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3140 Palabras
—Zack como vamos a hacer para esquivar el retén con tantos hombres en medio del camino. —Pregunto Sebastián en medio de una docena de hombres armados que iban a la hacienda de Zack, custodiada por Zorro Blanco, mientras que otras dos camionetas llenas de hombres seguían a la guía. —No te preocupes, déjaselo a tu hermano mayor—Zack se golpeó el pecho— he intenta mantenerte resguardado.  El Con algo de patanería dejaba a Sebastián con dudas en la cabeza. El giro su cien en dirección del chofer donde estaba su mejor trabajador Charlie. —Charlie, ¿el paquete que pedí, llego a tiempo? El hombre afirmo con la cabeza —¿Y Jhony? Charlie sonrió con malicia antes de responderle a su jefe. —El está… con el apoyo. —De eso no me dijiste nada. —Es un as bajo la manga. Zack no tenía claro que era ese as bajo la maga del cual hablaba Charlie, además Jonhy estaba desaparecido. —Jefe la el primer reten se ve a un kilómetro. Dijo con voz ronca. —Va a empezar la acción. Zack saco dos pistolas, de la guantera de la camioneta. A menos de trescientos metros la primera camioneta freno y los hombres se bajaron y apuntaron con sus armas al retén. La primera estación estaba conformada, por diez hombres con escopetas y revolver. Sebastián se bajó de la camioneta, buscando a su hermano entre el caos. La segunda camioneta que seguía con parsimonia a la guía. También se estaciono y los hombres siguiendo las órdenes exactas de zorro n***o,   empezaron a disparar. Sebastián sintió que alguien lo jalaba por detrás. Vio enseguida a quien le estaba jalando  y vio a su hermano. —Zack ahora que hacemos, todos los hombres de Fabián ahora van a venir a la puerta central. —Cálmate. Sígueme. Sin más palabreo un grupo de quince hombres, se empezaron a meter en la especiad de la hacienda, por los caminos de tierra. Mientras que los demás se quedaban al mando de Charlie conteniendo a los demás en el retén. Las fuerzas de Fabián estaban desplegadas también y enseguida los auxiliares que estaban en el retén pidieron refuerzos. El segundo puesto de vigilancia, mando de inmediato una camioneta llena de hombres, armados con escopetas. Mientras los balazos adornaban la noche. —Zack a donde vamos, los hombres están peleando allá. ¿A caso estas escapando? Zack no entendía a  donde iban esos hombres, si la lucha estaba en el retén. Como Zack se hizo el sordo Sebastián volvía a repetir una y otra vez la pregunta. La noche estaba oscura y los caminos de tierra en penumbras, pocos hombres seguían el ritmo de Zack. Aun en la cabeza de Sebastián estaba el drama de por qué estaban escapando de la escena. Por fin a dos kilómetros adentro de la hacienda. Donde ninguna cosa viva puede ser localizada entre tanta naturaleza y bosque. Un sonido extraño se dejó escuchar entre los árboles y arbustos. Sebastián estaba cansado por el trote rápido de Zack, pero acercándosele a él con toda la paciencia del mundo. —Hermano ¿porque estamos escapando? —No estamos escapando mira mejor. Zack con una lámpara de Queroseno señalo a un árbol. —Es un árbol Zack. Que intentas… ¿Porque ese árbol se está moviendo? Sebastián estaba a sombrado a menos de que los arboles tomaran vida, o que estuvieran en frente de una clase de embrujo, lo que sus ojos estaban viendo era imposible de creer. —Mira otra vez Sebastián, esta vez con más detenimiento. Haciendo caso a las palabras de su hermano, se acercó al árbol. Y un soplido de aire caliente tumbo su sombrero. —Son caballos. Exclamo sorprendido Sebastián. —Hay quince en total, uno para cada hombre. —Entonces no escapábamos. —Nunca Sebastián, tu hermano mayor no le tiene miedo a nada. —Zack alzo la voz— Hombres, tomen sus caballos y pongan dirección a mi hacienda. Con un austero grito, los hombres se excitaron y buscaron los caballos. El bosquecillo era tan espeso, que nadie se dio cuenta, del cabalgar de los jinetes. La hacienda de Zack era gigantesca y el mejor que nadie la conocía, así que era un punto a favor en la ardua guerra. —Vámonos hermano. Toma. Zack arrojo el sombrero de Sebastián a sus manos, y  este la o atrapo. —Hermano estas que molas. Dijo el aludido mientras se ponía el sombrero. Todos los hombres estaban ya montados en los caballos, y Zack dio la orden de mover la caballería a toda marcha. Él fue el guía y el primero a la cabeza del escuadrón. La situación estaba más caliente a cada momento, las tropas de refuerzo del retén, llegaron a donde estaba Charlie, pero ninguno de los dos bandos se rendía, sino que intercambiaban inmensurables balas. El campo de guerra, estaba adornado con fuego como el de Sodoma y Gomorra. A cada bando le faltaban hombres. Guerreros que ya habían caído. Y guerreros que aun seguían luchando. > Los pensamientos de Sebastián estaban condenados a su amada Michelle, dándolo todo por ella y queriendo verla una vez mas. La carretera se podía ver con algo de esfuerzo. Entonces Sebastián vio como dos camionetas pasaban por un lado de ellos, ignorando del todo la presencia de jinetes en los campitos. > Dijo Sebastián en su mente > Sebastián miro con admiración a su hermano, y aunque Zack estaba muy ocupado guiando a los hombres con agilidad por las malezas, mostrando el conocimiento exacto de sus tierras. Y mostrando una habilidad insuperable, para montar a caballo. Sabiendo el lugar de cada piedra, cada árbol, cada estanque, cada charco de lodo, cada pozo, rio o laguna, camino, sendero, cerca, establo, atajo, fuente, monte, escardilla y hasta la mas mínima molécula de polvo. Demostrando que era un hombre digno de ser llamado leyenda. > Dijo Sebastián entre susurros que nadie escucho. Zack saco el pequeño radio de frecuencia corta para comunicar con Charlie. —Charlie me copias. Soy Zack. … —¿Charlie me escuchas? —Si aquí Charlie —Se escuchó un disparo— los hombres están casi llegando a la hacienda, puedo ver las luces de la casa, mantelos distraídos un poco más. … —Echo jefe, cambio y fuera. La casa de Zack estaba enfrente de ellos, y lo único que los separaba era el jardín de flores, justamente donde estaba la lápida de Rosa. —Síganme hombres. Zack con voz dominante guio a los jinetes, quienes cambiaron la dirección de sus caballos, siguiendo a Zack por los matorrales del jardín central.                             Capítulo 57: El picnic  No me creía lo que estaba pasando, Felipe me invito a un picnic. Y aunque estaba todavía de luto porque Sebastián había… bueno en fin, quería divertirme, salir un rato y quitar el gris de mi vida, obviamente jamás olvidaría a mi hermoso leñador. Pero sabía que una salida no le vendría mal a mi cuerpo. Además las cosas desde hace un tiempo, se volvían un problema que casi era imposible de resolver, —cosa que aquí en la ciudad no pasaba— Ahora aprovecharía para pasar tiempo con el chico que antes me gustaba. Y que estaba como el queso. La cita era a las dos, y dude en decirle que sí, pero en la cafetería se le veía muy confiado, pensaba que las cosas podrían mejorar si me daba una oportunidad, cosa que estaba pasando ahora. La verdad algo de culpa invadió mi pecho la primera vez que escuche eso. Pero Sebastián no se enojaría por que hiciera mi vida, si el mismo me decía que  la hiciera con quien quisiera. Me puse delante del espejo y saque lo mejor que guardaba mi armario,  unas zapatillas de color n***o, casi que salidas de la fábrica. Mi blusa en forma de Top. Que cubría solo una parte de mi pecho y era de finos bordados, y en ella un color azul marino. Y unos jeans negros ajustados, con un pequeño gorrito francés que se complementaba con el n***o del jean. Me quede viendo al espejo con fijeza y melancolía, y me fue imposible no pensar en Sebastián. Seguro que con su sonrisa de niño encantador, me hubiera dicho que estaba linda, o hermosa u otro alago tonto que me hubiera puesto rojo. Pero pensando esas cosas, no me di cuenta de que una gota cayo de mi pómulo. Estaba llorando, pero en silencio, mientras miraba a mis propios ojos en el espejo. Que reflejaba mi dolor, que reflejaba con franqueza que entre tantos problemas estaba hecha polvo, y que la verdad no se podía ocultar, Yo amaba a ese leñador con todas mis fuerzas. Con parsimonia, quite las lágrimas de mis ojos y me termine de maquillar, no hacía falta rubor, el lloro me había dejado roja la cara. Ya se hacia la hora de llegar al parque, donde estaría esperando Felipe con la canasta llena de comida. —otra de las cosas por la que iba a la cita— y para no hacerlo esperar tanto me fui en el primer bus que paso por la parada de mi casa. El sol se estaba ocultando y desde la ventana del auto bus pude ver cómo, el día se estaba convirtiendo en noche, y si Felipe tendría otro plan aparte de hacer el picnic, iba a ser  truncado por el tiempo, tampoco era una niña para caer en su trampa. Finalmente el bus me dejo en el parque, pero este era grande así que debía buscar a Felipe, él me había mandado un mensaje y me dijo que estaría al lado de la estatua central del parque. Así que seguí el sendero para llegar al lugar. Camine viendo las palomas que se posaban en el estanque mientras la gente le tiraba pan, y viendo a un sinfín de aves que también volaban entre los árboles, cosa que me recordó al campo. Al cabo de tres minutos el sol ya casi se había ocultado, y yo no había encontrado a Felipe. Espere en la estatua como cinco minutos, hasta que escuche su voz. —Michelle estoy aquí —Dijo el alzando una mano de un lado a otro, a unos seis metros de distancia. Me voltee inmediato y fui a saludarle. —Vamos que se hace tarde. Dijo el sin que terminara de saludarlo y así me llevo a la grama del parquecillo, donde estuvimos conversando conmovedoras historias por un largo rato hasta que se dio lo más lindo de la noche, Un acalorado beso francés.                                       Capítulo 58: Despues de La Tormenta* Zack encamino a los agiles jinetes en dirección al jardín central, cosa que no le costó nada. Ahora estaban en formación para atacar la casa, solo faltaban las órdenes del Zorro n***o. en la casa habían tres guardias en la entrada, y cinco en las salas de estar. Y algunos más que los vino-culares del espía no encontraban. Sebastián estaba a un lado de Zack, asegurando el bienestar de su hermano. —¿Qué hacemos ahora? Susurro Sebastián al odio de Zack. —Esperar a que uno de ellos se descuide. De inmediato Zack le dio una señal a un hombre que estaba a un lado de él. El hombre era algo esbelto y tomo una piedra algo grande. —Ahora. Indico Zack El hombre tiro la piedra a una de los pozos pequeños que estaban en el patio y el chapoteo del agua produjo que uno de los guardias se acercara. Se acercó hasta el estanque, observo con atención a cada parte de la oscura de la maleza. el hombre se acercó un poco más cuando escucho a alguien merodear por los árboles.   El hombre metió la cabeza dentro de la maleza. y vio a otro hombre en ella, el guardia se sorprendió e intento sacar la cabeza y empuñar el arma que portaba. Pero el otro lo empujo para adentro, absorbiendo al guardia por la maleza, sin dejar un rastro alguno. —Avancen. Acompañado de una señal, Zack dio la directriz para hacer la redada a la hacienda. Siete hombre de primero, esa era la primera brigada, comandada por Zack. esa brigada se encargaría de los guardias. Atrás de ellos la segunda brigada comandada por Sebastián esperaba más órdenes. Los hombres se escabullían por las sombras cual espantos. Haciendo de las sombras sus aliadas, el silencio su padre, y la noche su cómplice. Los hombres avanzaron hasta la esquina de la pared,  todos esperaron a la señal del jefe, y cual ninjas se subieron al pequeño tejado del adorno. Cuidando de no ser descubiertos. Todos subieron al tejado sin problemas. Además iban en dirección del pequeño traga luz, por donde iban a entrar. Zack llego de primero al pequeño traga luz, y quito la tapa cuidadosamente. —Brincaremos de dos en dos, y nos pegaremos a la pared de inmediato.  Zack preparo a las parejas para saltar. Y dejo todo ordenado, después puso las piernas en el traga luz, y después de eso, El y uno de sus hombres entraron de primeros, Zack salto al pasillo que daba con la sala de la casa, y al poner los pies en el suelo, se pegó a la pared y miro para los dos lados antes se dar la señal al otro hombre que seguía detrás de él. Zack asintió con la cabeza, y el otro hombre salto también, cayó en el suelo y se pegó a la pared, sin hacer ni una sombra. Después la otra pareja se preparó, el primero cayó de espaldas al suelo y Zack corrió a ayudarle, lo levanto del piso y con el brazo le indico que fuera a la puerta de la sala, que estaba despejada. Como la brisa todos los hombres entraron a la casa, ninguno de ellos hizo ruido, ahora estaban en la sala y tomaron posesión de ella, no había señales de Zorro blanco. Dos hombres entraron armados a la sala, y la brigada se alarmo, entonces Zack ágil empuño la pistola con silenciador, y disparo a los hombres. En el acto los hombres cayeron estáticos al suelo. > pensó en el momento tan crucial. —Avancen a los dormitorios, busquen a zorro blanco  doy permiso de dar fuego cruzado, quien sea enemigo mátenlo. Vayan de dos en dos.  El silencio se quebró con el ultimátum del hacendado. Y cada hombre divago por los pasillos, avanzando en busca de Zorro blanco. … —¿Hermano me escuchas? El Radio de la segunda brigada empezó a sonar como una locomotora. —Aquí estoy hermano dime. Respondió Sebastián en el acto. … —Haz limpieza. Ninguna otra palabra se escuchó en el radio, pero eso le bastaba para encender el fuego del combate. —Hombres abran fuego cruzado. Toda la brigada en grito de guerra, salió de la maleza, eso asusto a los hombres de Zorro blanco quien estaban aturdidos por el ataque. Zack con uno de los hombres buscaba por los dormitorios a Fabián, esperando que estuviera con una mucama. Pero ya seis cuartos habían sido revisados y ninguno de ellos estaba habitado. Iba a el último cuarto donde estaba su habitación y entre su mirada se podía sentir el oído que tenía, por tanto rencor acumulado, los ojos del hacendados estaban rojos y con brotes de venas. Llegaron a la puerta de la habitación. Y antes de entrar al cuarto, dio la orden a su compañero para que lo cubriera. —Uno… Dos… Tres… Acto seguido Zack abrió con violencia y el hombre apunto a la cama, pero aun así no había nada. —No hay nadie jefe. —Demonios todos me dijeron que iba  estar, aquí no se pudo dar cuenta de que… Zack paro de hablar, cuando de repente una luz invadió toda la habitación. —¡Ja! Una voz se escuchó la casa. Zack entro en pánico. —Salgan todos de la casa. Rápido. Zack corrió a la salida de la casa. De la nada una fuerte explosión se escuchó, en el pueblo y un destello de fuego ilumino el cielo nocturno con parsimonia. Dejando a todos y a cada uno estáticos, desde los hombres armados en el retén hasta los pueblerinos que estaban en los bares. Muchos se alarmaron y pusieron marcha a la hacienda del Hacendado más Joven de la región para ver que estaba pasando.                           Capítulo 59: Sintiendo Culpa  Ahora no sabía que pensar, no me gustaba para nada sentir ese cosquilleo en la barriga —paro no decir respingo— cuando Felipe me tocaba. Era una mañana preciosa, mientras que mi posición fetal descubría el estado de ánimo en el que estaba, mis pantuflas estaban intactas en su lugar, pues ya eran las diez de la mañana y ni una vez me había levantado de la cama, mis problemas estaban cada vez más empinados. Los besos de Felipe no eran tan buenos como los que daba mi Sebas. Como loca me puse en pie y busque en mi gaveta el preciado reloj de mi leñador, que atesoraba como la mas preciado de mi joyería. Ni  diamantes ni rubís, me hacían sentir igual de feliz, cuando veía ese reloj algo sudado y con sucio en su lente, pero que guardaba todo mi sentimiento. Me volví a acostar en la cama, y puse el reloj enfrente de mi. Di un beso al reloj. Y con algo de  melancolía susurre: Perdón no quería traicionarte, porque sé que tu no lo harías. Una lagrima salió, o tal vez dos, en fin cuando estoy así ni yo misma se lo que soy. Eso fue todo lo que pude hacer ese día, hasta que cayó la noche  y me senté en la ventana a coger algo de brisa, la misma que me decía que todo había terminado funestamente. 
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