¿Cuántas personas darían su vida en lugar de admitir que sus egos toman las decisiones por ellos? Muchas de ellas viven entre nosotros, y él era un caso especial. Me había enamorado de que decidió anteponer mis deseos sobre los de él. Era una reina antes sus ojos y no podía evitar que mi ego se elevara. —¿Te parece bien si dejamos el cuerpo en el río o quieres llevarlo a casa? —me preguntó con un brillo en sus ojos. —A casa, Tom. —Noto que tienes un apego irracional. —Conoces mi historia con él, me dolería en el alma permtir que su famlia se entere de su fallecimiento por las noticias. —Apego irracional —insistió. —Su familia siempre me trató bien, ellos no tienen la culpa de la atrocidad en la que se convirtió su hijo querido. —Me alegro que su relación haya finalizado. —¿Por eso

