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2607 Palabras
            Mis padres todavía no llegaban, eran las cuatro de la tarde, no había ni rastro de ellos. Me estaba empezando a preocupar, sabía que si estaban tomando, se iban a descontrolar las cosas. Y yo que estaba en ese estado de impotencia, no podía salir a buscarles. Escuche el ruido de un motor, > dijo mi mente absorta mientras que me paraba con ayuda de unas muletas que ahora eran mis mejores amigas. Me asome a la ventana, y una sonrisa se plantó de golpe en mi rostro.  No era mi familia, sino el chico más bello del pueblo. Sebastián.                                                          —Michelle estoy abajo, abre la puerta. Soy Sebastián. El indiscreto chico, miraba alrededor de la casa, pero como no veía nada creía que no estaba nadie. Sin más abrí la ventana y grite: — ¡Aquí estoy bebe!, ya bajo a abrirte. Sebastián rápidamente miro hacia arriba, mientras que me saludaba con sus brazos, moviéndolos de arriba abajo. Con toda la velocidad que tenían las muletas baje las empinadas escaleras, y cogí las llaves de la mesita de la sala de estar, y abrí la cerradura.                                       Y ahí estaba el, con su vista perdida en el tiempo, como si pensara en salvar a la humanidad, no más bien como si fuera un protagonista de Telenovela. La verdad no sabía cómo un hombre podía ser tan atractivo, no solo físico sino emocional también. Él Tenía todo lo que una mujer necesitaba, Modales, Etiqueta educación, valores, hombría, un Tarsero que también podíamos apreciar al máximo. Con un dulce y cálido abraso me saludo,                                                                                                                                        —Perdóname que no vine a verte estos dos días, es que he estado ocupado con el trabajo. —Se rasco la cabeza— Pero ya vine  que es lo importante, ¿Cómo estas de la pierna? —Pues estoy mejor, además ya puedo moverme con más libertad, Pero estoy un poco enojada, porque no me viniste a visitar, —Cruce los brazos cerré los ojos e hice un puchero—                                                                             —Discúlpame, pero también tengo algo importante que contarte y que te va a impactar.—Sebastián se quitó el sombrero de cuero—  y es algo peligroso.                                                                                                                                      La mirada fija de Sebastián me decía que lo que iba a pasar en el pueblecillo no era lo mejor del mundo, y a muchas familias se le veían  involucradas en el asunto. Paso una cuantas horas y entre historias y alguno que otro jueguito con las manos de ambas partes.     Esperamos a que llegaran mis padres. Eran ya como las diez de la noche y aun nada, que pudiera darme señales de vida de ellos, además mis amigos no tenían carga en sus celulares para hacerles una llamada. Sebastián me cogió entre sus brazos para parar mi angustia, que ya era obvio que había notado.                                                                                                        —Tranquila ya vendrán solo estarán tomando unas copas, además el pueblo no es peligroso. Con una sonrisa cálida el frio que había en el porche de la casa            quedo hecho polvo y me dio esperanzas en mi caótica y extremista mente. En el peor de los casos estaban borrachos en algún bar, del pueblecillo. Tampoco es que hubiera ladrones en el campo.  Y pese a todo ellos eran como siete y estaba acompañados por los vecinos. Si ellos estaban bien yo solo estaba exagerando.                                                                           —Si es verdad estoy exagerando. ¿Cuéntame sobre tus padres? ¿Cómo son ellos igual de locos que los míos?  El chico de cabello castaño miro con nostalgia el vaso que sostenía entre las piernas. Y después de un amplio suspiro me respondió la pregunta aunque antes había un silencio abrumador. Yo pensaba que tal vez había metido la pata hasta el fondo. —La verdad, es que no tengo padres, —Sonrió sin pena ni gloria— cuando era apenas un bebe, aquella persona que me pario quien se hacía llamar mi madre, me llevo a la hacienda de Mr. Vicente.—se llevó las manos al pecho— Ese señor me atendió como a su propio hijo. Cuido de mi cuando era un chico, me dio de comer, y cuando era una adolescente me llevo a la secundaria, después de eso termine mi bachillerato en una institución a las afueras, por eso estuve ausente como dos años.                      Después regrese a la hacienda, me recibió con un fuerte abrazo, yo había cambiado demasiado, ya no era el mismo chico flaquillo que se había ido a la ciudad, —bebió un poco de café que quedaba en el vasillo   —Regrese como un hombre, me asenté después a hacer los trabajos de la hacienda, ya sabía que necesitaba ayuda, y los obreros también me lo habían pedido. Pero con lo que aprendí en las afueras me bastaba para ayudar. Lo que quiero decir es que él me ha tratado como a un padre. Y aunque desconozca a mi familia biológica el me crio, así que le tengo mucho cariño —apretó el puño— Y te juro que le ayudare a mantener la hacienda cueste lo que cueste, porque esa fue mi casa, y a los trabajadores los considero como hermanos. Aunque no sé si tenga hermanos biológicos, es una tortura no saberlo, porque puede que estén a mi lado y no sepa que están allí.—Se pudo las manos a la cabeza— además si tengo una hermana debería cuidarla. Yo lo agarre entre mis brazos y le di un fuerte abrazo, mi pecho quedaba al nivel de su cara, y entre  ellos el castaño reposo su cabeza. Mientras agarraba mis brazos con los suyos.                    —Oye pero no piensas seguir Estudiando ¿No vas a ir a la universidad? Pregunte mientras que estábamos abrazados. Él se apartó un poco de mis brazos y movió su cabeza fuera de mi pecho, alzando la mirada solo dijo:­—Voy a estudiar en la universidad en que tu este, para pasar más tiempo contigo.                                                                         Sus ojos brillosos se posaban en mi mirada, y por un segundo el mundo dejo de girar, el viento dejo de soplar y el silencio estaba más indómito. Yo mirando sus labios y el mirando los míos. Mientras que el calor de nuestros cuerpos de complementaban tal vez la noche seria testigo de la complicidad de nuestras miradas, que iban a terminar con una sonrisa sistemática, al calor de la fogata y la pasión de sus manos.                         Él se aferró más fuerte a mi cuerpo, y yo no lo evitaba cada vez que me pasaba las manos por algún lugar, un frio espasmo se cundía en mi cuerpo delicado. Mientras sentía sus músculos encima de mi cuerpo, ninguno de los había dicho ni una sola palabra, pero sabía que en su mente lo único que había era mi persona. La verdad no sabía si él iba a tomar la iniciativa o si yo solo debía quedarme así. Pero él se fue a mis labios mientras la brisa se hizo más fuerte, mi cabello ondeaba como una bandera, y muchos  de esos pequeños lienzos de pequeños pelos quedaron atrapados en mis labios. El con suavidad los aparto de mi boca, sin más él se  acercó a mis labios, y yo sabía lo siguiente que pasaría. Solo cerré los ojos mientras esperaba que mis labios fueran profanados con la lengua de aquel corsario de papel. Él se tomaba su tiempo mientras que la intriga subía en mí, había pasado unos segundos y aun no sentía nada, seguro se había arrepentido de pegarme un beso por que parecería raro, que apenas unas semanas de conocidos y yo nos pegáramos besos.                                    Abrí los ojos un poco decepcionada y sin más él estaba enfrente de mí casi rosando mi boca. Los ojos casi se me salían de las cuencas, pero volví a cerrar mis infames cuencas. Y cuando casi llegábamos al punto del beso…     El claxon del carro del vecino sonó, y con un brinco me separe de Sebastián, yo le di un pequeño empujón. Y él se pegó por la cabeza, —Lo siento. Dije mientras me levantaba lentamente a buscar las muletillas. —Tranquila, además me debo ir, por que tus padres llegaron, y estabas sola, sería raro que nos encontraran aquí, imagínate lo que pensarían.        Las palabras de Sebastián eran completamente correctas. Así que bajo los pequeños escaloncillos del porche, pero antes de que llegara al último…                                            —Sebastián espera. Dije con vos fuerte.                                                                 — ¿Dime Chica? ¿Hay algún problema? Sin más me encime a él, y le di un besillo en la frente acompañado de un acalorado abrazo.       El chico quedo impactado de la nada. Y son una sonrisa, me dijo: —Gracias. Nadie me había hecho eso. Giño el ojo y a paso apresurado se subido en la moto, para salir de la casa, antes que mis padres llegaran. Como el zorro el jinete se iba a la aventura mientras que la doncella esperaba en casa su regreso. Capítulo 9: Zack el Joven Hacendado  Que en este caso era mañana a las cuatro de la tarde y con ansias lo esperaría asomada en la ventana.                                                                                        Mis padres entraron por la puerta grande y en menos de dos minutos, ya los estaba viendo acostados en las camas, y muriéndose de la borrachera que tenían, mi padre solo hablaba de lo grandiosa que era la montaña y que para mí habían sorpresas mañana.                                          Alejandra estaba más que agotada y subido rápido a la ducha para irse a dormir. Mientras que Pedro ponía a cargar la cámara, porque me tenía que mostrar toda la travesía que habían recorrido según él. “Me iba a sentir como si estuviera en la Montaña” yo solo le di una pequeña sonrisa y después de eso me fui a la alcoba de arriba para pensar en que iba a hacer con Sebastián, que se había metido más en mis pensamientos.             Ya era de mañana y después de haber dormido unas pocas horas, el vómito de Pedro con la resaca de Alejandra solo me decían que iban a pasar el día tumbados en la cama. Mientras que mama, estaba haciendo el desayuno mío y de mi padre. Baje a la cónica y me senté en la mesa, esperando mi omelét de huevo. Por detrás de mí llega mi papa, cargando una maleta gigante, de papeles que tenía que completar.                                     — ¿Trabajo? Pregunte con una ceja arriba.                                                              —No solo papeleo un poco aburrido.                                                                      — ¿Y no van a salir hoy? Pregunte creyendo que se iban a emborrachar otra vez.             —No hoy viene Zack. —Papa se quitó los lentes de lectura— y tienes que vestirte bien.                                                                                                                       —¿Quién es él? —Pregunte absorta en el nombre de extranjero que tenía ese hombre— Además ¿porque tengo que vestirme bien?                        —Solo hazlo y no me desobedezcas. Y hoy no quiero verte con ese vaquero de cuarta que te salvo.                                                                                          —No me prohíbas a quien ver o a quien no.                                                —Soy tu padre, lo puedo hacer.                                                                              —Pero es mi vida.                                                                                                                —Ya Te lo dije, no quiero a ese vaquero de pacotilla, esta tarde aquí.        —No creas que me has dominado.                                                                          —¿Quieres guerra hija?          Sin responder la tonta pregunta que hacia mi padre Salí a toda prisa a mi habitación a buscar el celular para llamar a Sebastián, solo para ahorrarle problemas a él, no por mí, ya que estaba dispuesta a dar guerra, yo era más terca que una mula. Y mi padre no me iba a doblegar, él no podía reprimir lo que mi corazón me decía. Si querían ver una guerra cruel, pues la iban a tener, nadie mi iba a quitar ver a Sebastián, y además a mí no me amenaza nadie.                                                                                                                                              *             El celular de Sebastián sonaba sin cesar, él estaba aún dormido aprovechando el día de descanso que le había dado Mr. Vicente pero sin clemencia el celular sonaba y sonaba, con un estirón de brazo agarro de la mesilla de noche el celular, y con la cabeza en la almohada respondió.                        —Diga…                                                                                                                              —Sebastián,                                                                                                             —Hola Michelle ¿Cómo?…                                                                                     —Paso algo malo, no voy a poder verte hoy, no vengas porque puede que haya problemas, pero yo te cuento en la noche todo lo que paso, cree en mí, confía por favor.                      —Pero estas bien.                                                                                                                 —Sí, si, solo que paso algo con mis padres, hoy no vengas yo te llamo en la noche bebe, cree en mí.                                                                                                    —Está bien, pero si pasa algo avísame porfa, cuídate.                                            —OK, nos vemos mañana Sebas. El chico tranco el teléfono, y después de eso se puso la almohada arriba de la cabeza y siguió durmiendo.                                                                          *             La cabeza me estaba dando vueltas por esta situación. Un chico que ni conocía iba a venir a la casa a ver a mis padres y tenía que vestirme bien. Porque pasaba esto, si solo eran unas vacaciones. Además pedro estaba detrás de mí con la cámara para arriba y para abajo, intentándome de mostrar unas fotos de la montaña pero yo no le prestaba la más mínima atención. Yo en un intento desesperado, por despegarme de él, me metí al cuarto y cerré la puerta con cerradura.                                                                              El no tardo nada en insistir, y toco dos veces la puerta, pero yo estaba agotada ya de esa actitud. Así que lo deje pasar, y lo senté en la cama.                                                  —¿Qué es lo que quieres? Pregunte con las manos en la cabeza, y un dolor intenso de la misma.                                                                                               —Que veamos estas fotos Amiga.                                                                           — Déjalas ahí, —señale la mesa de noche con el dedo índice— yo las veré después.       —¿No puedes ahora? Dijo pedro mientras inclinaba la cabeza >                                       —Tin tin tin­—  El timbre de la caza estaba más que saturado, creo que mama fue la que abrió la puerta de aquella persona tan apurada. Pero mi padre grito después llamándome. Deje a Pedro en la habitación con todos los ´problemas que conllevaba él. No era nada personal pero es que ahora me caía en mal tiempo  tener a dos hombres detrás mío.                             Baje las escaleras a toda la velocidad que daban mis muletas, las escaleras empinadas, me hicieron para un par de veces, mientras que me acercaba escuchaba la voz de alguien que no había conocido nunca, era una persona desconocida para mí. Que hablaba con total confianza a mis padres e incluso se echaban sus buenas risas.                                                                    — ¡Ya estoy aquí padre! Todos en la sala me vieron llegar, y un chico como de mi edad, estaba sentado en perfecta postura, con una pierna encima de la otra, y ropa muy elegante, combinado con un sombrero de vaquero  color n***o, y unos ojos azules claros.                                                                  —Qué bueno que bajaste hija, él es de quien te quiero hablar, —Señalo con los ojos al joven— El hacendado activo, más joven de toda la región, Zack Fernández. Papa le dio una palmada en toda la espalda, y el chico solo se levantó y sonrió carismáticamente.                                                                     
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