Frente a frente, los ojos de Helena brillaban en su azul más bello y claro, casi diáfanos, pero hermosos, Mau sostenía sus manos con cariño, y fervor, aun no se lo podía creer, ella y Mau se estaban casando, había sido un castigo esperar a que su vampira llegara casi impoluta y que con gracia hacia el templo, cuando la vio con aquel vestido blanco con tantas decoraciones, su corazón casi explotaba, esta noche, le haría el amor una diez veces, estaba tan hermosa con ese vestido, que casi no podía contenerse, sus manos estaban juntadas por un hilo rojo, casi roto, era una forma significativa de dar a entender que estaban unidos por el destino, cuando el sacerdote, —Quien era una bruja— diera la señal correspondiente, serian para siempre uno. El miraba de reojo. Sabía que las cosas no i
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