Zack corría con brutalidad entre las flores, se acercó lo más que pudo a los caballos y cuando estaba en el rango, lanzo la navaja.
El primer jinete cayó al piso, la navaja había sido ensartada en el pecho del jinete. El caballo se desboco y salió por la llanura descontrolado. El otro jinete se acercó con su caballo, pero Zack en un acto maquiavélico, tomo las riendas del caballo y se subió a el potro sin dificultad, tumbando al otro jinete.
Uno estaba agonizando y el otro aturdido, era más que suficiente para escapar. Antes de irse fue buscar su navaja, el hombre estaba agonizando, Zack saco su lado malvado, y enterró un poco la navaja en el pecho del jinete.
—Bastardo— Dijo Zack carcajeándose
Después con todas sus fuerzas y sin ningún cuidado saco la navaja del pecho del hombre.
—Esto es mío.
Zack mientras desarmaba al hombre, no se dio cuenta, de que el otro jinete le apuntaba con la escopeta por la espalda, hasta que un eco de disparo lo saco de la ignorancia…
Zack abrió los ojos después de haber escuchado el disparo, y sintió el cuerpo de Rosa en su espalda. De inmediato dio vuelta a su cuerpo.
—Rosa… dijo el con los ojos casi afuera de sus cuencas.
—Zack… yo… —Tosió fuertemente y boto algo de sangre por la boca— Te quiero… Rosa subió la mano lentamente,
Zack la agarro y entrelazo los dedos con los suyos.
—No espera, no cierres los ojos. —Rosa sutilmente acaricio la barbilla con los dedos —Rosa mira lo que te tengo —Dijo Zack con la voz algo quebradiza, y busco el collar entre sus bolsillos— Mira…—Mostro el collar con una sonrisa.
—Gracias Zack… con una sonrisa sincera Rosa le dio un ósculo en el cachete a Zack y con sus fuerzas tan frágiles como las alas de una mariposa, abrazo al chico.
—No pero espera te lo tienes que poner…
—Zack hay algo que quiero decir antes de morir…
—No digas eso no vas a…
—Yo —Rosa volvió a toser— soy… diez años mayor que tu…
—Y eso que importa rosa, debes conservar la calma te voy llevar a la casa para curarte. Solo…
Ella empezó a sentir un frio que invadía su cuerpo y los ojos algo pesados.
—¿Me quieres Zack?
—Te amo.
—¿Me perdonas por haberte mentido?
—Claro que sí, pero quédate conmigo, ponme conversa.
—Fueron los cinco meses… más bonitos de mi vida…. Gracias Zack.
—No… No… Espera. Tienes que ver la cadenita, tienes que ponértela, para…
Ella acaricio, el rostro de Zack y reposo su mano en su pómulo.
—Zack acuéstame en el suelo.
—Rosa escúchame.
—Por favor Zack.
Zack cumpliendo con las órdenes de Rosa, fue bajando el cuerpo de ella, con mucho cuidado, hasta ponerla en el suelo.
—Zack, te voy… a pedir un favor. Dijo con la más tierna voz.
—Si dime rosa.
—Entiérrame… en la misma fosa que mi familia.
—No rosa no digas eso, esto fue culpa mía, perdóname tu…
—No fue tu culpa Zack… Gracias por hacerme feliz.
Rosa puso su mano en el pecho del chico.
—No vayas a cerrar los ojos amada mía…
Rosa no pudo contener más el dolor de su espalda y cerró los ojos lentamente, mientras ponía una sonrisa. Dejando escapar de sus labios un dulce y delicado, y leve: Adiós.
Zack abrió la boca exhalando aire, pero no lo pudo contener, un grito de dolor se escuchó en aquella inhóspita llanura. El hombre desconsolado, por el ausente pulso de la muchacha, se intentaba arrancar el pelo y dejo caer goterones de lágrimas por sus cuencas. Sus gritos eran tan fuertes que aterraron a los jinetes, que venían a darle caza, y se echaban para atrás temiendo que los fuera a matar en un acto de venganza. Con cuidado Zack como último acto de amor, cogió la mano que había puesto la chica en su hombro y la tomo entre sus manos.
—Yo también te amo. Te juro que de aquí para adelante solo hare el bien y te amare a ti nada más.
Terminando de decir esas palabras el hombre beso la mano de la chica y acto seguido la coloco el su pecho. Mientras que puso la cadenita recuperada. Cuando ya había recuperado la calma, volteo la mirada hacia atrás, viendo al jinete que disparo. Se levantó del suelo, y después tomo su navaja, camino directamente a la cara del hombre. Mientras que el jinete sentía el miedo en su cuerpo, acto seguido él todavía estaba armado, —pero en el suelo— y espero a que Zack estuviera encima de él.
Zack con normalidad de paro encima del hombre.
—Eres un bastardo.
El hombre saco la pistola para apuntar pero, Zack con una patada detuvo la acción y desarmo al jinete.
—¿Te gusta jugar sucio verdad?
Zack saco una sonrisa endemoniada.
—Ahora te lo voy a devolver… bastardo.
Con todas sus fuerzas clavo la navaja en la pierna del jinete. Y el hombre grito de dolor. Zack no tenía control, estaba en la locura y el jinete pudo ver como el hombre se convertía en un demonio feroz que venía a dar tortura. O esos fueron sus últimos pensamientos antes de que Zack tomara su vida, atravesando el corazón del jinete con la afilada navaja.
En total treinta puñaladas clavo en el cuerpo del hombre. Y con el que estaba agonizando descargo más furia endemoniada hasta matarlo a base de golpes. Después de eso vio a la luna y con la claridad de la noche, empezó a escavar una tumba, para Rosa, busco el lugar donde estaba enterrado su padre y escavo con sus manos hasta llegar a ver los huesos del esqueleto del padre de rosa. Después cargo el cuerpo hasta el bosquecillo y con lagunas flores adorno la tumba.
Capítulo 45: Me Toca Llorar
Lloro toda la noche mientras cavaba, el corazón del muchacho ahora era, una mescolanza de dolor con tristeza y sentimientos muertos, mientras que cada vez que veía el cuerpo de su amada tendido en el piso, con los ojos cerrados, le daba algo en el corazón, que lo hacía incapaz de hablar o de hacer cualquier otra cosa, solo quería quedarse a acariciar su extensa cabellera. Y ver su rostro hasta el punto de hacerse inconfundible por la eternidad. Al final con algo de esfuerzo acomodo a la chica lo más que pudo.
Antes de enterrarla quito el collar que llevaba.
—Perdóname amada, se que esto es tuyo, pero quiero tenerte en mi mente por el resto de mi vida, y esto es con lo único que poder hacerlo. Alzo la cadenita al cielo conteniendo las lágrimas.
Tomo la cadenita y la puso sobre su pecho. Después dejo el cuerpo adentro de la fosa, mientras empezaba a lanzar tierra delicadamente al cuerpo de su amada recitando miles de poemas que contaran lo hermosa que era y el amor que sintió por ella. Al cabo de dos horas estaba casi listo, el hueco estaba lleno nuevamente de tierra, o único que faltaba era tapar el rostro de Rosa. Pero antes de que echara las últimas manos llenas de tierra, él se agacho al punto de quedar al nivel del suelo. Y echo su cuerpo para adelante, deposito un pequeño beso en la frente de la chica, como un último beso, y le dijo —Te amo— Por última vez, acto seguido tapo el rostro, con miles de lágrimas en los ojos.
Después de que Zack salió del bosquecillo busco uno de los caballos que había traído a los jinetes, por casualidad encontró uno no muy lejos, y lo capturo, después lo llevo hasta donde estaban los hombres muertos, Zack amarro a los hombres de las piernas al caballo y luego dio una patada al caballo, haciendo que corriera hasta la hacienda, ganando algo de tiempo, en la silla del potro, dejo una carta. En la que ponía: —Hoy nació Zorro n***o, van a pagar por el dolor, que han cometido ustedes los injustos” espero que el caballo se alejara un poco, y cuando vio que la luna estaba casi oculta, decidió buscar su moto para irse, sin sonreír en ningún momento. Desde esa noche nació el Zorro n***o, quien ayudaba a las víctimas de los hacendados malos.
Tres días después, el dueño de la hacienda donde estaba enterrada rosa murió por manos del zorro n***o y además todos sus lacayos, y Zack saco ventaja para comprar la hacienda. Remodelándola de pies a cabezas, y haciendo a ese campo de flores en una tumba digna de mármol para su amada Rosa, de color blanco y cabello claro.
Capítulo 46: Retazos del Alma
Mariana inmediatamente separo su cuerpo de Zack con un empujón. Zack dejo de recordar aquellas escenas que le traían recuerdos dolorosos. Una gota pasaba por el cachete de Zack, dejando ver sus ojos llorosos.
—Zack no quiero… que…
Ya sabía lo que iba a decir, le parecía que un recuerdo le llamaba a la puerta. Anticipando a las palabras de la chica, se lanzó a ella con un fuerte y caloroso abrazo, pasando sus brazos por encima de la cabellera de la chica, y dejando reposar su cuerpo en el pecho masculino de Zack.
—Tranquila no voy a…
La chica lo abrazo más fuerte.
—No moriré te lo prometo. Zack acariciaba la cabellera de la chica, metiendo los dedos de sus manos en los largos cabellos claros.
—No quiero que vuelvas en un ataúd.
—No va a pasar.
Mariana estaba más que vislumbrada en que si dejaba ir a Zack, tal vez nunca lo iba a ver otra vez, por otra parte, ella veía en los ojos del chico, la sinceridad sus ojos brillaban y contaban la verdad, no podía ser tan descorazonada como para negarle al chico que recuperara lo que era suyo, pero de otro modo, no a base de balazos.
—¿Porque no le denuncias? Pregunto la chica entre minúsculos sollozos
—No funcionaria. Son mafia Dijo susurrando al oído de la chica mientras mantenía el abrazo, con el tiempo, la chica se dejó de resistir a que el chico la abrazara.
Ella no dijo ninguna otra palabra en un rato, solo se quedaron mirando la luna que le había puesto la noche encima de ellos. Mientras escuchaban los corazones palpitantes del otro. Un silencio profundo invadió la zona y con algo de valentía y coraje ella quiso poner fin a la duda, que andaba a caballo por su cabeza.
—Ve. Dijo ella sin añadir más palabras.
—¿No te vas a negar?
—No… —hubo un momento de silencio— pero prométeme que no vas a regresar en un ataúd.
—No lo hare es una promesa.
La chica estaba más que convencida en que su amado haría todo lo posible por no morir, aunque en su pecho aún quedaba un sentimiento de miedo.
—¿Cuándo partirás?
—En tres días, cuando sea luna menguante. Aprovecharemos la oscuridad para tomarlos por sorpresa.
—¿Es tan importante tus tierras?
—No… No son mis tierras lo que me importa.
—¿Entonces ¿qué?¿Tus vienes? ¿Un legado? ¿Una prenda? ¿Qué?
Zack hizo algo de silencio y tardo en responder.
—Es algo que tengo en la hacienda. Es un jardín de flores que guarda la más bella Rosa.
—¿Porque te aferras a ella? es solo una rosa.
—¡Ay! Mariana mía, si supieras lo que hizo esa rosa para que yo no muriera, estuvieras dando las gracias en vez de criticarla.
—No la estoy criticando, solo digo que ya es cuento viejo déjalo volar.
A Zack le dolían las palabras puntiagudas de Mariana en contorno de Rosa. Pero como pudo aguardo la paciencia —queriendo muchas veces solo irse del lugar— y respondió a ella con la más amplia sutilidad que existe en el mundo.
—No aun no es tiempo. Aún tiene que terminar de florecer.
—No te entiendo entonces
—No busco que me entiendas, solo que me digas que me quieres.
—Te quiero pero… Musito la chica
—No me pongas un pero, el corazón no pone obstáculos al querer.
—Que te puedo decir hacendado… Musito con pena Mariana
—No me digas nada, solo Espérame.
Ella aún no estaba convencida de las palabras de Zack.
—Ya se lo que piensas, crees que no voy a volver. Pero ten seguridad de que he hecho esto desde hace mucho tiempo, matar bribones solo es un pasatiempo para mí.
Mariana aún estaba algo insegura de su modo de actuar, más lo amaba, tenía la seguridad de que nunca había encontrado a ningún hombre que fuera así como Zack era. Pero que dilema, ahora como llego un día de improvisto, él se iba y con poca probabilidad de volver a verlo, entonces ella tenía miedo, por una vez en un largo tiempo volvió a amar. Pero para su suerte el amor se convertiría en angustia.
—Mariana escúchame—El chico puso en tono fuerte de voz y agarro de hombros a la chica ella, ambos cruzaron sus miradas— Es mejor amar, que ser amado, y yo te amo, eres la chica más especial que he conocido en la faz de la tierra, pero déjame ir.
Mariana casi rompe en llanto descontrolado, pero contuvo esas lágrimas, no servían de nada solo para decir que era una mujer débil, pero como ella era Ifigenia, aguanto el dolor en su pecho. Y pensó que dejarlo ir sería lo mejor.
Con palabras muy bajitas y con desconfianza, su voz quebradiza dio la aprobación unánime de su mente confusa.
—Ve. Pero… intenta no…
Zack beso a la chica antes de que ella terminara de hablar y la empujo a la grama del piso con el peso de su cuerpo, quedando encima del cuerpo de la chica. Rápidamente sin sacar la lengua juguetona de la boca de su amada, entrelazo los dedos con los de ella, y se pegó más a su cuerpo, hasta llegar a un nivel en el que podía sentir todo su calor palpante.
La chica estaba paralizada, no sabía qué hacer y en su pecho miles de emociones y sentimientos vislumbrados. El calor del cuerpo de la chica hizo efecto en el hombre, que estaba viril y perenne como un rayo de luz.
Zack se inclinaba con cada respingo de calor en su cuerpo, y la chica se arqueaba en su perfecta posición, las manos del hombre marcaban y exploraban hasta el paraje más lejano del reino in-descubierto del cuerpo de Mariana, mientras ella cerraba los ojos guardando castidad. Pero no sin disfrutar el placentero momento de lujuria pasión y amor.
Mientras que la luna que le acompañaba vio el acto de amor más puro que puede darse, el frio de la noche quedo apartado por el calor de ambos cuerpos, subiendo y bajando en armonía, con jadeos de cansancios y gemidos de placer, la luna fue testigo de un color rojo pasión. Entre el verde del pasto, afectando al estado de una Rosa.
Asi pasaron toda la noche mientras las estrellas se escondían para salir el sol.
Capítulo 47: Amar Es Mejor Que Ser Amado
La noche la pasamos en la cabañita del rio, pero muy por la mañana sebas me levanto de la cama mientras miraba su cuerpo desnudo,
—Tan temprano nos debemos ir. Dije mientras estiraba mis brazos por encima de mi cabeza.
—Si, por que debemos esperar a Zack, para que volvamos.
Si tenía razón debíamos regresar, desde un mes del sueño perfecto y el verano más hermoso que había vivido en las montañas. No sabía nada de mi familia ni de Alejandra. ¿Qué estaba pasando en el pueblecillo? Mi familia tampoco se molestó en buscarme, pero ¿porque? Algo debía estar pasando detrás de todo escenario portentoso. Aunque a mí no me molestaba quedarme unos dos meses más a solos con Sebastián.
—¿Ya estas lista? Pregunto mi amado con apuro en sus palabras
—No espera ya casi.
Después de levantarme y asearme, me subí a la moto de sebas y nos fuimos a la casa, pensando que Zack ya estaría esperando a su hermano. Llegamos a la casita y estaba sola, Sebastián sin perder tiempo entro y acomodo todo, además preparo algo de desayuno que lo disfrute como si fuera la mejor cena en un restaurante de Francia.
Aún estaba cansada, y poco a poco cerré los ojos para dar otra siesta.
*
Sebastián dejo a su amada en la recamara, se había vuelto a dormir, pero él estaba claro que le gustaba verla como si fuera una joya que vale millones, estaba convencido que si se proponía podía dibujarla toda la noche sin dormir. El rugido de un motor despertó del trance en el que estaba Sebastián, entonces salió casi disparado a la puerta. Pensaba que era Zack así que abrió con total confianza la puerta.
—Pasa —dijo sin cuidado.
—Vaya pero que buen recibimiento muchacho.
Sebastián miro atentamente a la silueta que estaba enfrente de él.
—Don Vicente… ¿pero que hace aquí? ¿Cómo me encontró?
—¡JA! Escúchame bien jovencito, mas sabe el diablo, por viejo que por diablo.
Sebastián no creía lo que sus ojos veían, y aunque le daba alegría el tener a su padre, adoptivo aquí, Zorro blanco pudo haberlo seguido. No podía confiar ni en el.
—Pase, no nos quedemos en la puerta —Replico Sebastián con un tono más serio.
Los dos pasaron a la casita y Vicente se sentó en una de los sofás. Sebastián ágil como el viento puso un vaso lleno de café para su invitado. Y luego se sentó en otro de los sofás, en el que quedaba enfrente de él, para no hablar tan fuerte y despertar a Michelle.
—Bonita casa muchacho tienes buen ojo. Sebastián sonrió con sarcasmo.
—Oiga viejo, usted si vino acá fue porque quiere que tratemos un asunto importante. No es así.
—Eres muy directo, igual que tu padre.
—Entonces dígame en lo que le puedo servir. ¿Ya vendiste la hacienda?
—No la vendí, solo le di un lote de terreno a un viejo amigo. Sebastián no estaba convencido del todo.
—Quiero decirte algo, que he retenido desde que eras pequeño, porque no tenías edad para saberlo, pero el tiempo paso, pero paso entre mis manos, y parece que fue ayer cuando estabas en pañales o corriendo por la hacienda, persiguiendo a los jinetes o a las gallinas. Pero el momento de que sepas la verdad llego.
Sebastián no dijo ni una solo palabra mientras hablaba Vicente.
—Tu padre, antes de que partiera, dijo que te leyera el testamento de su herencia.
—¿Herencia? Pregunto asombrado.
—Escúchalo—Vicente saco de sus bolsillos un pedazo de papel corrugado y lo empezó a descubrir y termino leyéndolo—:
Para mi segundo hijo, espero que me escuches, pero sé que entenderás las Razones por la que te he dejado con el cuidado de mi buen amigo Don Vicente, tu madre se llevó a tu hermano a otra ciudad, por lo cual no sé nada de ellos, Todo lo que es mío te lo dejo… cuento con doscientas hectáreas de terreno virgen. Maquinaria pesada y dos casas, una a orillas del rio, y otra en las profundidades del bosque. No te puedo dejar dinero porque eres menos de edad, pero lo pasare a la cuenta de mi amigo, que lo mantendrá con un fideicomiso hasta el día que seas mayor de edad. El resto de mis cosas te las dejo a ti, con cariño tu padre.
Vicente termino de leer el documento, y un silencio invadió la zona. Las palabras pesaban como el mar, y ninguno de los dos se atrevió a dar la primera consonante para dar la conversa,
—¿Por qué?... ¿Por qué hasta ahora me dices esto?
—Tu padre lo dijo en el testamento, no podía decírtelo antes de que cumplieras la mayoría de edad.
—Pero eso fue hace diez años. Tengo veinte y siete años.
—Como te dije, el tiempo paso como un rayo y no me di cuenta, de que ya eres un hombre, y hasta con familia formada, no es mi culpa, solo…
—No digo que sea tu culpa Vicente, solo digo que no me lo debiste ocultar. Igual tu eres como un padre para mí.
Sebastián se levantó del mueble y le dio un abrazo a Vicente.
—Gracias por criarme Vicente… pero te tengo una pregunta ¿Dónde queda mi hacienda?
El titubeo un poco en dar la respuesta, ya que la ubicación de su hacienda, estaba bajo las manos de Zorro blanco, y además el mismo hombre tenía el control de casi todas las haciendas del pueblo incluyendo la de Zack y La de Sebastián. No quería decirle que estaba bajo el cuidado de Fabián, porque sabiendo cómo estaban las cosas todo podía explotar un una guerra. Era un campo minado para los muchachos.
—¿Dónde está la hacienda Vicente? Repitió Sebastián, esta vez con más ímpetu.
—No te va a gustar que te lo diga.
—Dímelo. La convicción de Sebastián no vacilaba ni un segundo. Quería saber dónde estaba lo único que le había dejado su padre, en vida.
—Esta… —Vicente titubeo un par de veces— La hacienda está tomada por Fabián, queda justamente al lado de la de Zack Fernández.
—Al lado de la hacienda de mi hermano.
—¿!Qué! Zack es tu hermano? Vicente estaba impactado por las declaraciones de Sebastián.
Sebastián afirmo con la cabeza
—¿Cómo puede ser eso posible?
—Nuestros apellidos son los mismos, y él es mayor que yo. Con lo que la carta de mi padre dice, me queda más que claro, no hace falta un examen de sangre.
Vicente estaba más convencido que antes en calmar la situación, sabiendo que Zack si era un matón a sueldo, y que el si le partiría la cabeza a quien fuera, por recuperar lo que era suyo. Así que se puso en marcha para parar una masacre.
—Muchacho, escúchame no te dejes guiar por Zack, él es un demente. Además no es del buen mundo.
—Eso ya lo sé, pero es mi hermano, y no pienso dejarlo solo. Además hay algo más que nos une. Nuestras haciendas.
—Deja lo loco muchacho Fabián puede matarlos a los dos.
—O nosotros a él.
—No te hagas el héroe muchacho deja las tonterías hasta mi hacienda está en peligro, pero no hace nada contra un matón como Fabián.
—No voy a dejar lo único que me dejo mi padre en manos de ese bastardo de Fabián. Además no estoy solo Vicente, Zack y yo le vamos a dar una paliza a ese bribón.
—Muchacho.
—No se diga más Vicente, —corto la conversa—mi decisión es plena, en tres días iremos a darle caza a Fabián.
Vicente estaba claro que darle esa información a Sebastián era más que un problema. Pensaba que su actitud iba a ser otra pero algo había cambiado en él, ahora no se veía como el chico tranquilo que le gustaba hacer caso, ahora era un lobo indomable, varios factores pudieron haber afectado, su chica, el conocer el pasado, o su hermano, pero lo único que sabía Vicente es que no era buena idea declararle la guerra a Fabián, que ahora era el más poderoso hacendado de la zona.
Vicente se despidió de Sebastián, y le rogo por última vez, que recapitulara, que pensara mejor su decisión, pero la convicción de Sebastián era perenne. Sebastián dejando de lado los varios problemas, abrazo al hombre y con disimulo busco la carta en su bolsillo, consiguiéndola sacar, después el hombre se fue, y él se quedó en la chimenea leyendo las palabras que había escrito su padre.