Prendió camino de regreso a la cueva, una vez a salvo se recostó sobre las pieles cálidas sobre el suelo, el corazón le latía fuerte, no podía olvidar ese rostro, ni sus palabras ni su voz, temía por ser encontrada por él, el resto de la noche transcurrió y ella decidió descansar un poco. Sobre aquel hermoso reino el dia llego, era un hermoso amanecer, Suratt se encontraba rezando en aquel altar divino, realizaba una especie de ritual que lo ayudaba a manipular sus nuevos poderes, en cuanto termino, las luces de colores se marcharon, tras él aparecio Ógremon, abriendo las puertas blancas de cristal caminando hacia Suratt mientras el silencio del lugar hacia eco de sus voces. __Mi señor, los poderes del gran supremo no pudieron elegir mejor guardián que usted. Suratt se levanto del altar

