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3159 Palabras
Mi padre la noche anterior me consoló en las malas y pésimas noticias de Sebastián. Ya había despertado hace rato y lo único que me salía bien era mirar la esquina del cuarto, como si fuera un lingote de oro. Mi madre traía mucha comida para mí, la cama parecía ahora la mesa de comedor. Y Alejandra estaba con pedro animándome, si con el pedro que me intento violar una vez, pero no le traía rencor, o no podía hacerlo porque solo estaba esperando los dos últimos días para irnos del pueblecillo, guardando el mal recuerdo de la muerte de me amor Sebastián. Las horas pasaban rápido, y lo único en que me concentre para hacer algo era solo para ver la ventana sin ningún apuro. Recordado los momentos en los que él, se sentaba en el borde de la ventana, casi parecía que iba a caer. Cuando me contaba aquellas historias tan magnificas, en las que nunca creí que fueran reales, más la pasión con lo que las contaba hacia que fuera imposible no creérsela por un momento. Cuando el brillo de sus ojos se reflejaba con la luz, o cuando me sonreía con mucha sinceridad, cuando sus labios  besaban los míos —Una lagrima corrió por mi cachete— cuando él me decía que me quería. —Abrí el protector de la ventana y deje que el aire entrara y me pegara en la cara. Después sin miramientos me sentí en el borde de la ventana como lo hacia él— Cuando me llevo a las estrellas sin un cohete, cuando lo vi por primera vez. Podía escuchar que la brisa me traía un susurro y entre imaginaciones efímeras e inmensurables, pude escuchar a la voz de Sebastián diciendo: —Te quiero— Mientras que mi alma lloraba y botaba lágrimas. Sentada por la venta podía ver la venidera estación de Otoño y a los niños jugar por última vez, el ultimo ocaso rojizo de Verano. El sol acariciaba mi cara con sus últimos rayos de sol, mientras esperaba el crepúsculo de día. Para ver si podía ver a mi amado por última vez. Así pase igual los dos días siguientes. Esperando el momento en que pudiera ver a si fuera por un minuto a Sebastián, pero al final el tercer día llego y todos preparaban las maletas para regresar a la ciudad. Nunca me atreví a ir a la hacienda de Vicente, porque para ser verdad si lo hacía, iba a recordar a Sebas y rompería en lloros incontrolables. Al final me puse a preparar la maleta para regresar a la ciudad, volver a hacer mis rutinas de trabajo y estudio y volver a verle la cara a Felipe, que me iba a restregar sus hermosas vacaciones en las playas de Cape Cód., pero eso era lo que menos me importaba, lo único que estaba en mi cabeza era ese leñador  Así pase el resto de la noche preparando ropa. Doblándola y empacándola, atesorando el reloj dorado de mi amado. Pensando en que mis amigas iban a flipar cuando le contara, todo lo que había sucedido este verano, que me había dejado una dulce amargo sonrisa.                                               Capítulo 52: El Verano Aún No Ha Terminado…  *** Dos disparos se escucharon en una noche de luna menguante en la hacienda del hacienda mejor hacendado. —Sebastián… Zack en el acto fue al rescate de su hermano, quien había recibido dos balazos en la espalda. Zorro blanco estaba encima del cuerpo de Sebastián intentando dar el golpe de gracias al leñador, pero Zack rápidamente llego por detrás del susodicho y lo empujo con todas sus fuerzas al piso. La pistola que portaba Fabián fue arrojada por detrás de su cuerpo y cayo a dos metros de distancia de los dos hombres. Sin dar cuartel ni piedad, lanzo golpes al rostro de Fabián, estaba dispuesto a darle muerte con sus propios puños, no solo por haberlo intentado matar en ocasiones anteriores sino por su hermano. Los golpes estaban más que llenos de furia y cólera. Tanto así que Fabián ya se había rendido, pero él seguía con toda la potencia de sus puños. Fue entonces cuando entre jadeos de cansancio escucho la voz de su hermano, —No le mates— Escucho en un leve susurro, Zack miro rápidamente a donde estaba Sebastián tirado. Y volvió a mirar a Fabián. Las cosas no estaban bien para el zorro blanco, ya estaba en la ruina y casi muerto con la cara toda ensangrentada e hinchada. Zack dejo el odio de lado, y vio que su hermano estaba herido. Rápidamente llego a un lado de Sebastián para tratar la herida. Las balas habían impactado en la espalda, en la parte superior, casi en la clavícula izquierda. Y el otro un poco más abajo. Los hombres de zorro blanco también llegaban, estaban por todos lados, la verdad que ninguno quería morir ahí. Así que tomo a su hermano en hombros, y lo fue llevando por un camino algo apartado. Los hombres llegaban como manadas, y con algo de disimulo pudo esconderse entre la maleza de uno de los jardines, con eso desubico a los guardias, mientras cubría la herida de su hermano con un pañuelo, así paso toda la noche hasta llegar a una plantación de café, era una de las haciendas vecinas. Camino toda la noche y el cansancio estaba en sus pulmones. Y sus pies estaban al borde del colapso. Un pequeño rayo de luz estaba saliendo por la montaña del norte, entonces fue cuando dijo que ya estaba alejado de sus enemigos. Prefería no confiarse y mirar para los dos lados antes de que pudieran descansar. Charlie había perdió la conexión con Zack, en esta ocasión el hacendado más joven estaba solo. Mientras que su hermano estaba sangrando con una herida que seguro lo estaba matando lentamente.  Zack trato de cerrar la herida de su hermano, pero al agacharse para revisarla, las piernas le jugaron una mala pasada y cayo desmayado al piso. Sus ojos estaban mas que pesados, y no podía mantenerlos abiertos, mas en uno de sus últimos delirios pudo ver a un hombre, o tan siquiera una silueta masculina, caminando hacia él.                                             Capítulo 53: El Próximo Verano.  Con un dolor en el estómago Zack despertó alarmado, buscando a su hermano. Vio que estaba en una cama, y que estaba en un cuarto todo desordenado. Buscaba a Sebastián pero ninguna pista había de él.  Estaba angustiado pensando en el bienestar del su hermano, se levantó de la cama, pero un dolor le punzaba en el estómago. Se sentó en la cama como pudo, a la vez sentía que cada pierna le pesaba una tonelada porque no las podía mover ni un centímetro. La puerta del dormitorio estaba abierta, entonces Zack se dio cuenta que no estaba retenido por Fabián ni los habían capturado, pues tampoco estaban atados, y a estas alturas del partido, no los necesitaba vivos y menos con un levantamiento contra su orden. Al contrario de la situación Zack estaba vendado. Y con sus heridas tratadas. Al lado de la cama había una mesita de noche donde se encontraban varios medicamentos y una pomada, acompañada de una navaja y una vela. Zack sentía un dolor muy profundo en el hombro derecho, miro con lentitud la cabeza, como si tuviera una resaca después de haber ido a una fiesta. Y en su hombro se encontraba una inconfundible sutura. La herida había sido muy profunda, pensó que esa era la causa de su desmayo, y además la debilidad de esa noche. Trato de levantarse pero en ambos intentos fracaso, las piernas no podían soportar su peso. En el último intento de ponerse en pie apareció el dueño de la cabaña. —Cálmate Zack Fernández. Zack miro a quien le estaba hablando. —Rikardo, ¿pero cómo? —Si muchacho. Es algo malo que tenga a un vecino tan molesto como Fabian. —Pues yo no quise dejar mi hacienda en manos de ese bastardo. —Pero lo dejaste ganar terreno cuando te fuiste de viaje —Si no lo hacía me mataba a mí y a mi hermano… Sebastián… ¿Dónde está Sebastián Rikardo? El hombre se dio media vuelta y miro a otro cuarto, exactamente después del pasillo. —Está bien, pero cambiando de tema, no sabía que tenías familia. —No es tu problema —¡ja! Insolente, que mal agradecido eres. Zack miro su herida. —Gracias pero, no creo que  venga por caridad, ¿que te debo? —No soy tan avaricioso, como crees. Solo pido algo simple. —¿Qué es? Sabes que tendrás lo que quieras al instante, Charlie lo traerá. —No Zack, no es algo material. —Entonces que es. Rikardo se acercó a Zack y puso su mano derecha en el hombro del muchacho y se arrodillo. —Quiero que mates al bastardo de Zorro Blanco. —Rikardo un hombre tan estructurado y fuerte, además de frio y seco, estaba ahora inclinando la cabeza, llorando a torrenciales— Ellos mataron a mi hija. Zack recordó que él tenía una hija de como dieciséis años. —A Teresa El hombre asintió con la cabeza. —Y también la violaron. Agrego el hombre en descontrolado lloro. —Tranquilo Rikardo, dalo por hecho. Esos bastardos van a pagar por todas las que nos han hecho. Y así tenga que dar la vuelta al mundo, lo perseguiré para darle caza. Las palabras de Zack calmaron un poco al hombre. —Pero eso si Rikardo, necesito tu ayuda. Necesito hombres armas y una moto. —Todo en lo que pueda ayudarte lo hare. —Pero ahora llévame a ver a mi hermano. —Si vamos te ayudare a levantarte. El hombre se secó las lágrimas de la cara y puso a Zack en pie, con ayuda de sus hombros. —Otra cosa, y esto no se lo cuentes a mi hermano todavía.  —Si dime… afirmo Rikardo con integridad. —Llama a la casa de los Locksar y avisa que él y yo estamos muertos. —¿Porque? —Solo hazme caso, así nos vamos a ahorrar muchos problemas. Con buena rapidez Rikardo empezó a mover sus contactos buscando todo lo que estaba pidiendo Zack, y mando una carta con el reloj de Sebastián y una foto del mismo, con los balazos en la espalda, así confirmaban la credibilidad de la foto. Rikardo dejo a Zack en el mismo cuarto donde estaba descansando Sebastián y el hombre salió disparado a cumplir con lo que mandaba el hacendado. Zack con compasión vio como estaba descansando su hermano, veía como sus respiraciones estaban normales y se veía en su rostro que estaba bien descansado. Parecía que el sueño donde estaba era muy bonito, porque tenía una sonrisa en la cara. —Despierta, ya es tarde. Zack sin compasión le dio una bofetada a Sebastián. Sebastián estaba algo aturdido, y no sabía lo que pasaba, solo que alguien le había pegado. Pero con ímpetu veloz se puso en pie a pesar de las heridas. Y vio a su hermano, medio desnudo con una herida en el hombro. —Dime que ganamos. Dijo Sebastián. —No aun no, eso es lo que vamos a hacer de ahora para adelante. Zack con su puño apretado hasta el máximo de su capacidad, y con furia en los ojos, lanzo un guiño a Sebastián. —Hermano, estas que molas. Sebastián estaba emocionado. Zack solo rio con el comentario de su hermano menor.                 Capítulo 54: Descanso Pensando En Ti  El ocaso se pintaba en los largos rasca cielos de la ciudad, mientras que Michelle miraba por la ventanilla del auto con dirección al horizonte. Los canes estaban por toda la ciudad, corriendo con sus amos y dejándose desfilar por todas partes, Michelle pensó varias veces comprar un perrito y ponerle de nombre Sebastián, así recordaría todo el tiempo a su amor. En su cerebelo un solo dueño Sebastián, pero ahora no tenía tiempo para ponerse a pensar en su cautivadora sonrisa o en el brillo de sus ojos, o en su cuerpo perfecto de leñador. La universidad iba a empezar y ahora solo le quedaba organizar su rutina diaria. El suelo estaba húmedo, la primera tormenta de otoño ya había caído, después estaban los múltiples olores de Ron y cigarrillos, y una fuerte explosión a recuerdos corriendo por sus neuronas. Miraba a sus brazos, mirando el reloj dorado de Sebastián, lo único que le había quedado de el. Acariciando el metal frio, una y otra vez sin descanso. Michelle y sus padres llegaron a la ciudad, y fueron a su departamento con toda la rapidez después de haber dejado a Pedro y Alejandra en sus respectivas casas. Al final había sido una jornada dura, y muchas emociones habían nacido, pero la única que sobrepasaba a las demás era el sentimiento de dolor y la melancolía que crecía como la llama de un fogón ardiente. Michelle estaba acabada, para que se lo iba a negar si las únicas palabras que pronunció en todo el viaje de regreso fueron “Si” y “Tal vez” cosa que era rara en ella, porque eran las únicas palabras que nunca mencionaba seguidamente. Pedro estaba con una sonrisa de punta a punta, según él había completado el negocio de su vida. Cosa que le importo poco a Michelle. Y su madre estaba contenta con la noticia también. Michelle al llegar a la casa y entrar a la sala del amplio departamento con vista al parque central de la ciudad, se fue directa a la cama, todo estaba como lo había dejado, ni una cosa más ni una menos. Y las cortinas estaban entrecerradas, mas dejaban pasar un pequeño rayo de luz en dirección a la cama. Ella soltó las maletas y se paró delante de la cama, después dejo caer su cuerpo y la cama la atajo, para ella volver a tener una cama decente, fue como estar en el paraíso, y dormir en las mismas nubes. El pequeño rayo de luz tenue, daba consuelo, mientras miraba los últimos rayos de sol del día, mientras pensaba en el pueblo y en todos.  Pero como cosa del destino, el pasado hizo cansar la mente de Michelle y no paso mucho antes de que se quedara dormida, con las manos en la cabeza y el cabello desordenado, además de un leve rubor en los pómulos. Dándose un merecido descanso, tanto que se olvidó quitar las zapatillas. Pero en un largo tiempo, ella por fin podía descansar, como es debido. Capítulo 55: Empieza De Nuevo La Universidad  Las clases empezaban con la brisa del mes de octubre, un frio invadió la ciudad, y ahora éramos incapaces de salir a la calle sin un abrigo. Por otra parte mis clases empezaban a las ocho de la mañana, ya estaba vestida pero con un temor en el pecho. Mis amigos de la universidad iban a estar presumiendo como habían ido a Cape Cop, mientras que yo iba a contar como me disloque la pierna y entre balas y explosiones conocí a un hacendado sexy, que se estaba muriendo por mí, y al leñador más bello del mundo: Mi Sebastián. A lo mejor, ninguna de mis compañeras iba a creer eso, pero me daba igual yo guardaba el luto de mi amado, con el n***o de mi vestimenta, aunque contara mil veces con toda la sinceridad del mundo, nadie me iba a creer que estuve en medio de una guerra de hacendados y tuve un amor de película. Nadie lo iba a creer, pero me daba completamente igual, porque lo que más me gustaba —y  era algo bueno después de tanta desgracia— es que había empezado mi rutina normal cada día. Ya las balas de escopeta y los lindos atardeceres pintados de rojo, se alejaban de mí. Tras haber desayunado, me puse en marcha a la universidad, esta vez no tomaría el coche me fui bus, Salí de mi casa después de haberme despedido de mi madre, y mi padre estaba asunte, salió a hacer un trabajo, así mismo me lo dijo mama. Después de eso, camine una cuadra hasta llegar a la parada del autobús. Ya eran las siete con cuarenta y cinco minutos, iba retardada, iba a llegar tarde, porque el bus se iba a tardar mínimo veinte minutos en llegar. Ya empezaba en la ciudad con mal pie, pero seguí adelante, mientras pensaba en Sebastián. Y ¿Que pensaba? Pensaba simplemente que, era de lo más bonito que si estuviera vivo, seguirá detrás de mí, y me acompañaría hasta la universidad, que si era necesario, me acompañaría en clases, aunque estuviera todo el día sentada en los pupitres. Que tal vez hubiera dejado a su hacienda, para seguirme a esta selva de concreto y que encima me iba a llevar a cape Cop. Llegue a la universidad con diez minutos de atraso. Y encima la clase había empezado, me daba demasiada pena entrar e interrumpir la clase, así que me quede afuera del salón, caminando por los pasillos. Me senté en una banquita al lado de las escaleras mientras esperaba a que mis compañeros salieran de clases. Aún faltaba más de cuarenta y cinco minutos, así que me puse los audífonos rojos que siempre tengo y me sumergí en la música. Después de escuchar algunas canciones sentí que alguien me estaba tocando el hombro, así que me quite los audífonos y con mi mirada más austera le apunte a los ojos. Pero para mi sorpresa tuve que disculparme, porque el que estaba detrás mío, era nada más y nada menos que Felipe. De inmediato quite esa mirada frívola y me levante de la banca. —Ay Felipe ¿Cómo estás? —Agregue con indulgencia— no sabía que eres tu yo pensaba… —No importa no me tienes que dar explicaciones. —Hay estaba esa voz ronca que tanto me gustaba. —No fuiste a Cape Cop ¿Que sucedió? —Es que tuve algunos problemas. Su piel estaba quemada hasta la medula, estaba claro que había ido a la playa y que encima me busco, no le pude dar mejor explicación que decirle que se me presentaron algunos problemas, cosa que me fue algo necesario para escaparme de la situación. —¿No tienes clases? El no estaba en la misma carrera que yo, al final lo había conocido por Alejandra. Mire mi reloj en busca de la respuesta. —Me quedan treinta y cinco minutos. ¿Porque? —Conversemos Michelle, vamos a la cafetería te invito un café. El hombre se dio la vuelta y empezó a bajar las escaleras lentamente, dejando ver su espalda marcada, aun cuando tenía una camiseta holgada a su cuerpo. yo me quede como una tonta mirando, mientras asentí con la cabeza, y empezaba a bajar las escaleras en dirección a la cafetería.                    
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