ti, no te importa nadie—le reclame.
Martin se levanto de la cama para ponerse unos bóxer y acercarse a mi.
Me aleje.
—Ni me toques—le avise.
—Ingrid, amor te quiero, pero entiende que no puedo estar solo con una persona, necesito que atiendan mis necesidades—intento usar eso como argumento.
Mire a Martin demasiado sorprendida.
—¿Te estas escuchando?—le pregunte, Martin me miro sorprendido—Claro que lo haces, eres tan egocéntrico que solo te escuchas a ti mismo, no eres el maldito centro de atención—le dije molesta.
—Me he perdido—comento Clara.
La mire.
—Pues que vuestro gran amigo Martin os ha mentido durante todo un año—les dije—No tenemos una relación abierta, no se puede acostar con quien quiera, os lo ha dicho porque no podía decir que no tenía novia pero es todo mentira, no se en que más os habrá mentido—les dije.
Todos parecían demasiado sorprendidos, y algo molestos.
—No te pases—me aviso Martin.
Le mire.
—¿O sea que no has mentido en nada?—le pregunte molesta.
Martin se quedo blanco, sin saber que decir.
—Ingrid te quiero—me dijo.
Me reí, si pretendía que ahora eso iba funcionar era un maldito idiota ingenuo que no me conocía.
—Tú no quieres a nadie—le dije molesta.
Martín se acerco a mi y acarició mi mejilla, intente alejarme de él pero agarro mis manos para tenerme cerca de él.
—Bebe, recuerda todos los buenos momentos—me dijo, le mire molesta—Cuando venías a mi casa a estudiar, las navidades juntos en new york, las veces que hemos viajado por España pasando de todo y con la música alta, solo estando nosotros, recuerda esos buenos momentos que son los que importa—dijo y paso una de sus manos por mi pelo, era verdad que habíamos tenido muy buenos recuerdos, habíamos vivido muchas cosas buenas ¿Pero como se creía que eso iba poder tapar lo que me había hecho?—Solo ha sido una cosa de una noche, te lo prometo, lo he hecho porque estaba demasiado enfadado porque te hubieras ido con el cantante ese, Ingrid te quiero y tengo nuestros planes presentes, que trabaje con tu padre, una casa, a nuestros hijos—me dijo.
Le mire, por un segundo, por un mili segundo se paso por mi cabeza el que estuviera diciendo la verdad, el hecho de que le perdonara porque estar con él era algo seguro, algo fácil, para que mentir, era verdad que estar con él, tenía muchas cosas aseguradas pero no la felicidad, me estaba mintiendo, me estaba intentando manipular, me estaba diciendo lo que quería escuchar, pero no iba a funcionar. Era una mujer poderosa y fuerte, una que podía tener lo que quisiera, y una vida así no era lo que quería, quería mucho más, cosas que él no me iba poder dar.
Me separé de él.
—No te creo—le dije.
—No deberías hacerlo—comento Sofía y la mire—Esta no es la primera vez, me dijo que teníais una relación abierta y que habías aceptado esto, lo de él y lo mío, y a mi me vendió la moto de que se había enamorado de mi y te iba dejar cuando tu padre le diera un puerto en su empresa, así íbamos a tener dinero asegurado—me conto Sofía.
Sin dudarlo, abrí mi mano y se la estampe a Martin en la cara.
—Eres una mierda de persona que no se merece a nadie—le dije molesta—Eres un maldito egoísta de mierda y una mierda de persona—.
Me desahogue demasiado, la rabia de mi interior era demasiado intensa, era un arma, una bomba que estaba estallando poco a poco.
—¿Te crees mejor que yo?—me pregunto Martín, su cara había cambiado, toda su actitud lo había hecho, creo que al ver que las cosas no iban a ser como el quería paso de la manipulación a intentar hacerme sentir mal, pero no lo iba conseguir—Yo no soy el que va de santita y luego se va con el primer hombre de pacotilla que conoce—me dijo.
Le mire.
—Para tu información, no hice nada con Jamie, aunque pude, soy mejor persona que todo eso pero mira por donde, él me esta esperando en su hotel hasta que te deje y tú no tendrás nunca más una oportunidad con ni una sola famosa—le dije.
A ver, que no sabía si Jamie me estaba esperando, solo era unas palabras que decía para hacerle daño, el comenzó ese juego de querer herir morales por lo que iba jugar mejor que él, era mejor que él.
—No se si te ha quedado claro, pero hemos roto y estate tranquilo, que yo misma me encargaré de que todo el mundo sepa lo genial que eres—le dije.
Me gire para no mirarle, no quería seguir estando en este lugar, había estado haciendo caso a mi cabeza por demasiado tiempo, por muchos años renuncie a mis sueños e ilusiones por elegir las cosas que eran lo que todos estaban esperando de mi, elegí estudiar psicología por mi madre, me quede con Martin porque era lo que se esperaba de mi, que tuviera una pareja estable toda mi vida, pero me había cansado, mi corazón llevaba años gritándome que dejara todo y siguiera mis sueños, eso iba ha hacer, me he cansado de ser la niña buena, pienso ser lo que quiera ser.
Salí del edificio de Martin y llame a mi padre quien me contesto muy rápido.
—Ingrid ¿Qué pasa?—dijo nada más descolgar la llamada.
—He roto con Martin, me estaba engañando—le dije, silencio, respire hondo, había cogido carrerilla por lo que le iba decir todo—Me voy papa, me voy a ir a recorrer el mundo con un chico que me gusta, puede que acabe mal pero no me importa, estoy harta de seguir mi cabeza, quiero seguir mi corazón por una vez en mi vida—dije.
Mi padre suspiro.
—Vale, lo entiendo, necesitas irte unos meses, lo respeto y acepto—me dijo.
Me aliviaba que lo hiciera.
—No voy a ser psicóloga, quiero ser actriz, cuando vuelva voy a estudiar arte dramático en New York, amo esa ciudad más que nada en este mundo, he hecho lo que vosotros habeís querido por muchos años y ahora voy a comenzar a tomar decisiones, no estoy hablando por tener el corazón roto, lo hago porque por primera vez, quizás sea cuando más entero lo tengo—dije.
Otro silencio.
—Te quiero—fue a lo que se limito mi padre—Disfruta de esa gira—me dijo.
No me juzgo, siempre tuve miedo a que mi padre me dejará de querer por no ser como ellos querían pero no lo hizo, me seguía queriendo y ahora solo me quedaba una cosa, encontrar al chico que me gustaba y decírselo, decirle que me iba con él y esperar que aún me quiera conocer.
Respire hondo.
—Lo haré—le dije a mi padre antes de colgar y subir al taxi.
Tenía un camino que seguir, el de mi corazón y por una vez en mi vida, ese iba ser el que me guiara.