> dijo Zack en la mente, mientras olia el perfume de la chica. Y cerro los ojos para que ella lo hiciera sufrir un poco, esterilizando la herida.
Zack sintió como los dedos de mariana le sacaba la camisa.
—¡Oye! Dijo y de un brinco se puso en pie.
—Cálmate, solo te voy a quitar la camisa, para que no se moje con el agua.
Lógico era una precaución. Pero Zack se lo tomo más personal, aunque no le molestaba que una chica tan linda le estuviera metiendo mano.
Mariana siguió con lo suyo, y Zack se quitó la camisa, dejando ver sus cicatrices, y el cuerpo, y algo del abdomen marcado que poseía. Ella se vio algo sorprendida, muy sorprendida en realidad y miraba de reojo, sin creer lo que la camisa de cuadritos azules escondía. A Zack le invadió un pequeño rubor que creía ser el más brutal que le había dado en su vida.
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Decían ambos en su mente, y aunque sus corazones se estaban abriendo, sus rostros parecían más una batalla entre dos fieras salvajes que no daban lugar a la tregua.
Zack se sentó en el sofá. A un lado estaba Mariana con todos los utensilios de medicina.
—Oye lo estaba pensando, si quieres responde y si no, pues quedamos igual que antes pero ¿qué hiciste para hacerte estas cicatrices?
Zack sonrió con malicia.
—¡JA! Tal vez eres la única que me ha preguntado eso —La chica empezó a desinfectar la herida— pues la verdad muchas no recuerdo nada. Esta que es la más profunda—Señalo la espalda— fue con un toro bravo, pero la que más valoro es esta —Mostro su hombro derecho— Esa me la hice salvando a un niño de un rio.
—Enserio Dijo Mariana sorprendida
—Si solo que no me gusta contar esa historia es muy larga. Zack intentaba escaparse de los recuerdos.
—Cuéntamela, así damos tiempo a que termine. La chica era algo mas insistente y tomo ventajas de sus dotes de mujer. Paso lentamente su dedo índice por la quijada de Zack, haciéndolo sentir el mismísimo Edén.
—Bueno está bien… —A Zack le parecía extraño que la chica no hubiera salido con una de sus idioteces— Yo estaba en la hacienda de Don Héctor. Y me puse a vigilar las afluentes del rio. Nunca pensé que encontraría a un niño, pero después de dos horas de montar a caballo, escuche un llorido, pensaba que era la cría de algún animal. Pero en realidad era un niño dejado a orillas del rio en una bañera de madera. La bañera estaba casi por irse a la inmensidad de las aguas torrenciales, los rápidos y los lagartos, se lo hubieran devorado si no me lanzo como un tiburón al estanque. Me lance desde el lomo de mi caballo. Después caí al agua y agarre la bañera, estaba casi listo, pero… una rama que venía de rio a arriba nos empujó a los rápidos. Yo sostenía con todas mis fuerzas al pequeño para que no se hundiera. Con mis brazos lo levante mientras intentaba mantenerme a flote. —Mariana toco una parte de la herida donde creyó que iba hacer llorar a Zack, pero el hombre no dejo escapar ni un leve quejido— al final la rama estaba algo filosa, y se encallo en mi hombro. Sentía demasiado dolor, pero como pude me libere de la rama rompiendo a pulso la larga vara en donde se había ensartado mi hombro, después de eso me quedo una astilla de madera gigantesca clavada, me dolía, mucho para ser franco, además la sangre salía, y también el agua me hacía arder la herida. El niño lo agarre entre mi mano izquierda y mi brazo derecho. Y como pude unos veinte metros más abajo, pude conseguir pisar tierra.
—Eso es asombroso eres un héroe. ¿Y qué paso con el niño?
—Pues como no presentó ninguna enfermedad, ni nada de eso, creo que se lo llevaron a la ciudad, donde lo está criando una familia de abogados. Pero no me preguntes por padres, porque no lo sé.
—Termine. Dijo Mariana casi aplaudiendo.
Zack miro la zona y pudo comprobar que las manos de la chica eran curativas.
—Gracias. Exclamo Zack con mucha franqueza
Mariana con la sonrisa que puso Zack, se sintió más que conforme, ella se dio cuenta de que esa sonrisa estaba más que expresando todo lo que el sentía. Un carisma que escondía una bestia, o así lo definía dos horas atrás, porque ahora para mariana el capataz de la hacienda de Don Héctor. Zack se convirtió en un príncipe. Después de haber sido un sapo.
Zack se levantó y se colocó la camisa otra vez.
—Pero te vas ya… Mariana dejo escapar esas palabras de su boca. Ella intento reponerse pero fallo por momentos y termino titubeando.
Capítulo 41: Ven a Verme
—Es que tengo que patrullar la cerca de la hacienda, aún tengo ese pequeño trabajo… pero si quieres vengo mañana en la noche.
Mariana frunció el ceño
—No me mal entiendas, digo en la noche, porque me imagino que debes trabajar. Además yo también lo tengo que hacer.
—Trabajo en el bar de abajo.
—¿Como camarera?
—No. Mariana se sentía insegura al responder.
—como bailarina.
Mariana asintió con la cabeza
—Entonces debes hacer mucho dinero. Zack rio con algo de sarcasmo.
—Algo así. La chica no sabia si jugar con su cabello o esconder la hermosa sonrisa que le decía a Zack que viniera a verla. Una sonrisa sincera que flecho el corazón del hombre.
—¿Entonces cuando vengo? El chico alzo la ceja derecha en señal de interrogo.
—Ven… —Ella titubeo— en las tardes, casi cuando quieras, pero… —Ella se sentó y puso una pierna sobre la otra cruzando los brazos— no te convenzas de que soy una presa fácil. Así que cazador, ten mucho cuidadito con lo que vayas a hacer.
Zack sin emitir ninguna palabra, hizo una señal con el sombrero y salió con orgullo de la casita.
Ella sabía que el hombre no era un don nadie, para estar trabajando para uno de los hacendados más respetados de la región debía ser responsable, algo que a ella le gustaba mucho. No como el resto de los hombres que buscaban solo el cuerpo de las mujeres del pueblo. Ni mucho menos como los borrachos del bar, con los que frecuentaba a diario.
Zack al subirse a la moto pensó desde todos los puntos de vista, para contenerse y no quedar como un niño. Rosa, esa mujer tan furia, que conoció en el rio. No estaba enamorado, era una broma de su corazón. Era un efecto de estar rodeados solo de hombres, ya que en la hacienda las únicas mujeres que había eran solo, La señora Wendy, la amable cincuentona que preparaba la comida de los trabajadores. Y la pequeña Laura, la niña de once años que juagaba todo el día correteando por los amplios senderos de la hacienda.
Rosa pensaba que el hombre no era el chico más bello del mundo. Pero era atractivo y su abdomen estaba cada vez más marcado, le había gustado aquella vista, sentada en el sofá, abrió las piernas, relajando su cuerpo en el espaldar del mueble, y dejó caer sus manos a sus muslos, pensando en el placentero momento de atracción ferviente por Zack.
Ahora ella se preparaba para trabajar en el bar, mientras Zack iba rumbo a hacer el chequeo de las cercas de la hacienda de Don Héctor. Trabajo que le tomaría hasta las tres de la mañana, hasta esa misma hora pasando la noche en vela, también pensaba en Mariana, y aunque el efecto del alcohol y la carencia de luz en el pequeño bar, hacía que algunas veces ella vislumbrara y tuviera algunas instantáneas lagunas mentales, Mariana pensaba en el astuto Cazador.
Dos veces a la semana la primera vez, Después cuatro veces, la chica dejaba la puerta abierta entre cerrada por si acaso, el llevaba dulces para poner las cosas más fáciles, los dulces también fueron puestos en la cabeza del chico, y Mariana cerró la puerta de golpe en la cara de Zack. El quedo confuso, pero pidió perdón. Ella comprendió y lo perdono otra vez. El día siguiente se sentó en el pequeño elevado que estaba detrás de la casa de Mariana, donde dejaba ver una puesta de sol hecha por el mismo Dios.
La tercera semana estaba más ansioso que las otra veces, hicieron un pacto, consistía en que ninguno podía acercarse al trabajo del otro, por mucho que quisieran verse, estaba claro que el trabajo era primero tanto en la vida del chico, como en la vida de ella. una formula alquímica hacían al complementar sus cuerpos. En la cuarta semana ella reposaba la cabeza en el pecho del chico, mientras leían libros, que los transportaban a tiempos remotos, donde el amor era real y los dragones existían.
Un mes y medio después se besaron por primera vez, Zack estaba más que nervioso y el beso no duro mucho. Eran cálido y reconfortarle. La mujer era la dominante y guiaba a su hombre.
Ya la rutina estaba más que clara, Un dulce para la entrada, metedura de mano entre páginas de libros y humo de tabaco fumado por Zack, y miradas llenas de lujuria cuando el hombre veía a la chica en sus cortos vestidos, —cosa que al inicio fue muy sorprendente— así pasaban cuatro horas al día, la ultima hora, un juego que nunca quisieron dar nombre, Zack se intentaba ir pero Mariana con sus dotes de mujer, lo convencía para que se quedara un rato más, hasta que se hiciera de noche.
Después del beso de despedida y una caricia por el suave pelo de Rosa, Zack se despedía y se iba en su moto, la chica esperaba en la puerta viéndolo hasta que se perdiera de su vista. Después se bañaba y se vestía para ir a trabajar.
Ya habían pasado tres meses y los palpos del cuerpo de mariana se hacían uno con el café el té, y la boca de Zack, los paseos para lugares maravillosos eran constantes, y las salidas a comer matutinas, bailaban en el pueblo de al lado, en una taberna donde ponían música contemporánea y clásica, además de ser una buena bailarina, —muy buena— ante los ojos de Zack. Cosa que le gustaba más que nada.
Pero algo rondaba en la mente de Zack, después de la pequeña utopía que se había hecho realidad de un amor nacido del odio, pensaba ¿en porque a Mariana le disgustaba ese jardín de flores a la distancia? Tanta cólera con esa tierra tenia, que su ventana —De su dormitorio— estaba pintada de n***o para no ver ese terreno. La vista desde la casa de Mariana era inevitable, pero ella hacia las cosas que fueran posibles para no ver a esa dirección.
Cuando estaba limpiando los alrededores de la casita, evitaba mirar a las lejanías, y puso un par de cortinas, que bajo ninguna circunstancia se abrían, justamente en las ventanas donde se podía ver la amplia llanura. Cosas que Zack se dio cuenta, y no quería preguntar, el porqué, pero con el tiempo sus dudas fueron aumentadas,
Tanto aumentaron sus dudas, que un día tuvo que preguntárselo de frente, esperando la ocasión para que ella le contara lo que había sucedido.
—¿Rosa quiero preguntarte algo? —Ella miro fijamente al chico.
—¿Dime que es? Ella estaba recostada a su pecho, como de costumbre, mientras comían unas papas fritas y veían el sol ponerse.
—Es algo que sé que te molesta, pero tengo que saberlo, para poder entenderte mejor. —Ella frunció el ceño— ¿Por qué odias tanto el campo de las flores?
Ella suspiro y con una sonrisa algo melancólica busco las palabras para responderle a Zack. No pudo encontrar tales palabras, pero sabía que el chico tenia curiosidad, algo que era normal, más en alguien que estas conociendo, pese a que estaban juntos desde hace más de tres meses, al final él tenía derecho a saber todo.
—Yo… —Musito ella— Cuando era pequeña. Vivía con mi familia, éramos tres, mi padre y madre y yo.
—Nunca me dijiste eso—Interrumpió Zack que estaba desesperado.
—Espera… Déjame contarte —Agarro los labios del hombre— Un día mi padre, tuvo que ir a ese llano, para trabajar con unos nuevos hacendados, pero… —Mariana puso una voz quebradiza— mi madre también iba, trabajaban de día a noche preparando tierras. Él ponía hasta la última gota de sudor en trabajar. —Rosa no aguanto más, y dejó caer una lágrima por su pómulo— y un día, así sin más el capataz de la hacienda Los mato…
Zack quedo con los ojos hechos huevos de gallinas.
Capítulo 42: La Que voy A Hacer por Ti.
—Le dispararon a la cabeza y al pecho, tres balas le pegaron a mi padre, y a mi madre dos. Yo lo vio todo… Yo… Yo…
Zack sintiendo el dolor de la chica y la abrazo con sus fuertes brazos, y después de un beso en los labios, un rose muy consolador, Rosa pudo recobrar la calma.
—Rosa no era mi intensión
—No te disculpes Zack, no tienes la culpa, además tienes que conocerme bien.
Ella sonrió con todo su ser. Sin duda una sonrisa sincera.
—No debes temer ahora yo estoy aquí. Te voy a proteger.
—¿De verdad?
—Si ya lo hice una vez en el rio, puedes contar conmigo, así tenga que cruzar el mundo.
La chica quedo más conforme, estaba segura de que Zack era un hombre que valía millones, no se había equivocado en enamorarse de él.
—Zack Hay algo que quiero que sepas, mi padre dejo un collar, que era para mí, ese collar debe estar en un roble, el lugar donde lo mataron. Ese recuerdo aún sigue ahí. Pero ni se te ocurra meterte a buscarlo, tu eres muy terco además no quiero que te pase nada.
—Tranquila no voy a hacer nada te lo juro— Zack con toda serenidad alzo la mano derecha y juro lealtad a los pedidos de su amada.
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La chica estaba más que conforme con lo que decía su querido hombre. La verdad es que se sentía afortunada de tener a un hombre tan especial como el. Era un tesoro que había encontrado tirado por ahí.
—Ya me voy cuídate.
La chica asintió con la cabeza, y le dio un pequeño beso a Zack, también lo acompaño a la puerta donde también se volvieron a besar.
—Adiós nos vemos mañana, mi pequeña
—No vemos mañana señor capataz. Ella paso su mano por el pecho de Zack.
Sin más dilaciones Zack se subió a la moto, y salió del alcance de la vista su chica.
> pensó Zack de camino a casa.
El mensajero de la noche dejo caer la cortina negra que cubría el sol, y las estrellas se dejaban ver, la chica preparada para su trabajo y Zack preparado para dormir… Era noche de luna llena. El instante perfecto para buscar el oro, o mejor dicho, la cadena de plata para Rosa. Se seguro de esperar a que el reloj marcara las doce, porque su amada estaría en el trabajo. Esperaba ver la cara de emoción y ansias al ver esa cadenita.
La noche estaba pintada, y el reloj estaba en su completa mitad, alineándose todas sus agujas. Zack se vistió de n***o y con un sombrero nuevo.
Rápidamente llego al barrio donde vivía Rosa y paso a toda velocidad con su moto, para que la distraída camarera no escuchara rugir el escape del motor. Zack subió la colina y llego a la cima, no había una carretera para ir al campo de flores. Solo un camino algo oscuro de tierra. Ningún problema para el capataz porque traía consigo una linterna potente. Encendió la linterna y apago la moto. Dejándola a un kilómetro de distancia, el camino era muy rústico para los neumáticos de su motocicleta.
Todo iba viento en Popa.
Lo único que Zack no había previsto era: La existencia de una ventana algo gigante detrás del bar, que daba una vista perfecta al jardín de flores. Donde las bailarinas siempre se preparaban y tampoco anticipo a la aludida Rosa mirando con melancolía el campo de flores que le daba muchos recuerdos.
—Rosa despierta del sueño muchacha, tenemos que trabajar. Dijo una de sus amigas.
—Voy solo estoy viendo cómo está el campo…—Se detuvo— No puede ser. —Rosa se levantó de la silla, con cara de espanto.
—¿Que pasa Rosa? ¿Qué tienes? Insistía la amiga preocupada por el bienestar de Rosa.
—Tengo que salir, quédate con las muchachas.
Sin previo aviso la chica salió del camerino a toda marcha, sin perder tiempo pregunto al portero del puesto, que si había visto a un hombre con ropa negra en una moto HARLEY y el portero algo especulativo asintió con la cabeza. Rosa estaba más aterrorizada aun, lo único que no le había contado a Zack era que ese campo de flores, estaba resguardado por una guardia montada, del mismo hacendado loco, si lo encontraban de seguro lo iban a matar. Pero como pudo tomo aire en sus pulmones y empezó a subir la cuesta.
A Zack el viento le favorecía, la luna estaba llena y su resplandor era perfecto, inicuo para caminar por la llanura sin necesidad de la molesta linterna. Zack buscaba ese roble. Donde habían matado a los padres de Rosa. Habían tantas flores en ese jardín que Zack quedo sin habla, los colores variaban como si fuera un arcoíris multiplicado por mil, y lo que sentía en el pecho, mezclado con un trago de ron y un inhalo de pasión, dopaban su cuerpo a un estado que nunca antes había estado.
No sabía qué hacer ante ese maravilloso ambiente de cuento de hadas, pero ese mismo lugar parecido al edén guardaba su secreto, debajo de sus pies estaban enterrados los cuerpos de las víctimas de esa masacre.
Toda la noche no era para el capataz de la hacienda y menos con Rosa tan cerca, sabía que si lo encontraba en esa llanura no le iba a perdonar ni porque se lo pidiese de rodillas por un mes, así de explicita había sido en su petición, que ahora estaba violando, con cláusulas incluidas.
Zack vio un pequeño bosque en medio de las flores, pero no distinguía que clase de árbol era. Decidió acercarse para reconocer si era el roble.
Rosa corría a toda velocidad por la inclinada colina donde habitaba para salvar a su querido Zack.
Zack contemplaba la brisa que pasaba por su cara, refrescando su rostro, admirando aquel hermoso paisaje. Estaba inerte viendo a la luna, mientras ignoraba las siluetas de las lejanías. > pensaba mientras daba por encontrado el lugar. El primer árbol estaba enredado con un tronco de al lado. Y encima unas hojas muy largas tapaban la luz de la luna. También había musgo y paja en buena cantidad. El ambiente cambiaba drásticamente, de un bello jardín de flores y rosas, a un fangoso estanque pantanoso. Cosa que no le agrado a Zack y daba por hecho, que en ese lugar se respiraba la muerte.
Rosa no debió nunca haberle contado sobre el secreto de su familia, ese muchacho era muy terco, tampoco pensó en las consecuencias que traía contarle todo, las marañas del destino se entrecruzaban en una rueca hacedora de hilos. Rosa daba hasta su ultimo exhalo por llegar al prado de flores, no sabía porque se sacrificaba tanto por alguien diez años menor que ella. si era un hecho que había mentido, ella no tenía diesi ocho años como le había contado a Zack, sino veinte y cinco recién cumplidos.
No sabía si sentirse culpable o excitada, el chico estaba buscando la cadenita, con toda la inocencia del mundo, no sabía de los guardias ni de los matones de la hacienda, aun así estaba asumiendo peligros para hacerla feliz, para recuperar algo que era suyo y para devolverle una sonrisa que estaba planta y enterrada entre kilos de tierra.
La sonrisa de la chica se mezclaba con los interminables Exhalos de cansancio y sobre esfuerzo abrumador para la chica, pudo llegar a la cima de la colina y vio la moto del capataz.
—Aquí estas— Dijo con su voz quebradiza. E inmersa en la esperanza.
Capítulo 43: No Lo Hagas Ella sin perder tiempo volvió a correr buscando al chico entre la inmensa llanura. Buscando su espalda ancha, con plegarias a dios para que no lo mataran. Puso el primer pie dentro de la llanura y empezó a correr nuevamente, sin dar vistazos o pensar en su próximo movimiento. Sin nada más que la esperanza de salvarlo se lanzó a la batalla.
>
Rosa corría con toda su velocidad viendo a los jinetes conducirse a los arboles del centro de la llanura.
>
Con cada paso que daba ponía toda su voluntad para acortar el terreno.
>
La chica dejo escapar una pequeña lágrima que cayó como un yunque a la fría tierra.
>
Los sollozos gemidos de dolor se mezclaban con la respiración fluctuante, haciendo que el pecho de la chica se convirtiera en una trinchera de dolor.
>
La chica ya veía la espalda del chico. Ella se llenó de gozo como ninguna otra cosa.
Zack cavaba un pequeño hueco, donde estaba un cuerpo, se había dado cuenta que los hombres estaban enterrados de púbico abdominal, y tenía que voltear los cadáveres para encontrar la cadenita. Aunque no quería hacer algo tan sádico.
Hurgando entre la tierra ya suelta, y con ayuda de su suerte vio un reflejo que le molestaba el ojo. Y enseguida se fue sobre él, la pila de tierra estaba algo grande, entonces metió la mano esperando encontrar un metal, hundió el brazo completamente, y apretó la mano, después la saco de jalón.
—Aquí esta— Exclamo con alegría ferviente, poniendo la que sería una sonrisa inigualable.
—Te vas a sorprender mucho cuando lo veas Rosa… El chico escrutaba el collar.
Por la parte de su dije, estaba un corazón con una flor adentro, y la inicial del nombre de rosa La letra “R” después una collar de color dorado de lo más fino, y con detalles entre corceles. Todo era de acero inoxidable, sin duda un bello collar, que no era nada de segunda mano, cualquier mujer se derretiría por tenerlo.
—Bueno trabajo hecho y yo para mi hueco. Zack se levantó confiado en que había cumplido la misión, para asegurarse de no dejar pistas, con los pies hundió un poco de tierra en la fosa, y además estaba más que alegre por no haber encontrado ningún cadáver.
Dio dos pasos adelante y vio la figura de Rosa corriendo hacia él.
—Rosa que haces… Sin dilaciones ella se fue a los brazos del chico.
—Zack vámonos.
—¿Porque Rosa?
—Vámonos hazme caso. Rosa agarro a Zack por los brazos y lo jalo un par de veces, pero no consiguió moverlos mucho.
—Espera mira quiero mostrarte…
—Me los muestras en la casa vamos hazme caso vámonos.
Unos galopes de caballo se escuchaban de la otra parte del pequeño bosquecillo.
—¿Qué es eso? Pregunto Zack mientras volteaba la cabeza para mirar en dirección de los amplios árboles.
—Vámonos rápido Zack. Esta vez rosa jalo a Zack con más fuerza, y lo hizo reaccionar.
Zack vio el rostro maquillado de Rosa, y quedo estático, la chica se veía más que bella esa noche. Aunque tuviera unas largas gotas de sudor en su frente. Rápidamente agarro su cuello —Por la parte de atrás— y la sostuvo con firmeza pero sin hacerle daño.
—Estas bella amada mía.
—Deja las tonterías vámonos estamos en peligro.
No sabía si era el efecto de su amor, pero algo le impedía reaccionar, estaba petrificado cual hombre convertido en piedra por medusa. —Te amo— Dejo escapar de sus labios, el alma convertida en palabra, Zack por primera vez en su vida sabía lo que era querer a alguien, estar atento de ella, cuidarla y recibir todo del lado contrario.
La chica estaba inerte también en los ojos del capataz, sabía que sus palabras eran de lo más sinceras, tal vez por el calor que emitía el cuerpo de Zack, el cual ella lo podía sentir sin ninguna dificultad. O tal vez porque sus palabras eran tan puras y con tanto ímpetu, que la hacía delirar, ningún otro hombre podía mirarla a la cara y decirle tales palabras.
Zack estaba contento de que su chica por fin supiera lo que estaba en su corazón, y para adornar su paisaje, un jardín de flores inmenso, donde quería hacerle el amor. Sin ninguna duda le planto un beso. Dibujando aquella luna llena como la última que verían…
—Te amo, te quiero, quiero decirte que desde que te fui conociendo, nunca había sentido lo que en mi pecho está latiendo ahora. Y que eres mi meta. Y que…
La chica volvió a besar a Zack.
—Ya lo sé… pero vámonos de aquí.
Rosa agarro la mano de Zack y lo convenció de que salieran del campo de flores. Los dos corrieron tomados de las manos, escapando de los jinetes. Una bella vista que invadía la mente del hombre, sintiéndose completo. Zack recordaba aquel libro en el que la princesa escapaba con su caballero al dulce final. Pero ¿sería este su dulce final?
Dos siluetas masculinas montadas en caballos, perseguían a los escabullidos. Ellos estaban armados hasta los dientes, en sus espaldas una escopeta, navajas, cuchillos y pistolas. Esa era la guardia de esta infame hacienda de la muerte, cementerio de hombres dignos. Rosa miro atrás y vio acercarse rápidamente a los jinetes, sus caballos estaban llenos de cólera endemoniada, y los jinetes vacilaban con risas burlonas de muerte, enseguida su corazón se vio afligido, y acelero el paso, intentando de que Zack no viera lo que ella, pues él iba a dar pelea.
—¿Porque corremos? Pregunto Zack.
Rosa se negaba a contestar.
—Rosa dime
Ella no respondía y seguía adelante.
El vio hacia atrás, y vio a los jinetes. Sabía que venían a daros caza, que no se iban a detener hasta capturarlos, y la persecución se iba a extender hasta el pueblo. O hasta la casa de Rosa, que era lo que Zack no quería. Sin permiso de su amada, se soltó de la mano. Ella inmediatamente paro de correr a pocos metros después.
—Vámonos.
—Si no los detengo nos van a perseguir hasta tu casa, estarás en peligro. Espérame.
Zack corrió a los jinetes, sin miedo, saco de sus botas una navaja afilada, la única opción de salida, era confrontarles. Rosa estaba aterrorizada, pensaba que Zack se estaba volviendo loco, ella también se fue detrás de su amado, pero con un paso algo más lento, estaba muy cansada.