Capitulo 5

3079 Palabras
Estaba totalmente hundida, cada parte de mi estaba llena de agua, y eso era lo que menos me molestaba, algunas personas que pasaban a mi lado me miraban, pero eso solo fue en el hotel, donde la gente iba a dormir, al salir a la calle y chocar con el frío de la noche madrileña, todo cambio, la gente no estaba en la calle, supongo que los adultos estarían en sus casas viendo la televisión, mientras que los jóvenes, como Martin y sus amigos, estarían en discotecas. Quizás no debí irme, pero creo que hubiera sido peor quedarme mientras le veía estar con ella, por mucho que estuviera permitido, que me estuviera engañando, no creo merecer eso, por mucho que yo misma lo haya aceptado, no creo que eso le de el derecho a nadie a usarlo para herir a la gente, Jamie tenía razón en una cosa, el amor no podía doler, no al menos como esto dolía, no tanto como Martin me estaba haciendo, él decía que hacía esto por nuestra relación, en nombre del amor pero yo solo sentía todo esto como un acto de egoísmo por su parte, él quería tener todo lo bueno en la vida, las ventajas de tener sexo con quien quisiera y las cosas buenas de tener pareja, y yo había aceptado como una idiota, me arrepentía ¿Pero que podía hacer ahora? Solo llorar y quedarme resentida en una esquina, esperando a que las cosas pasaran. Camine por las vacías calles con más dudas que certezas, siempre había tenido las cosas claras, mi mente y mi corazón siempre cantaban la misma canción, la de un futuro que había ideado para no desmoronar mi vida, el futuro perfecto, casa, trabajo, boda e hijos, algún perro también pero lo principal lo tenía claro. Tenía hasta la boda ideada, una hermosa boda en la playa con la gente que quería, las cosas estaban claras, todo estaba planeado pero creo que el destino tenía otros horribles planes para mi y mi futuro, planes que no me gustaban, quería escuchar el ritmo que siempre había marcado mi cuerpo, un ritmo firme y unísono pero no, ahora, mi mente me gritaba una cosa mientras que mi corazón me pedía otra ¿A quien debía hacer caso? Si seguía a la lógica lo más seguro era que no iba sufrir, mi cabeza era tranquila y calculadora, no me iba dar problemas, mi cabeza siempre analizaba los riesgos y daba el mejor resultado, era su trabajo, y el corazón, ese era más impulsivo, se llevaba por lo que sentía, no dijo que este mal, es una gran ayuda en muchas ocasiones pero las pocas veces que he seguido mi corazón termine demasiado mal, soy una persona que gracias al hecho de no escuchar su corazón ha terminado una carrera y tiene un gran futuro por delante, si mi corazón hubiera mandado estaría en New York estudiando arte dramático, seguramente  viviendo bajo un puente, sola, sin tener en mi vida a las personas que más me importan, que mejor me hacen sentir bien en mi vida bueno y lo más seguro es que no hubiera conocido a Martin, de eso estoy bastante segura. Por lo que de esta forma estoy segura, de esta forma estoy segura. Los sentimientos son importantes, demasiado, quizás más que la razón, son lo que nos hacen sentir vivos, los que nos hacen vivir, eso es lo que se dice pero el temor que tengo ante ellos a ser destruida es lo peor, los sentimientos, te hacen sentir viva, te hacen sentir cada cosa, cada cosa que merece la pena en la vida, pero también las cosas que nos destruyen, puede que suene tonto pero prefiero vivir un futuro básico y planeado, a tener que arriesgarme sin saber que puede pasar, amo mis emociones, me ayudan mucho pero no se si estoy lista para que sean lo que dominen mi vida, no creo estar preparada jamás para ello, debo confesarlo, soy una cobarde. Entre en el portal de mi edificio y respiré hondo. Uno de los vecinos, un chico joven que esperaba el ascensor me miro, me quede demasiado sorprendida de encontrarme a alguien, esperaba que las cosas no se complicaran más de lo que ya se habían complicado, esperaba poder hacer esta transición sin miedo a encontrarme a nadie. —¿Mala noche?—me pregunto. El chico, tenía el pelo de color rojo, con unas raíces rubias demasiado intensas, estaba claro que ese color, casi zanahoria era artificial pero no niego que le quedaba bien, iba con unos pantalones anchos negros y una sudadera con letras japonesas, pero estaba claro que él no era japonés, sus rasgos eran totalmente europeos. Le mire, me sorprendía su pregunta pero no era de sorprender que me preguntara eso cuando iba con un vestido y mojada de pies a cabeza, había sido una idiota al meter en la piscina pero no voy a negar que el agua es lo que más me ayuda a pensar, me arrepiento por un lado pero hay otro lado bastante fuerte de mi que no se arrepiente, que no voy a negarlo, quería seguir en esa piscina con la misma compañía con la que estaba pero no podía dar marcha atrás, hubiera cambiado tantas cosas de mi vida si hubiera sabido como iba a terminar, hubiera tomado otras decisiones, quizás peores pero otras. —Mal año en general—comente. Este último año, en el que termine la carrera y estuve separada de Martin, fue el peor. Estudiar una carrera que aunque me guste, no me hace sentir cómoda, es algo que no me gusta, odio la presión que me provoca el hecho de tener la vida de otros en mis manos, pero no solo eso, pasarme tarde y noche estudiando mientras mis padres me recordaban la importancia de un bien expedienté, era horrible, malas notas, suspensos, no estaban permitidos pero lo que no aceptarían, lo que me matarían antes de aceptar, era que dejara la carrera, eso sería una deshonra. Mi padre me lo recordaba mucho, y siempre que lo hacía, en mi cabeza se reproducía la escena de Mulan en la que Mushu le grita “Deshonra sobre tu vaca”. Eso debería ayudarme a quitar peso al asunto, a reírme porque era un caballo a quien señalaba y no a una vaca pero no lo hacía, me hacía sentir muy indefensa el hecho de deshonrar a quienes amaba, a quienes eran importantes para mi, debía ser un orgullo para mi familia, ya les costo aceptar este año que me iba tomar sin hacer nada como para decirles otra cosa o hacer otra cosa que ellos no esperaran, me matarían si no se morían antes. Los estudios son una presión para todos los jóvenes, ningún padre quiere que su hijo suspenda, menos en la carrera donde cada asignatura vale dinero y suspenderla significa un nuevo pago, pérdidas de dinero, no todas las familias se lo pueden permitir, las becas están muy bien, pero es un cuento chino que son accesibles para todos, es demasiado complicado todo en ese mundo, yo no tengo problemas económicos, mi familia no los tiene pero no por eso la presión era menor. No solo tuve el dolor de no poder cerrar los libros, sino que tenía a mi pareja lejos, mis amigas eran el mayor apoyo que podía tener, odiaban a Martin, creo que con algo de razón, cuando no estaba cerca de mi, cuando tenía otras opciones, me ponía en segundo lugar, como si dejara de ser importante. Pero era importante, demasiado, pero no hablemos de cuándo quería sexo, ahí, era el mundo entero. No se, todos me dijeron que merecía algo mejor pero Martin era el primero en mirarme por lo que sentía que nadie mas iba a mirarme como él lo hacía, quizás es tonto de mi parte porque la forma en la que Jamie me mira es quizás mejor que la que usa Martin para mirarme. —¿Eres la nueva vecina verdad?—me pregunto, me quede impresionada y salí de mis pensamientos ante su pregunta, le mire, había estado tan perdida en analizar mi mal año que me había olvidado donde estaba. —Si—me limite a responder. No creo que el chico tenga que escuchar mis problemas, mis dilemas de coger las cosas e irme, las enormes ganas que tenia por irme, por volver a mi casa o escaparme a cualquier lugar del mundo, lo que fuera lejos de aquí. —Tu casera, la señora Sánchez es un amor y los vecinos, son muy pijos, pero buena gente—comentó, me quede demasiado sorprendida, no conocía a la casera, era mi padre quien hablaba y hablo con ella, yo solo me limitaba a quedarme en la casa y cuidarla, no se cuanto durare. —¿Hablas en tercera persona?—le pregunté, al ver que no se metía en el grupo de ser buena gente, él río con gran tranquilidad, como si no hubiera nada malo en sus comentarios, y es que no lo había pero yo estaba demasiado perdida. —No vivo aquí, vivo en el barrio del pilar, pero mi abuela vive aquí y como está de vacaciones vengo a sacar al perro—me comento, le mire bastante impresionada, no voy a negar que era de ser buen nieto pero no creo que las horas fueran las mejores podía molestar a los demás, aunque en Madrid había autobuses a todas horas, eso no pasaba en el país vasco, a partir de una cierta hora debías buscar un taxi o llamar a tus padres, no se que era peor. —La una de la mañana, no es buena hora para sacar a un perro—comente, el chico me miro demasiado sorprendido, puede que hiciera mal en meterme donde no me llamaban pero era mejor pensar en la vida de los demás que en la mía que ante mis ojos, hoy, era una desgracia. —Acabo de salir de trabajar, soy camarero—me comento y le miré, me sentía en parte algo mal por decirle lo de la hora, era un chico normal que trabajaba para ganarse la vida, algo demasiado bonito y que no se veía mucho entre los jóvenes de hoy en día, y lo dice una que todo se lo pagan sus padres. No había juzgado al chico, al menos no completamente, no me gustaba juzgar a la gente por lo que aparentaban, yo parecía una niña pija, alguien que llamaba a su padre y le daban lo que quisiera, pero no era así, era diferente a mi apariencia, no voy a negar que me daban todo, eso era verdad pero no era toda la verdad ni mucho menos toda la historia. Me di cuenta el primer día de universidad, cuando hicimos un trabajo en el que debíamos escribir la primera impresión de nuestros compañeros, a principio de curso, y a final si cambiamos de opinión, me sorprendí demasiado. En un principio todos opinaron que era una niña de papa que seguro me había equivocado de  carrera, que debía estudiar empresariales para quedarme con la empresa de mi padre, pero al terminar el año, la gente puso que era demasiado buena para ese trabajo, y no se cual de las dos era peor. —¿Quieres hablar?—me pregunto, le mire. ¿Tan mala cara tenía que hasta un desconocido sabía que necesitaba hablar? No podía ver mi cara pero estaba claro que era horrible, no solo porque seguramente estaría con el maquillaje corrido por estar tan mojada sino que estoy segura que tenía cara de muerto por no decir que parecería un zombie viviente. —No creo que mis problemas amorosos sean lo más interesante de lo que hablar a la una de mañana—comente, no es que no quisiera hablar, estoy segura que hasta bien me vendría hablar con este chico, parecía la mejor compañía para estos momentos, pero no creo que el pobre chico se merezca escuchar mis dramas, mis enormes dramas, los dramas que yo sola me había buscado por ser una idiota que no pensaba mejor las cosas o que las pensaba demasiado, quien lo sabe. —Peores cosas oigo como camarero—me dijo, le mire—Soy Guzmán, y por cierto soy un gran consejero—se presento ofreciéndome su mano, la tome mojando demasiado al pobre chico, pero el no dijo nada, le mire, no pude evitar regalarle una sonrisa, me parecía demasiado bueno y amable, no merecía ese amor de su parte pero me lo estaba dando sin importarle nada más, no es algo que mucha gente haga. —Ingrid—dije en respuesta. el chico me miro sonriendo creo que estaba demasiado feliz de estar avanzando conmigo pero no se si esto era un avance o un arrebato de locura que me estaba dando, seguro que tenía fiebre y todo porque esto estaba siendo una maldita locura. —Bonito nombre—comento, negué haciendo que él riera, le mire, no sabía que decir o que hacer, el chico me miro con demasiada tranquilidad, no voy a negar que su mirada me daba una paz que en estos momentos necesitaba con gran poder, con gran fuerza. —Te invito a un te—le dije. Puedo ser incrédula, una niña demasiado tonta por dejar que un desconocido entre en mi casa como si no pasara nada, pero los desconocidos eran los mejores consejeros y necesitaba dejar de sentirme como una loca por todo lo que sentía y pensaba, mi cabeza y mi cuerpo iban a explotar si seguía así. —Perfecto—comento Guzmán. Subimos los dos en el ascensor hasta mi planta que resulte ser la vecina de su abuela, Guzmán me dijo que iba revisar al perro mientras me daba el tiempo a ducharme y cambiarme, un caballero. Entre a mi casa y suspire demasiado cansada, pensé que las cosas serían más fáciles pero pase de estar con Jamie a estar con un desconocido en mi casa hablando de cosas que seguro ni le interesaban. Suspire. Me metí en la ducha para limpiar todo lo malo que podía llegar a tener en mi alma, en mi cuerpo, tras una corta ducha me puse un chándal, quería estar cómoda, no necesitaba impresionar a nadie, no quería hacerlo, unos minutos después de que estuviera lista llamaron al timbré, abrí la puerta para ver a Guzmán que traía unas galletas con él. —Son caseras, las hace mi abuela como forma de pago—comento. Me reí. —Entra—le dije. Guzmán entro en mi casa, y creo que como era demasiado parecida a la de su abuela supo como ir a la cocina, le seguí en silencio tras cerrar la puerta para preparar los tes. —Tengo novio—. Fue lo primero que me salió, el chico me miro atento analizando mis palabras, no creo que las cosas sean tan sencillas, no creo que las cosas se reduzcan a si tengo pareja o no, soy mucho más que eso pero creo que es la mejor forma de comenzar a contar la historia, cerré mis ojos por un momento para intentar averiguar como seguir esta conversación como enfrentarme a lo que iba a explicar. —Gran comienzo—comento. Le mire sorprendida y algo molesta porque dijera eso pero no es que pudiera hacer otra cosa. —Pero creo que me gusta otro chico—comente. Guzmán me miro sorprendido. —Me siento alagado pero no creo que mi novio aceptara un poliamor—dijo en forma de broma, me reí, le serví un poco de te en su taza y me sentí demasiado bien porque me estuviera ayudando a que las cosas no me pesaran tanto como yo creía que lo iban a hacer. Le mire. —Hace un año, vivíamos tranquilamente en Bilbao, éramos felices, al menos esa ilusión tenía yo—le explique, mire a mi taza—Hicimos un trato, no es que estuviera muy de acuerdo pero nunca pensé que lo cumpliera—conté, me avergonzaba demasiado contar el trato por lo que decir eso antes era más sencillo, al menos para mi—Ese trato era sencillo, el otro permitía una persona con la que podía engañarle, soy idiota por aceptarlo, yo estoy aquí llorando a un desconocido mientras él tiene sexo con una actriz—me queje. Guzmán me miro en silencio, como si estuviera analizando las cosas. —¿Por que estabas mojada?—me pregunto. —Tuve la oportunidad de estar con la persona que el me permitía, pero no podía y me tire a la piscina del estrés—resumí la situación—Mi mente me grita que me quede en lo que se que es seguro, en la zona que se que voy a estar bien, es decir que con Martin, al final y al cabo yo acepte esto pero mi corazón me dice que merezco mucho más, que coja mis cosas y me vaya con Jamie porque él si que me entiende y me hace sentir bien—comente. —Quizás antes de tomar una decisión deberías ir a ver a Martin, ver si realmente te ha engañado—me propuso. Le mire, en realidad tenía razón cabía la pequeña posibilidad de que no hubiera hecho nada que como yo se hubiera echado para atrás y estuviera en su cama despierto preocupado por que estaba haciendo yo, quizás los dos estábamos en la misma situación, quizás mis miedos eran tontos, podía ser que todo lo que estuviera sintiendo o pensando no fueran cosas reales, solo debía hablar con él quizás solo hacía esto por mi, para darme la oportunidad de asegurarme si quería estar con él, quizás todo era por mi y yo solo lo vi como un egoísta malo y cruel cuando no lo era. —Además piensa, si ves que es un cabrón le dejas y te vas con él otro soltera y entera, con un dolor de cabeza menos—comento. —Creo que antes debería dormir—confesé haciéndole reír. Reí, si lo explicabas así, si parecía demasiado fácil pero era mucho más complicado de lo que se decía por lo que iba tener que tener mucho cuidado por el bien de mi salud. Pero al menos las cosas tienen una buena salida, una cosa clara, mañana mi vida iba cambiar.—
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