—¡Maldición! ¡No puede ser! ¿Uno como puede ser? Mi equipo y yo los exterminamos a todos, a todos. —Luego, los pensamientos invadían la mente del dragón. Puso sus manos en la cabeza y se aferró a su cabello, recordó entre imágenes bifurcadas antes de la maldición, antes de ser dragón, cuando aún era un capitán de la corte en el reino de un país frio sirviendo al príncipe Arthur. Mentalizo un poco y las imágenes se volvieron a colar en su mente, la última batalla que sostuvo con sus compañeros, en busca de uno de los últimos clanes de Nefelim, sus compañeros escudando los ataques con fuego, y los demás atacando en la vanguardia, Ganaron, pero cuando pensaron que todos habían sido exterminados, recordó que una mujer pudo escaparse con un descendiente, el demonio quien podía ser el padre

