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1711 Palabras
            Alexis conducía como loco por la carretera. Mientras nos alejábamos de aquel lugar plagado de balas y muertes, las palabras de Charlie tenían razón si estaba en esa hacienda, así no fuera una integrante de su equipo de trabajo me hubieran matado, eran demasiadas emociones en un solo día. Balas, Sentimientos muertos, nostalgia, amor, miedo. De verdad es que no me quedaban ganas de repetir otra cosa de esas.                                                        Después de un rato de silencio, soltó una risa característica de él, que inundo la camioneta de fuertes carcajadas.                                                                 —Pero que buena cosa, hasta parecía escena de película de acción.            —No bromees con eso, casi me da un infarto. Cruce los brazos mientras fruncía el ceño. —Tranquila Zack estará bien.                                                                                              —Eso espero muchachote. Recordé que tenía que verme con Sebastián, así que saque el telefonillo, la hora marcaban las 3:20 de la tarde. Y nos íbamos a encontrar a las cuatro              —Alexis puedes llevarme a esta dirección. —le pase el teléfono a Jhony— Es importante. —Claro baby, como tú digas yeah. Así el inmaduro de Alexis volvió a pisar con todo lo que tenía el acelerador y nos fuimos a la dirección de la casita.                                                                                                                                        Ya el sol era menos sofocante pero de verdad estaba en su punto mientras que por los vidrios de la ventana miraba al horizonte pensado en él. Y quien más iba  a ser, sino el príncipe de Sebastián. Alexis me dijo que habíamos llegado al lugar que indicaba el mensaje, pero lo único que veía desde la camioneta eran árboles, y un riachuelo. Abrí la puerta y me quede viendo esperando a que Sebastián llegara. Pero nada pasaba en aquella carretera vacía. Mire el telefonillo a ver si es que era otra dirección la que me había dado.                                               Pero hasta el GPS del carro me dijo que era ahí.                                                     Me parecía increíble que Sebastián me hubiera dejado plantada, no era propio de el. De seguro le estaba pasando algo extraño de verdad. Volví a subir a la camioneta.                         —Vámonos, el no llego.                                                                                                       —OH estabas esperando a alguien. Y ¿a dónde te llevo?                           —A mi casa por favor… el celular de emergencia sonó, Alexis ya había arrancado.          —Espera. Casi que grito. Jhony paro la camioneta de golpe. Mientras abrí el mensaje. Que llego.           “Baja de la camioneta y cruza el árbol. S” Sebastián me había mandado un mensaje, pero donde estaba yo no lo había visto.                                                           “Tengo muletas no puedo sal de donde estas M.”    Mande un mensaje para ver donde estaba escondió. Mientras que me mensaje aba con Sebastián Alexis se arreglaba al espejo.  El tono del celular sonó nueva mente.                                                                     “Voy a buscarte pero baja de la camioneta S”                                             Baje de la camioneta y puse las muletas en la carretera, esperando a que Sebastián saliera de donde estaba. Espere unos minutos, pero él no llegaba mis labios casi que se mordían de la rabia.                                                          —Crack— un ruido entre los arbustos sonó y me asuste, alerta de cualquier animal, me a un costado de la camioneta. Mientras miraba alrededor buscando a Sebastián.                — ¿Que estás buscando? —Voltee rápidamente— Estoy aquí. Alzando las manos e inclinando la cabeza Sebastián había llegado por detrás. Y sin darme cuenta ya me tenía abrazada.                                                                                  — ¿Cómo estas fortachón? Con una sonrisa me acurruque entre sus largos brazos.           —Si te estoy viendo estoy bien, ¿y tú Castaña?                                                      —Estoy muy feliz de que estés aquí conmigo. El chico apretó sus brazos contra mi barriga y acercándome a su cuerpo me dio un besillo en la frente, el miedo e intriga ahora solo se ponían de color rojo, y me decían que iba a ser una noche inolvidable.                                   —Vámonos a nuestro “Lugar secreto” —Miro atrás por encima de su hombro— Dile a Alexis que estás conmigo para que se vaya.                                           —¿Sabes quién es él?                                                                                                           —Trabajaba con Mr. Vicente, además era uno de mis más allegados amigos.                    —Pero no quieres ir a saludarlo.                                                                              —Ahora estoy contigo, es mejor esperar. Además no creo que  quiera hablar a estas horas de cómo ha sido nuestras vidas. Yo me separe de los brazos de Sebastián y fui a la ventanilla de la camioneta. Alexis estaba peinándose en el espejillo de arriba del vidrio. —Alexis me puedes dejar aquí, alguien me va a llevar a mi casa desde aquí. Gracias por todo.                                                                                                             —Está bien señorita, —Miro por el retrovisor—  ¿Qué? ese maldito ¿No será? El hombre de cabello rubio e bajo de la camioneta con ansias de ver a quién me iba a acompañar. Camino a paso apresurado mientras que se subía las mangas del traje. Seguro que iba a terminar mal.                             —Espera Alexis él es…         —Alexis agarro a Sebastián por el cuello de su camisa— No espera. Grite desesperada por evitar una tragedia.          Y Salí corriendo en su rescate.         ­—Pero cuanto tiempo  hermano. —Alexis abrazo a Sebastián— ¿Cómo te trata el viejo? —En hora buena hermano, —Sebastián se rasco la cabeza— pues bien, pero es más cascarrabias que antes, ya sabes la edad.                                              —Ha ha, ha, pero bueno así es la vida. Yo boqui abierta no sabía lo que pasaba, pero decidí llevar la corriente porque no me gustaba el hecho de estar metiéndome en casa conversación que tuviera Sebastián con sus conocidos.                                                    La verdad ellos se conocían desde hacía mucho tiempo. Y hablaban como si fueran hermanos más que conocidos. Sebastián me hacía señales con los ojos para que yo le dijera que se fuera a cocinar papas, o a lo que quisiera. Pero nunca dejo que se viera el interés que tenía en quedarnos a solas. El impresionado de Alexis no quería soltar a Sebastián después de haberlo visto, hasta en ocasiones ponía los ojos algo llorosos. Me recordaba aquella escena bizarra, aquel incidente que paso en mi familia el día que mi madre no quería follar con mi padre, y entonces el formo un escándalo del carajo, excusándose en usar el vino de alguna licorería de las mejores de Francia para elaborar todo un infame numerito de teatro. Deje escapar una risilla mientras que ellos me miraban fijamente.               —Oigan saben que se parecen a dos niños peleando por una golosina.       Ellos me miraron casi que paralizados por lo que había dicho.                 —Disculpe usted Señorita. El empezó —Señalo con el brazo a Sebastián—                                                                                 — ¿Que yo? Si tú te bajaste de la camioneta buscando pelea.                                —Ya cálmense los dos. Alexis ya te puedes ir, Sebastián me va a llevar a casa, pero antes vamos a conversar de algo importante.                               —Como usted desee Señorita —Con toda elegancia se despidió de Sebastián y se fue a la camioneta— Nos vemos amigo cuídate —Grito antes de entrar a la camioneta— Cuídense. Por el cristal del coche nos dije aquellas palabras mientras que se iba alejando por aquella vieja carretera que casi nadie frecuentaba. Despidiéndonos con ambas manos, vimos como la camioneta se perdió en dirección al sol… Mire a Sebastián y el me miro.              —Cuanto tiempo no.                                                                                                —Solo fueron un par de días tontito.                                                                      —Para mí fueron eternos. —El chico con una sonrisa me robo el corazón una vez más— Tengo que contarte algo importante. Mis oídos y mi sonrisa también se fueron al caño cuando escuche esas palabras.                               —Yo también, pero prométeme que me vas a hacer caso.  Yo con toda mi confianza del mundo.           Dispuse a contar todo lo que me había pasado ese día infame y larguísimo.                                                                                             —Lo primero y más importante, y También complicado. Mis padres quieren alejarte de mí, porque me quieren cazar con el hacendado Zack.                     —Sebastián casi se le salen los ojos por las cuencas— Pero hable con Zack, y él no quiere casarse conmigo.                                                                             —Oye hablemos de esto en la casita abandonada. El me llevo por unos árboles, su mano estaba conectada con la mía y me guiaba entre los bastos escondrijos de maleza. No dijo ninguna palabra pero sé que estaba un poco cansado porque sus jadeos indicaban lo mismo. Bajamos una pequeña colina y él me tuvo que cargar, me pego con fuerzas a su pecho caliente por el sudor y su esfuerzo.            Después de pasar unas rocas gigantescas, y caminar por encima de un pequeño arrollo. Llegamos finalmente a la casita que Sebastián me dijo La casita estaba a un lado de un pequeño lago, y los rayos del sol adornaban de rojo carmesí todo el ambiente, la verdad no había visto nada parecido en mi vida, y como una joya en una mina, este pequeño paraíso se encontraba pasando un infierno, el lugar perfecto para encontrarnos, nadie que no supiera el camino,  podría llegar ahí y si llegara tendría que pasar por unos obstáculos que dejarían agotado a algún intruso. Y todas las ventanas de la casa, estaban apuntado al caminillo real, ósea que cualquiera que intentara seguirnos iba a ser localizado muy fácilmente.                   Sebastián me bajo de sus brazos en el pequeño jardín de la casa, yo me senté en el pasto, que estaba sutilmente cortado. —Es bellísimo aquí Sebastián, quedémonos para siempre. —Nos descubrirían algún día. Además tus padres te buscarían, se ellos piensan que soy una mala influencia, me pueden demandar, hasta poner una orden de restricción.                —Yo los convencería de, que tú no eres como dicen, además si ellos no quieren que estemos juntos, no me importa, solo me escapare contigo en la moto y nos iremos lejos. Él se senté viéndome fijamente, mientras con un lento movimiento puso su mano derecha en mi cachete acariciándome con mucho cariño.                                                                    —Las cosas no son tan fáciles, o tan siquiera no para mí.   —bajo la cabeza— pero igual no me van a separar de ti, no te voy a soltar tan fácilmente. Pero dime ¿sientes el mismo sentimiento que yo siento en el pecho? Sebastián con voz firme pregunto algo que yo no quería responder en esa situación.                                                                          
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