—Solo recuérdame porque lo hago —pregunté con miedo. —Necesitamos algo para comer como merienda, o sino ambos dormiremos malhumorados y sabes bien que no es una buena idea. —Lo sé. No quería estar bajo su sumisión, la última vez terminé en el hospital y con la misma excusa de siempre, rodé por las escaleras porque estaba borracha, los doctores se habían acostumbrado a la misma excusa de siempre, Leo tenía una gran habilidad para convencerlos cuando se lo proponía. 1 hora después. —¿Qué piensas de su sabor? —me preguntó curioso sobre lo que diría. —Se nota la diferencia cuando una persona se cuida y cuando no. —Pienso igual, sus dedos fueron las partes que menos me gustaron. —¿Algún día comeremos comida normal como los demás? —No, tú decidiste esta vida cuando aceptaste ser mi espo

