Respire hondo.
Los flases me dieron en la cara mientras que salía con Jamie agarrándome con fuerza del brazo de la discoteca, el no decía nada, solo me agarraba del brazo y evitaba que la gente me molestara, claramente iba a salir en las fotos, era casi imposible evitar que el flash me sacara, todas las luces apuntaban a mi, era lo normal, todos querían saber con quien estaba ese famoso, el cantante del momento pero yo no le iba dejar saber que sabía quien era.
Respire hondo.
Las ganas de llorar eran algo enorme en mi, me moría de dolor, no se como permití que las cosas se salieran de esta forma de control, siempre pensé que las cosas en el amor eran mucho más sencillas, no tan complicadas. Cuando estábamos en Bilbao, las cosas, al menos a mi me parecían demasiado sencillas, pero ahora, ahora que habíamos estado un año separados, las cosas me parecían demasiado diferentes, como si las cosas hubieran cambiado pero ¿Si me hubiera dejado de amar no sería más facil decirlo?
Negué.
Jamie me ayudo a subir a su coche que nos esperaba al final de la calle.
—Ponte cómoda—me propuso.
No dije nada, su tono podía parecer que estuviera dando una orden pero estaba claro que era una propuesta para que me sintiera bien, creo que se esta preocupando de mi como lo haría un hermano mayor, que ve a su hermana llorando, pasándolo mal por una cosa que no había hecho bien. Me subí sin dudarlo para pasar mis manos por mi pelo, estaba demasiado destrozada, cerré mis ojos apoyándome en el asiento, escuche como se cerro la puerta de golpe y el motor arrancaba.
—Ahora no pienses en nada—me dijo Jamie.
Le mire, estaba demasiado mal, me sentía una idiota al permitir que Martin me usara como me diera la gana, no sabía que hacer, me iba doler demasiado cualquier cosa que pasara esta noche.
Jamie le dijo al conductor que fuera a su hotel pero sentía todo demasiado lejano. No me dolía tanto como creía que em iba doler, me dolía no ser suficiente pero no me dolía que me dejaran de amar, entendía que pudieran dejar de amarme, pero quería saberlo, pero Martin si me amaba, él lo decía en muchas ocasiones, hablando de nuestro futuro juntos, de su futuro en la empresa de mi padre, me dolía no ser suficiente pero no que no me amara, porque me amaba, sabía que lo hacía, debía hacerlo, era su deber como novio amarme.
Algo en mi no estaba bien, no me refiero solo al dolor de que me pudiera estar imaginando las mil posturas que Martin estuviera practicando con la chica, que no era culpa de ella, seguro que le fue con engaños, la culpa era mía, solo mía por aceptar esta maldita locura, por aceptar que hiciéramos este trato y por ser como soy, por atraer a la gente a mi y hacer que Martin se sintiera inseguro, si fuera dos kilos más gorda o tuviera granos, el no necesitaría hacer esto, solo me necesitaría a mi.
—¿Estás bien?—me pregunto.
No abrí mis ojos.
—No, no creo que pueda estarlo—le dije.
Jamie se sentó a mi lado y paso su mano por mis hombros, haciendo que me pegara a él, deje que mi cuerpo callera apoyado en su pecho.
—El amor no duele—me dijo.
No dije nada, me quede callada escuchando los latidos de su corazón.
—Es mentira eso de que el amor para que sea bueno tiene que doler, los amores que son sinceros, los amores que son de verdad no deben doler, solo deben ser sencillos, no niego que deba a ver peleas o discusiones pero lo que tu estás viviendo no es amor—me dijo.
Cerré mis ojos con más fuerza.
—Le conocí con dieciocho años, no conozco otra forma de amar—confesé.
Jamie suspiro.
—Entonces no es amor, sino comodidad—me dijo.
Le mire.
No sabía que decir o que hacer, no concebía mi relación con Martin como una relación cómoda, al menos no desde que estaba el en madrid y yo en bilbao, era demasiado complicado todo, apenas podíamos hablar, no es cosa que em guste decir, pero me gustaba en ocasiones no hablar con él, era demasiado cansado, me gustaba hablar con él pero cuando era buen novio, cuando se ponía ha decir que me echaba de menos o no cuando me dejaba ser como era, o hablar de mi vida, no me dejaba decirle las cosas, era como que solo existía él, eso me molestaba pero le escuchaba como yo deseaba que lo hicieran, para que el me diera lo mismo, por eso se lo daba.
Mire a Jamie, quería decir algo pero no sabía que hacer o decir, no sabía como expresarme.
Jamie no hizo nada, paso su mano por mi brazo sin decir nada, el coche condujo unos minutos hasta llegar a la entrada de un hotel en la gran vía, Jamie me agarro del brazo para llevarme a dentro del hotel, no dije nada, podía irme a mi casa, estaba demasiado cerca, pero llegar a casa me iba destruir en estos momentos.
Un señor de la recepción se acerco a Jamie.
— ¿Qué necesita?—pregunto el hombre.
Jamie me miro, estuvo unos segundos analizando las cosas, creo que me estaba analizando las cosas, desde mi pelo a mis pies, esto no era algo incomodo, no se me parecía demasiado a como me mira otras personas, era una mirada demasiado tranquila pero tenía algo en su mirada que me llamaba a acercarme a él con gran fuerza.
—Quiero que me abran el ático con la piscina—le dijo Jamie.
Me quede demasiado sorprendido, no sabía que quería conseguir con eso, el señor no dijo nada camino con nosotros al ascensor, no dijo nada, la gente de seguridad subieron dos con nosotros y otras subieron por las escaleras, no dije nada, me agarre al brazo de Jamie sin querer hacer nada, solo quería sentarme bien y tranquila. Llegamos al ultimo piso y el señor de la recepción, abrió la puerta a la zona de la piscina, dejándonos entrar, dos de los de la seguridad se pudieron en la entrada, en las puertas mientras que los otros dos entraron, que se quedaron en la entrada, Jamie me agarro de la mano y me sentó una silla de la barra, no dijo nada, soltó al otro lado de la barra y me miro.
—¿Qué haces?—le pregunte sin entender nada.
—Pueden pasarme lo que gaste por mi cuenta—comento e hizo un silencio por unos segundos para mirarme—¿Qué necesitas para sentirte bien?—me pregunto.
—Un novio que no me quiera engañar—le dije.
Me miro.
—Eso te lo puedo dar, pero de una forma que no te va gustar—me dijo.
Le mire.
—¿Un te?—le pregunte.
Jamie me miro y sin decir nada, puso agua a calentar y me sirvió un poco de te para dármelo, la mire sin entender nada, era la primera persona que no me juzgaba por lo que tomara, no se, las personas creían que debía hacer unas cosas por la edad que tengo, pero yo solo quiero sentarme y leer un libro.
Me dio el te y le mire.
—¿Que?—me pregunto bastante sorprendido.
—Eres el primero que no me juzgaba por lo que pido—le comente.
Jamie me miro.
—¿Por que debería hacerlo?—me pregunto.
—Ni idea—le dije.
Jamie se apoyo en la barra que nos separaba y me miro.
—Tu novio, es un gilipollas—me dijo, le mire, me estaba diciendo esa palabra española demasiado fuerte, me hizo gracia como lo hizo, no porque fuera verdad, sino porque era demasiado natural y demasiado sencillo la forma en lo que decía.
Reí.
—¿No he ganado un punto por hacerte reir?—me pregunto.
Le mire.
—¿Qué quieres?—le pregunte.
Jamie se quedo en silencio, no dijo nada, solo se quedo unos segundos más mirándome en silencio.
—Un beso—me dijo.
Me quede impresionada.
Le mire sin saber que hacer o que decir.
—¿Que?—fue lo único que me salió.
Jamie me miro sin decir nada, analizando mi cara, no estaba para nada sorprendido o molesto, estaba tranquilo, como si nada malo pasara, como si las cosas estuvieran demasiado tranquilas, como si nada malo hubiera pasado.
—¿No puedes engañar a tu novio?—me pregunto.
Le mire, estaba demasiado sorprendida sin saber que hacer, sin saber que decir, no sabía que pensar, las cosas no eran demasiado complicadas, podía hacer lo que me diera la gana con Jamie, mi novio me lo permitía, era quien él me había permitido ser mi vía de escape, pero no era algo que me saliera.
Pase mi mano por mi pecho, con demasiado dolor, no es que estuviera sufriendo por lo que estaba pasando, no es que lo estuviera pasando mal, no me molestaba demasiado o pasándolo mal por lo que estaba pasando, no me molestaba nada de lo que estaba pasando, no me gustaba sentirme demasiado mal, no me gustaba las cosas que me hacía sentir Jamie, el peligro de que las cosas que em pudiera hacer sentir, de lo que me podía llegar a querer hacer.
—Eso no significa que deba hacerlo—le dije.
Me miro.
—No, pero puedes hacerlo—me dijo.
Le mire bastante impresionada, no sabía que decir o que hacer pero estaba demasiado estresada porque no me iba a costar mucho el tener ganas de besarle. No es que quisiera, engañar a mi novio, no creía que esa fuera la solución , no creo que el dolor se deba luchar con más dolor.
Cerré los ojos.
—Ingrid—me llamo el chico.
No dije nada, abrí mis ojos y me acerque a la piscina, era de esas piscinas que estaban en el techo y desde las que se puede ver toda la calle, me tire a la piscina sin importar nada, me deje llevar, necesitaba sentir que era libre, siempre que me sentía mal me iba a la playa, el agua, el mar, o cualquier cosa que me acercara al agua, era mi forma de sentirme libre, no voy a negarlo que podía haberme quitado el vestido pero no era lago que tuviera demasiadas ganas, solo quería sentirme libre, pero sin sentirme incomoda, que me dejara de hacer sentir como una mierda, me sentía demasiado mal, era como si el mundo me estuviera dando golpes por todas las cosas buenas que me habían pasado en la vida, no se, necesitaba dejar de sentir que mi mundo se estaba destruyendo, me deje hundir, deje que el agua me llevara al fondo, que me dejara sentir como si todo se estuviera escapando de mi control.
Unos segundos después, note los brazos de alguien rodeando mi cuerpo, pocos segundos después alguien me saco, no dije nada, abrí mis ojos para ver a Jamie.
—Creo que suicidarte no es la clave—me dijo mientras tiraba de mi para sacarme de la piscina, los dos nos sentamos en la esquina de la piscina.
Le mire.
—No quería suicidarme—le dije.
Jamie me miro sin decir nada.
—Soy del norte, el agua siempre me libera—le dije.
Me miro.
—No pareces del norte—aclaro.
Le mire.
—No soy española, en realidad soy neoyorquina—le deje claro.
Jamie me miro de reojo, no dijo nada, analizo mi cara.
—Tu ingles es muy de ahí—me comento haciéndome reír—Yo también soy de esa zona—me comento.
Le mire, era verdad que los dos éramos del estado de new york, es demasiado grande por lo que no tenemos por lo que haber coincidido pero ayuda a que nos uniera de una forma demasiado diferente a la que me unía con otras personas.
—Vine aquí con seis años, aunque prefiero mil veces new york—comente.
Me miro.
—¿Por?—me pregunto sorprendido.
—Estados Unidos tiene muchas cosas malas, la sanidad publica es un defecto enorme, las escuelas son algo que no mencionemos con los tiroteos y demás, aunque tienen mejor sistema educativo quitando los problemas—le deje claro.
Me miro.
—Pero me siento segura, me siento bien, es como que ahí no me pueda pasar nada malo, me siento protegida—comente.
Me miro.
—¿No te sientes bien en España?—me pregunto.
Le mire.
—No se como puedes darme la confianza de hablar—le dije.
Me miro.
—Soy buen terapeuta—comento.
Reí.
Mire al cielo, las estrellas adornaban la noche, no soy de esas personas poéticas que se pasan la vida mirando al cielo y diciendo la forma que tienen las nubes, soy una persona que por muy carácter que tenga me dejo llevar por la gente, dejo que la gente me ayude y me guie, toda mi vida, he amado los musicales, soy de esas friquis que se va a ver todos los que puede, porque le hacen feliz, no canto bien, no es algo que se me de bien pero amo el teatro, quizás si mi madre no fuera psicóloga me hubiera planteado estudiar bellas artes, teatro en new york e ir a los grandes escenarios.
Quizás no haga bien en basar mi vida en lo que los demás quieren o esperan pero es lo que siento, quiero que las cosas sean sencillas y si para eso debo ser lo que los de esperan de mi, eso hare, porque las cosas quiero que sean sencillas, quiero que las cosas sean sencilla.
—Amo todo, mi vida, mi familia, y no se si le amor pero juro que algo siento por Martin, amo haber estudiado psicología pero prefiero mil veces más el teatro, los musicales y esas cosas a estar en un despacho todos los días, no me veo—comente, me miro—Tengo una vida deseada, tengo unos planes en los que quiero trabajar y tener una familia, casarme y esas cosas pero siento que no es suficiente para mi, no se—dije.
Jamie me miro.
—Vente conmigo de gira—me dijo.
Le mire impresionada.
Irme con él, a donde fuera que fuera, no se si sería barcelona o paris, si tenía mil conciertos o dos, si mis padres me dejaría tomarme un año para viajar, es verdad que me habían dejado este año para estar con Martin pero porque tanto ellos como yo teníamos la idea de que nos íbamos a casar y tener un futuro, uno que ellos y yo pudiéramos controlar.
—¿Que?—le pregunte sorprendida.
—No te estoy pidiendo que me des toda tu lealtad y seamos pareja pero necesitas despegarte y dejar de ser la niña perfecta, debes dejar de pensar, y conmigo lo harás—me dijo.
Le mire sin saber que decir, todo es demasiado complicado para que mentir, las cosas no eran tan sencillas, no era blanco y n***o, tenía a Martin, tenía a mis padres y personas por las que responder.
—¿Quieres que deje todas mis responsabilidades?—le pregunte.
Me miro.
—Si—me dijo sin dudarlo—Creo que estas atada a demasiadas cosas, ¿Por que no agarras y dejas todo y ya?—me pregunto.
—Porque no puedo—me queje.
Jamie me miro.
—No quieres hacerlo, tienes miedo—me dijo.
Le mire.
—No fastidies, irme a recorrer el mundo con un desconocido no es lo más seguro que haré—le dije.
Me miro.
—Quizás soy mejor como desconocido que tu novio como novio—me dijo.
Le mire.
—Las cosas son demasiado complicadas—le dije.
—No deberían serlo—me dijo.
Le mire.
—Me voy en dos días a Paris, tu decides si acompañarme o no, yo te abro una salida, solo tu puedes decidir que hacer—me dijo levantándose.
Le mire sin saber que decir o hacer.
—Quédate lo que necesites, si quieres puedes coger una habitación y comida, todo bajo mi cuenta—me dijo.
Le mire.
—Una ducha me vendría bien—comente.
Jamie me ofreció su mano.
Un escalofrió recorrió mi espalda, no estaba haciendo bien las cosas, me estaba acercando a Jamie y por mucho que Martin me dejara, él dijo que no debíamos mezclar sentimientos y yo lo estaba haciendo, sin mirar por él, estaba siendo una egoísta, debo parar, debo parar y hablar con Martin, debo dejar ir a Jamie, esto es una locura de adolescente y yo soy una adulta.
—Debo irme—dije.
No quería seguir llevándome por mis impulsos, quería pensar las cosas, debía ser responsable, lo que hiciera hoy marcaría mi vida de por vida, no quiero perder mi vida por un enfado tonto, no quiero arriesgarme por cosas que quizás no son. Jamie es un peligro en mis sentidos, debo alegarme.