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1013 Palabras
  Y me pegue un poco más a él. Abrazándome con mucho amor, el solo deslizaba sus manos por toda mi espalda y puso la otra en mi cabeza, haciendo presión hacia él. Sabía que lo estaba disfrutando ese momento aunque para mi yo solo estaba llorando como una magdalena.                           Limpiándome las lágrimas de la cara con un pequeño rubor en la nariz me separe del excitado Zack, porque si no iba a ser causante de provocarle una erección.                —Gracias y disculpa Zack, no quería arruinar la cita por ese drama, solo es que me dio mucha tristeza mezclada con rabia.                                      —Tienes buenos padres, solo buscan lo mejor para ti. El chico miro a la lejanías mientras suspiraba con nostalgia en su cuerpo, en la casa no había ni una foto de sus padres, ni nada por el estilo. Ni fotos de comunión ni de bautizo. Sabía que esa casa era extraña.                      —Zack te puedo preguntar algo. —sorbí un poco de te—  si no es algo inoportuno.         —Haz la pregunta que quieras, pero antes deja quitarme este metal que me pesa demasiado. —saco una pistola y la puso sobre la mesa— No te asuste solo son para cualquier enemigo que me quiera atacar. Pero en la casa prefiero no estar armado.                                     —¿Tienes Padres? >  No lo que quiero decir es…   El chico saco un cigarrillo y lo encendió. Hizo caso omiso al te que le habían servido.           Dio una calada al cigarrillo y después expulso el humo. Contentándome.                                                 —Preguntas por mis padres, pues no sé donde estén, ellos me abandonaron cuando estaba en pañales, por la información que me han conseguido algunos de mis hombres, de más confianza, sé que tengo a un hermano, pero no sé quién es. Aún sigo buscándole.     Con una sonrisa melancólica Zack miro al cielo como buscando la respuesta de la vida. Pero sin dolor alguno en aquella traviesa y atractiva mirada, en realidad no era como la gente decía, del violento y tirano Zack, sino más bien como aquel que nadie comprendía. Tenía un peso increíble en sus hombros, y tuvo que madurar desde muy pequeño, no era tiranía sino seriedad. Incluso vi como sonreía al ver a un flamenco coger a su cría y llevarla a comer. No era una bestia, Era un girasol escondido entre miles de arbustos de mora espinosa.         Al ver eso solté una pequeña sonrisa, mientras me paraba de la mesa para ir al baño.                    —Ya vengo Zack voy al baño, espérame.                                                                —Está bien…             como pude me acomode el vestido que tenía, para que no me viera el trasero por lo corto que estaba. Mientras él seguía esperándome fumando.                                                                                                              Camine hasta el baño, me metí en el, y lave mi cara, mientras me corregía el maquillaje que se me había corrido. Escuche unas voces en el pasillo, pero no pude entender lo que decían. Pasaron corriendo por ese pasillo mientras que volvía el silencio a la casa. Finalmente Salí del baño y fui a sentarme en la mesa otra vez.            Por alguna razón no veía a Zack. Me acerque más, pero la luz del sol era tan intensa que no podía ver nada.        Llegue a la puertecilla para salir al corredor, fruncí el ceño por la luz solar que impacto de lleno en mí.   Y vi a Zack tirado en el piso. Casi como una gacela brinque a él.                       —Zack, ¿me escuchas? ¿Qué paso? —Le daba pequeñas cachetadas— reacciona. Ayuda —grite con todo lo que podía mi voz—  Ayuda. Mis manos temblaban de los nervios, Zack estaba desmayado y con una espuma de color blanco saliendo por su boca. Grite continuamente hasta que alguien se dignó ayudarme. El hombre que me había recibido, llego rápidamente con dos gorilas más.                                                                                        —¿Que pasa señorita?                                                                                                       —Fui al baño y cuando regrese, Zack estaba en este estado.                                    —Charlie, me dicen que hay intrusos en la hacienda. —el hombre de atrás le dijo eso al que me recibió—  Búsquenlos, esto debe ser acto de zorro blanco.       —Miro a la mesa— ¿Qué estaban bebiendo?                              —Té. Conteste toda asustada, Charlie se acercó a la mesa, cogió la pistola, y olio a la taza de Té en la que bebía Zack.                                                  —Esta envenenada. Hay que llevarlo a la clínica del pueblo.                                  Charlie agarro en sus hombros a Zack, y se lo llevo como a un costal de papas. Señorita sígame a la camioneta, y llame a Alexis. Él la llevara de nuevo a su casa, póngase segura en estos momentos, porque ahora la hacienda no es segura.                                                           —Pero ¿quién es zorro blanco Pregunte mientras cogía mis muletas.          —Él es el peor enemigo de Zack además el juro que mataría a mi jefe. Por ese se debe ir, esos hombres son unos matones, hasta usted corre peligro sin estar involucrada en nada. Hágame caso, cuando Zack, este mejor le diré a Alexis que la busque y que se vean, pero por ahora vallase y póngase segura en su casa.                                                                                                   —Si pero cuida a Zack, él me estaba esperando. Le prometí que regresaría.                                                                                                                                    —Tranquila él está en buenas manos. El hombre puso a Zack en una camioneta negra menos lujosa y arranco a toda velocidad, casi que volando y dejando polvo como un huracán, tanto que me hizo toser un par de veces. Jhony llego rápidamente en otra camioneta y abrí la puerta                            —Sube rápido es peligroso estar ahí. Corrí como pude con las muletas y me puse en el asiento. La verdad estaba más que sorprendida lo peligrosa que era esa hacienda. Termine de subir al cacharro y Jhony piso en acelerador como loco, me fui hacia atrás un par de veces. Mientras que miraba por la ventanilla, y escuche las capsulas de balas disparándose, en ese momento pensé: Esto se salió de control…                                  
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