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4347 Palabras
  Dos horas después llego el inconfundible rugido de la moto de Zack, y Sebastián se levantó del sofá y abrió la puerta. —Hola hermano. Zack entro con gran emoción a la casa. —Hermano tengo buenas noticias. —¿Cuáles son? Preguntaba Sebastián con esperanzas. —Mariana ya me dio permiso de ir a recuperar mi hacienda. ¿y tú? Sebastián se rasco la cabeza un par de veces. —No se lo he dicho. Musito bajito.  —Pues debe decírselo, porque en tres noches iremos a cazar a Zorro blanco. —Lo hare cuando despierte. Tengo algo que contarte. Zack se sentó en el sofá, y Sebastián explico todo lo que había sucedido en l dia, y lo que le había dicho Vicente, Zack alucinaba, no podía creer que su padre le había dejado una pista de que estaba con ellos, —en el caso de Sebastián— eso era sorprendente, estaba convencido de que esto elevaba los ánimos de su hermano, cosa necesaria para la jornada que iban a emprender. Pero Zack estaba ausente, pensaba  en Mariana convencido en que podía ser que murieran en su aventura crucial, pensaba en ella a cada momento, sabiendo que ella  sentía los mismo por él, era difícil de comprender, el amor le llegaba otra vez en diecisiete años, y ahora debía perderlo, o tan siquiera hacerse la ilusión de que si Dios los ayudaba en su causa, la volvería a ver. Pero estaba rezagado, no quería perder a alguien que se parecía a Rosa, o tan siquiera un poco. Zack había sido golpeado por el amor, jurando que nunca se iba  a enamorar porque, quien estaba cerca de él, solo le esperaba la desgracia. Y ahora tenía la prueba de eso, ya que el destino jugaba otra mala pasada, que no solo afectaba a él, sino también a su hermano, al ser que portaba su misma sangre, y debía arriesgarlo para recuperar sus bienes y la tierra que guardaba el recuerdo de Rosa. Sebastián por su parte mostraba las miles de emociones al ver a su querida Michelle. La sonrisa de la cara de la chica, era el motor y combustible del chico, no quedaban dudas que los múltiples exhalos de melancolía eran generados por el mismo sentimiento que juro que no sentiría más. El miedo. Ahora él tenía miedo de perder lo que había conseguido, no era el mudarse de ciudad, o que el verano iba a terminar y Michelle regresaría a la capital. No nada de eso, lo que más temía era no poder ver esa sonrisa tan bella, que iba a una guerra letal, no quería soñar la vida que iban a tener si no hacerla realidad. El futuro del chico estaba palpado, con una cuna o tal vez dos. Bebes jugando en sus tierras labradas, y las miles de noches fría acompañada por una mujer y un libro al lado de una chimenea bebiendo chocolate. Simplemente quería ser una víctima más del amor y quería que la ilusión del “felices para siempre” dejara de ser solo en los cuentos de hadas. —Tengo que esperar a que llegue el momento de decírselo hermano. —Pero que no pase de estas dos noches, Charlie nos ayudara en todo lo que pueda. —¿Pero cómo evadimos su seguridad? —Hermano, —Zack se levantó del sofá— Hermanito, cuando tu vienes yo ya he ido más de mil veces, es mi puta hacienda se hasta la última piedra que hay en esa tierra. Sebastián estaba impresionado con la actitud de su hermano. * Desperté del sueño en donde estaba, Sebastián me había dejado seca. El cuarto estaba vacío y era de noche, lo más probable es que Sebastián estuviera con Zack. Abrí la puerta lentamente procurando de no hacer ruido para ver si estaban hablando de alguna mujer —ya saben cómo son los hombres— … —Sabes que se lo tengo que decir, no me dejas otra opción, pero deme hasta mañana, no creo que se lo tome de buena manera … —Que por que no se lo he dicho, es fácil porque no quiero partirle el corazón. > pensaba mientras escuchaba atenta a los hombres. —Está bien se lo diré mañana Zack, pero asegúrame que no vamos a morir > Por error jale la perilla de la puerta y caí al suelo de la sala, ellos me vieron salir de la habitación y detuvieron. —Me voy —Dijo Zack levantándose del sofá— Tienes cosas que hablar con ella. —Nos vemos mañana hermano. Yo solo me sobaba la cabeza, donde creo que me hice un chichote y vi como el hacendado se iba y Sebastián iba ayudarme a levantar —¿Estas bien? Yo me levante como pude. —¿Zack que es eso de que vas a morir? —MMM como te lo explico —Explicándomelo y tienes un minuto para hacerlo —No te pongas así es que. —¿Qué me estas ocultando? Él se calló un momento. Con el silencio afirme algo peor que los cuernos. Él estaba metido en algo grande. —Yo… A Sebastián le costaba hablarme, y cuando lo hacía buscando  las palabras simplemente no le salían las vocales para entonar una palabra. Entonces yo también reflexione no podía ser la chica tan descorazonada de exigirle una verdad que debía ser dura para él, no era algo simple, así que lo agarre por las manos. Y le di consuelo, y le ayude a sacar aquellas palabras que mi cuerpo necesitaba. —Dime que es lo que está pasando. —Te amo Michelle. —Yo también lo hago Sebastián. Pero dime ¿Qué es lo que pasa? Zack no encontraba las palabras. —Michelle tengo que decirte toda la verdad, yo, no espera,  mi hermano y yo vamos a volver al pueblo, y tenemos una alta posibilidad de morir. —¿Por qué? ¿Dime porque dices eso? Mi angustia crecía con cada minuto de silencio. —Zorro blanco es la causa por la cual salimos disparados del pueblo, nos estaba buscando para matarnos, y ahora nuestras haciendas están en sus manos, y tenemos que recuperar el legado de mi padre. Pero ahí un alto riesgo de morir. O mejor dicho que nos maten. Que le podía decir, él estaba afligido y como no, lo único que le había dejado su padre estaba en manos de su enemigo, sé que soy algo intrépida pero tampoco soy tan despiadada como para negarle el único derecho que tiene, sus tierras. Además el brillo de sus ojos era tan bonito que me siento incapaz como para decirle que no, negarlo sería falacia, y me condenaría a ganarme su desprecio o tan siquiera su dolor, pero tampoco quiero perderlo. Con todo el dolor del mundo y con toda la angustia de mi vida acumulada para un solo momento y dejando mis sentimientos a un lado afirme con la cabeza. —Ve y recupera lo que es tuyo, pero… Prométeme que no vas  a morir, que no me vas a hacer llorar viéndote en un ataúd, ve y recupera tu honor y volvamos juntos a casa. Entrelace mis dedos con los de él, mientras nos abrazábamos  con una pasión incontrolable que desprendía la atmosfera de amor. —Gracias amada mía, gracias cariño, reza a dios por mí, y yo voy a hacer lo posible para mantenerme vivo. Yo ya sabía que esta era mi carta de despedida, ahora solo debía pedirle al cielo que mi querido Sebastián no muriera, quería ser fuerte pero no pude, mis lágrimas brotaron de mis ojos y puse mis manos en el pecho de él. Sebastián también me mostro el más puro de su cariño, me dio su calor y acaricio mi pelo suavemente como si fuera un padre protector cuidando a su hija, me recordó aquellos momentos de primaria  en donde mi padre me consolaba cuando me caía. Estábamos cansados al borde del colapso, pensé que el día era interminable, pero la noche estaba fría y la cama nos llamaba a ambos, no para hacer cosas  lujuriosas, sino para descansar después de un día tan largo, pero en toda la noche se fundió de un color de pasión, mientras un abrazo perenne buscaba las maneras de parar el tiempo efímero antes de que el caballero abandonara a su princesa para ir a batallar su última guerra.                   Capítulo 49: Llegará el Otoño    Un mal sabor de boca me quedaba, ahora mi amado Sebastián iba a partir rumbo a las peligrosas zonas de las montañas del norte, dos días habían pasado ya desde eso, desde que me dijo que se iba a jugar la vida por el legado de su padre y la hacienda de su hermano y ahora lo que veía era solo su espalda marcada llenando la motocicleta de cosas. No podía hacer nada más que quedarme rezando a que el regresara con vida y que me regresa a mi hogar. Pensando con un cigarrillo en la mano, llegue a la reflexión de  que si no fuera por su ayuda hace tres meses hubiera muerto y tras la tragedia nació el amor. Una cólera estaba pasando por mi cabeza y sabía que los días venideros iban a ser más que interminables, con la angustia en el pecho y las miles de imaginaciones de las cosas que pudieran Salir mal. Por una vez maldije a mi centrada cabeza, la única versatilidad que tenía mi mente, retener información sin dilatarla, y aun creo que puedo repetir las palabras exactas que él dijo hace dos noches. Pero tampoco quería ser un perico repitiendo el asunto una y otra vez, ya su decisión estaba fijada. Iba a ir sí o sí. Cuando termino de subir las cosas que necesitaba a la moto se paró en frente de mí. Yo le ignoraba porque estaba pensando en miles de tonterías inútiles que dopaban mi cabeza, como si fuera una cortina de humo. —Deja de hacerte imaginaciones —Dijo el con voz ronca— Escúchame. Sin permiso tomo mi mentón y lo elevo hasta que nuestros ojos quedaron conectados. —No voy a morir tan fácilmente, pero tienes que prometerme algo también… Yo dudaba en que iba a decir, me iba a poner a esperarlo sabiendo aun que podía morir, no me iba a cansar de llorar si eso pasara pero tampoco le iba a esperar toda la vida, si algo malo pasaba guardaría el recuerdo en mi corazón. Pero continuaría mi vida en la ciudad teniendo malos recuerdos del campo, de este campo que esta arado y aliñado, donde se respira aire puro y húmedo, con nueves que tapan el sol y vegetación de un mundo de fantasía. —Cuando vuelva, nos iremos de vacaciones a Cape Cop, y comeremos todo lo que tú quieras hasta que tu barriga reviente. Big bag eso fue lo que hizo mi mente mientras veía el reflejo del beso que me dejo estática, mientras él tomaba control de mi boca. No sabía si comprender el sabor de su lengua o si pensar en las miles de neuronas que hicieron conexión y se elevaron hasta crear una reacción de respingos, ¿Qué paso? nunca me había ocurrido eso, las emociones estaban más que fundidas. Mientras sentía un calor extraño en el pecho. Ya me había enamorado en el pasado, ¿Pero qué pasaba ahora? Que era ese sentimiento, de dolor pero con emoción en el pecho, que le ocurría a mis sentidos, todos habían quedado estupefactos, hasta el momento en el que el saco la lengua de mi boca y se retiraba poco a poco de mi cuerpo dándome leves caricias de amor. Zack llego en su moto acto seguido, y le dio una señal a Sebastián, él no se atrevió a pasar a la casa. Pero cargaba la cara algo roja y con los ojos llorosos, seguro que había llorado con Mariana, la última carta para mi amado estaba por ser entregada, y cual princesa en mi castillo, solo esperaba que la providencia me ayudara y escuchara mis plegarias, únicamente que el hombre de cabello claro, regresara con vida y me hiciera feliz. Mis lloros fueros unánimes, no quería dejar ir a Sebastián, primero agarre su cuerpo con tanta fuerza, que me dolieron los brazos. Después lo abrace, como nunca había abrazo a alguien y rompí la sólida barrera de coraje que estaba manteniendo. —Michelle. —Menciono mi nombre con su voz quebradiza— Yo quiero que sepas… Quiero que sepas algo…. Antes de que tu vinieras a este pueblo, todo lo veía aburrido. Todo lo era aburrido para mí, cada paso que daba un escombro me encontraba, cada paso que daba era destruido, y yo por mi pereza no pensaba en reconstruir lo que la vida me había quitado Mis padres— hizo hincapié en la Padres— Pensaba que la vida era un viaje sin destino, que un día nacemos, nos enamoramos y morimos. Pero… algo en ti me dijo que eso era algo equivocado —Me puso la mano derecha en mi cabello— Miraba a la luna, pensando que estaba solo en este mundo. Pensaba que no me iba a enamorar nunca más, y que la vida en soledad era lo que abrigaba mi alma. —Pude ver sus ojos, y estaban llorosos— Espero volver con vida, pero si no… Si no logro volver, solo… vive con mi recuerdo, y piensa que todo lo que sentí por ti, fue real y que si pudiera revivir otra vez, quisiera encontrarme contigo.  Y tampoco quiero que pienses que estoy diciendo que te quedes esperando a un muerto, sino que me recuerdes, porque no moriré si estoy en tu corazón, y si estoy en tus recuerdos, porque un hombre no muere, si no es olvidado. Mis ojos estaban derramando lágrimas por montón, y Sebastián también dejo escapar algunas lágrimas. —Tu amor es y será siempre real Sebastián te amo —Yo también lo hago, chica de cabello castaño. Loca conductora. No sabía si reír o llorar, pero después de ese pequeño Edén en el colapso del infierno, Sebastián salió de la casa, no pude contenerme y yo también lo seguía  afuera. Otro abrazo acompañado de otro beso. —Ya déjame ir, hare todo lo posible para volver. Dijo el con algo de melancolía. Yo no quería y mis lágrimas se incrementaron, no perdón, rompí en lloro, mis llantos estaban tan altos, que se igualaban a los sollozos de dolor de una madre al perder a su hijo. El subió a la moto, con lágrimas en la mejilla. Yo agarre el volante de la moto, y el tratando de quitar mis manos de su manubrio, tomo mi brazo y lo acaricio lentamente, hasta llegar a mis manos, me deje llevar por las caricias, y entre lazando mis manos con las de él, por un leve momento de seguridad, volví a recordar lo doloroso que podían ser los amores. Lo inevitable era que se fuera, y saco sus manos de las mías, encendió la moto, mi dolor era grandísimo y con cada rugido de ese potente motor, sentía como si mi corazón se fuera a quebrar en mil pedazos, mesclado con un sentimiento de calor, que presionaba mi pecho, con un nudo en la garganta, que me impedía decir una sola palabra, dejándome ver ese elegante sentimiento de tragedia.  Al final me dio la espalda,  y la moto se fue alejando poco a poco, mientras veía la providencia volverse tierra, viendo ese último destello de sol, acompañado de la espalda de aquel hombre, que había amado como a ninguno. Esa silueta poco a poco se fue alejando, en dirección al sol, y con un destello lampo, en un segundo deje de verlos. Me senté en la puerta de la casa, esperando que las cosas pasaran, rezando a dios cada momento, cada suspiro tenia protagonista, era Sebastián, hace un minuto que se había ido y ya lo pensaba, tal vez esperar iba a ser mi merecida tortura. Tome una taza de café para calmarme, viendo como el paisaje despejado se convertían en nubarrones negros, con pronósticos de lluvia y lágrimas.                       Capítulo 50: Una carta  La primera noche no podía dejar de llorar, me puse en posición fetal, estaba ausente pensando en que Sebastián, apretaba los ojos fuertemente para obligar a mi cuerpo a quedarse dormido. Pero al final falle incontables veces. Las palabras de mi boca giraban en torno a una sola cosa, El chico de cabello claro. la media noches estaba acompañada de un fuerte torrencial de lluvias, un aguacero cayo en el pueblecito, estaba esperando a que la mañana llegara lo más rápido, que los días pasaran como segundos para volverlo a ver, con ese pensamiento errante, mi mente cansada pudo quedarse dormida, pero no sé cuándo perdí la conciencia exactamente. Solo recuerdo que cerré los ojos y me quede dormida. La mañana siguiente estaba llena de energía, el sol había salido, y muy temprano me dispuse a ir a ver a Mariana, Zack me lo pidió muchas veces, y aunque no nos conocíamos de pies a cabezas o como yo conocía  a Alejandra, pero no podía dejarla sola, además ocupaba mi mente con oficios para no hacerme ideas locas acerca del bien de Sebastián. Baje rápidamente de la pequeña colina donde estaba la casita y con un vestido corto y un lazo en el pelo, me dispuse a poner inicio a un día de labranza en la panadería de Mariana. Por momentos volvía a tener pensamientos de Sebastián y las preguntas no hacían falta en el menú. Pero me decidí ponerme rígida, Camine más rápido la carretera hasta llegar a los inicios del pueblo, pase por la capilla de la plaza y después llegue a la pequeña ruta, el pueblecillo estaba algo callado, la mayoría de la gente estaba en el campo trabajando aquella bella tierra. Llegue con retardo a la panadería de Mariana, cuando llegue la vi con unas bandejas llenas de pan en la mano. Yo la salude con un beso en la mejilla, después de eso, me puse ágil en la tienda, agarre las bandejas por un lado y las ayude a transportarlas a la cocina donde estaba un grupo de muchachas cocinando y amasando harina. Me puse al lado de una de las chicas esta era alta y de cabello claro, tenía ojos marrones, tan marrones como el café y encima una piel blanca muy llamativa. Se llamaba Jessy ella se encargaba de mantener el horno de barro encendido y el de gas a punto de cocción, la otra chica se llamaba Verónica, ella era de cabello n***o, y ojos azules, su piel era quemada. Con grandes pechos y un cuerpo muy esbelto y delineado. Ella se encargaba de la harina y de amasar la misma, nunca pensé que una chica tan linda ocupara un trabajo tan rudo, en la ciudad la mayoría de mujeres trabajaba en tiendas, como recepcionistas. Mariana entraba y Salía con todas las bandejas de pan que podía, intente prestar mi ayuda, pero en todas las ocasiones la chica se negó. Yo tampoco quería quedarme sin hacer nada, más en aquel escenario tan ajetreado, entonces hice a Verónica una seña para que me diera algo de espacio y me dejara ayudarle, con ella no tuve ningún problema y hasta me dijo que le agradaba mi compañía. Amasamos harina hasta que se nos cansaron los brazos y más que un trabajo parecía una competencia. —Y créanme cuando les digo que la chica era una gran amasadora de haría, a pesar de que el cuerpo de la susodicha, era tan delicada como el de una actriz— después de tres horas casi interminables, mariana entro y dijo: —Terminamos por hoy. —¡Uf! Qué bueno porque mis brazos están casi… —No lo digas que sabes que es duro Verónica. Marina interrumpió a verónica y después le echo una mirada algo fea. Yo estaba esperando las órdenes de Mariana, pero ella estaba distraída en las especies para sus panes. Me le acerque con disimulo mientras ella escribía en un pequeño cuadernillo. —¿Te ayudo en algo mariana? Dije con buena voluntad. —No tranquila solo estoy haciendo algunas cosillas, puedes irte si quieres, se que vives lejos. —¿Pero y tú? —Tranquila yo me voy más tarde y quiero estar un poco más aquí… —¿Piensas en Zack verdad? Ella no me contesto entonces arregle la situación rápidamente. —Porque yo pienso mucho en Sebastián. Es normal, pero recemos a Dios para que no les pase nada. —Ojala. Yo lo quiero mucho.  A Zack. —Yo también. Dije sin pensar Ella me miro con una cara dubitativa. —Quiero decir que yo también quiero mucho a mi Sebastián. Ella se calmó más, me dio órdenes de que me retirara. Que fuera a mi casa, pero yo quería quedarme un rato más en la panadería, para distraerme porque en este mismo instante mi novio y su hermano, estaban esquivando balas de sus enemigos. Ayude a Mariana hasta a bajar la cerradura, del portón elevadizo de la panadería, y después la acompañe hasta su casa, siempre conversando de las locuras de nuestros hombres. Todo el camino paso con los nombres Zack y Sebas en la lengua. en una casita de buena fachada, Mariana se despidió de mí, y cruzo una esquina, a mí solo me faltaba subir la empinada colina para llegar a la casita de veraneo. La carretera estaba oscura y algo de miedo se me metió en el cerebro. Pensaba en las miles de posibilidades de que un fantasma apareciera y me diera un susto. Todo el recorrido la pase con un “Padre Nuestro” en la boca. No hay ni una luz que iluminara las calles. Entonces miles de animales empezaron a hacer ruidos, el primero un búho, ese sonido era tan espeluznante, tanto que cuando lo escuche brinque del miedo. Luego los grillos estaban como una banda de rock en peno concierto. Y el resto de ramas crujiendo y cosas moviéndose por todos los lados y de árbol a árbol, crearon un ilusión, y esa ilusión estaba completamente centrada en un set de grabación para películas de terror. Para colmo una brisa me levantaba el borde de mi vestido  el frio emparamaba mis brazos y hombros. Sufrí varios respingos hasta el borde de llegar a temblar. Pase rápidamente esa pequeña colina para llegar a la comodidad de la casa, donde comería pan a montón con una jarra de chocolate caliente mientras encendía la chimenea. Apure el paso a todo lo que daban mis piernas, aproveche la luna que me ayudo a caminar la ultima parte de camino.  Ilumino el camino real, mientras pasaba por sobre todas las rocas. Cual caperucita roja. Entonces vi la casa, y sonreí porque ya había llegado a mi hogar, pero la sonrisa no duro muchos, tras dar dos pasos, pude observar mejor, y la luz de la cabaña estaba encendida, y en ellas una sombra sentada en la sala. Me puse alerta y con algo de astucia llegue a la casa sin que el hombre se diera cuenta de que estaba allí, la puerta delantera estaba abierta y no tenían cuidado en cerrarla, dejando ver la sala de la casa. Entonces me puse a un lado de la puerta, cuidando de que no me vieran ponerme en ese sitio, y vi a mi padre sentado en el sofá. > pensé alarmada. Ahora venía una batalla más, para la familia. Entre con gallardía y lo mire a los ojos, el vestía unos pantalones vaqueros y una camisa azul de ocasión formal. —Hola hija ¿cuánto tiempo? Decía mientras tomaba una copa de vino y fumaba un puro. —¿Qué haces aquí? —Vine a buscarte hija. —No quiero ir contigo. —No es una petición es una orden. —No te voy a obedecer. Esperare a Sebastián aquí, hice una promesa. Y pienso cumplirla. Dije alzando los hombros en orgullo un par de veces. —Con que el vaquerito era el problema. Pues debes saber que tengo malas noticias. —Mi padre saco un sobre de su camisa— tienes que ver algo. Mi padre arrojo el sobre a la mesita de la sala de estar. Yo rápidamente baje la canasta de pan, y cogí el sobre rápidamente. Dentro del sobre, había un papel de color blanco >pensé mientras lo sacaba con los dedos. Abrí el papel y empecé a leer.   Estimados familiares de Sebastián Alejandro Fernández Lugo. Se le comunica con todo el dolor del alma que su pariente ha Fallecido a las horas de las seis de la tarde, del día sábado 27 de agosto del año en vigencia. Causa de la muerte: Actos vandálicos Le comunica: La morgue Gracias    > pensaba inerte. > pude ver el reflejo de una lagrima caer al piso. Mi pecho se sentía caliente y presionado como si le faltara el aire. > Mis manos empezaron a temblar drásticamente. >  como pude saque lo que quedaba del sobre, el reloj de Sebastián y una foto, donde estaba el tirado en el piso con múltiples huecos en la espalda. Solo basto echar un corto vistazo a la para caer en un lloro gigantesco, en el cual, estaba más que convencida que era él. Las lágrimas corrieron como un torrente, mientras podía ver como mi padre salía de la habitación. Tome su foto y su reloj y me lo lleve al pecho, como dándole un abrazo. Un grito desconsolado de sollozos salió de mi boca como truenos en una tormenta. Gritando entre desgracias el nombre de mi amado —Sebastián— Y muchas lágrimas salieron de mis ojos esa noche.
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