Después del accidente que había tenido con el auto de mis padres, y la pierna dislocada, ellos me pusieron un castigo casi que irreparable, y mis días iban a terminar pasando entre las sabanas de mi cuarto, y las críticas de mi amiga Alejandra, que aún estaba traumada por lo que había hecho. Pero la única hora buena era, cuando aquel chico que se Llamaba Sebastián llegaba para visitarme en mi recamara. Al principio tenía algo de pena con lo desordenada que era mi habitación pero una semana seguida después. Ya éramos casi confidentes, que se conocían desde hacía años.
Ese chico me tenía pensativa, la verdad creo que lo conocía de otra parte, pero no lo recuerdo bien. Solo tenía pensamientos distantes que había perdido, recuerdos que de verdad no podía recrear al pie de la letra. Aunque pese a todo ese misterio, solo provocaba un chisporroteo en mi corazón. Una pequeña sonrisa que vacilaba en mis sentimientos, algo que no sentía desde hacía mucho tiempo. Hasta me había olvidado, de Felipe, pero le doy gracias a él, porque si no jamás hubiera conocido a Sebas… —Junte los hombros— cada vez que el venia me sacaba una sonrisa, y hoy iba a ser igual porque ya eran las cuatro y treinta y escuche el escape de la motocicleta que conducía.
Unos pasos retumbaban en el piso, mientras yo me sacudía la ropa y me medio arreglaba.
— ¿Estoy bien Alejandra?... pregunte a mi amiga que estaba perdida en el celular escribiéndole un mensaje, a su novio. — Si. Miro de reojo unos segundos, pero no despego del celular ni un mísero momento.
—Ya sabes debes Salir mientras que yo estoy hablando con él. Apunte el dedo índice a la gran cara de desánimo que tenía mi amiga, que ya me estaba arrepintiendo el hecho de haberla invitado.
— ¿Puedo pasar Michelle?... soy Sebastián.
— Llego… llego… Salte de aquí Alejandra, dije mientras estaba nerviosa y emocionada.
—Bueno amiga. Alejandra abrió la puerta y casi tropieza con el pecho del chico, mientras que el vacilaba buscando verme, mientras que lo hizo, lo único que pude contemplar fue unos ojos bellos, que eran oscuros y me decían: Te quiero. Sebastián aparto a Alejandra, casi que empujándola, para pasar a mi dormitorio. Con una seña y una deslumbrante sonrisa me saludo con un pequeño beso en el cachete. — ¿Cómo estás? Yo acaricie sus antebrazos, que estaban más que quemados por el sol, además muy duros y rígidos.
—Muy bien, Y ¿tu?
—Si estoy viéndote Estoy bien. —Solté una pequeña mueca de alegría mientras me encogía de hombros—
— ¿Tuviste que pasar por mucho trabajo hoy?
—No además no me importaría, trabajar mucho, porque después vengo a verte y me renuevo. Me siento nuevo.
Eso a cualquier chica del mundo la haría gritar, pero yo me contuve, mirando a la estructura de la cama, porque si miraba sus ojos, seguro que me iba a derretir. Sin más él se acercó y con sus manos poniéndolas en mi barbilla elevo mi rostro a la posición del suyo. —Déjame ver esos bellos ojos. Incline un poco el cuello y me deje llevar por los encantadores ojos de aquel muchacho, que estaba sudoroso cansado, quemado por el sol, pero que era bello.
Se sentó en la sillita que había a un lado de la cama, y busco entre sus bolsillos una algo, frunció el señor al no encontrar aquella cosa, que estaba buscando. —¿Estas bien? Pregunte preocupado por su situación.
* > pensaba el muchacho, y buscaba en sus bolsillos aquella golosina que había comprado en el pueblecillo para dárselo a la chica. De repente saco de sus bolsillos una chupeta, y alzo la mirada a Michelle, en ese momento quedo flechado por completo, cuando vio a la chica arreglándose el pelo con determinación, mientras pasaba un mechón de cabello por detrás de la orejas, con rubor en sus pómulos y ojos brillosos.
—Te vez muy linda. La chica soltó una sonrisa mientras jugaba con sus manos.
—Gracias.
*
Sebastián me dio un obsequio, una chupeta un dulce que viene en un palillo. No me esperaba que lo hiciera, solo sonreí y viví el momento, la verdad no me esperaba eso de él. Pensaba que era más del tipo bestia, que no le importaba los demás, pero cada día aprendía algo nuevo de él. Solo sabía que entre mirada y mirada algo pasaría. Pasamos así dos horas conversamos de tantas cosas que ni me acuerdo, tonterías y pánico al ver que dando un pequeño tour por mi cuarto casi, descubre mi diario y lo más importante. El cajón donde guardaba mi ropa sexy una colección de Hilos, que me quedaban de lo mejor. Poco después de eso con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo, se fue en su moto para la casa de su hacienda.
*
El chico llego tarde a la hacienda de Mr. Vicente así que este se preocupó, por donde estaba o que hacia tanto en el pueblo si una semana antes, decía que la vida social solo era basura para él. No sospechaba en que estuviera en algo malo, porque era un muchacho súper correcto, pero si quería saber a dónde iba cada día por la tarde con puntualidad.
Aprovecho el momento en que Sebastián se bajó de la moto, mientras que camino un poco para saludarlo, con la espalda recta y manos atrás de su espalda, el señor llego al estacionamiento de la hacienda.
—Hola Sebas, ¿A dónde Fuiste?
—Hola Mr. Vicente. Creo que debemos de hablar sobre algo. —Se quitó el casco— Vamos a su oficina o a mi cuarto es lo mismo…
—Así que solo era eso. —Sebastián con una sonrisa afirmo con la cabeza— Pues en hora buena. Ya era hora. De ellas me hablabas cuando llegaste hace una semana diciendo que habías rescatado a alguien. ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha!
—Lo peor es que creo que ella también siente lo mismo. Porque cuando nos vemos todo es bello y de color y luego cuando no estoy con ella todo es gris y aburrido. Me entiende.
—Calma muchacho, La vida se lleva poco a poco. Además no es cortes que andes con apuros además, hablando de una dama, más aun. ¿Cómo se llama?
—Ella se llama Michelle y es la persona más bella que he conocido en mi vida Mr. —se puso las manos en la cabeza—
—Llévalo con cuidado porque puede pasar de todo. Y… usa protección. —Oiga ella es una dama, no una cualquiera… además estuviera brincando en una pierna, por la alegría.
—Ha este Sebastián sí que tiene cosas. Con que enamorado. El chico refuto.
—No… enamorado no, solo estoy algo atraído— Sebastián desvió la mirada del interrogador Vicente—
— A mí no me engañas muchacho, eso es amor.
—Tal vez Mr. Vicente, pero quiero decirle algo. El viejo solo frunció el ceño y paro de reír.
— ¿Que será Muchacho?
—Dígame la verdad ¿la hacienda está en números Rojos? La mirada del chico era profunda y sin piedad clavo los negros ojos en su amigo más fiel y que sospechaba que le estaba ocultando algo. Pero el viejo sabía lo que el muchacho no, y vacilo en su respuesta.
—Oye pequeño Niño sí que eres intrépido. La hacienda está bien.
—Alzo la mano haciendo una señal— Tranquilo mejor vete a dormir.
— Mr. Vicente pero… Sebastián inclemente interrumpió al viejo.
—Nada chico, vete a dormir que ya es tarde. Con una sonrisa el viejo se perdió entre los matorrales alzando la mano y despidiéndose de su viejo amigo. > La mente de Sebastián estaba preocupado por la situación que estaba pasando la hacienda en donde se había criado. El muchacho se metió al cuarto donde dormía y espero que fuera más tarde entre pensamientos difusos de los problemas que traía la nueva sanción del gobierno. Se llevó las manos a la cabeza y entre ellas cerro los ojos pensando en su pequeño alivio que era Michelle.
Capítulo 5: Esperando **
—Este chico es inteligente… más vale se había tardado mucho en sospechar por qué habían tan pocos empleados. Mr. Vicente se dirigía a su oficinilla a conversar con su capataz sobre lo que haría con la hacienda, la gran hacienda estaba pasando una crisis y si no la resolvía muy pronto llegaría el embargo.
Llego a su oficina y abrió la puerta, dentro de ella esperaba un hombre con sombrero cordobés bien vestido con ropa elegante. Mr. Vicente Frunció el ceño y camino lentamente a su escritorio donde guardaba papeles importantes. El hombre que esperaba a su anfitrión solo subía y baja los dedos de las manos en el manillar del asiento donde estaba. Impaciente por que para el tiempo le valía oro.
— ¿Cómo estas Vicente? Te veo bien viejo amigo —Con sarcasmo el hombre estrecho la mano de Mr. Vicente— Estas todo listo para que me vendas la hacienda…
**
*
El muchacho se fue con discreción a la pequeña oficinilla en donde estaba Mr. Vicente. Escabulléndose entre las sombras cual ladrón, pasando entre las sombras pudo llegar a la ventanilla que atestiguaba todo la Ilíada que sucedía, en esa habitación que movía grandes acciones. Sin más Sebastián pego sus orejas a las rendijas del marco de las ventanas para poder escuchar lo que decían.
—te venderé la hacienda por la suma que está en el papel.
> pensó, mientras se acercaba más a la junta del marco.
—Está bien, que así sea, tendrás el cheque en unos días, yo volveré para firmar los papeles.
> Sebastián Hizo un movimiento brusco y el vidrio de la ventana sonó con un alto estruendo. Sobándose la cabeza salió corriendo a su habitación para que Vicente no se enterara de que era el, quien estaba espiando.
Logro escaparse aunque había visto la silueta de alguno de los dos hombres asomarse por la ventana. Cuando llego a su recamara se acostó en la cama y suspiro de la gran carrera que dio.
—Demonios tengo que hacer algo, no voy a dejar que la hacienda se valla al caño. Ese día había sido muy cansado y solo cerro los ojos, y recostado en posición de cruz aun con las notas puestas se echó a dormir.
*
**
— ¿Dime Vicente? Aquí hay ladrones.
—No eso solo fue el viento.
—Pues ese viento me pareció más a como un hombre.
—No, te aseguro que solo fue un viento.
—Espero que así sea, porque no tolero a los ladrones,
—Le mostro a Vicente una pistola—
—Te aseguro que solo fue la brisa.
—Bueno viejo amigo, si tú lo dices lo creo. Ya me voy que estoy algo cansado, ya sabes la edad no perdona, Nos vemos Vicente
—Nos vemos Raúl. Con una estrechada de mano El hombre de ropa elegante se fue, para su casa, sabiendo que esa tierra iba a ser de él, en pocos días, pero lo que no sabía era que ese “viento” que lo había distraído iba a ser hasta lo imposible para que eso no pasara.
—Estoy seguro que esa brisa va a ser muy problemática. Viendo las estrellas Vicente cruzo los brazos, encendido un cigarrillo, y después de exhalar el humo se hecho una risa.
**
Capítulo 6: Un dulce*
Había pasado dos días y Sebastián no venía a verme, me tenía preocupada, pero tal vez solo fue que estaba trabajando tanto que no podía venir, pero aun así estaba calmada, tampoco es que tuviera competencia en ese pueblo, sabía que yo era la más linda de esa región.
Mis dedos impacientes subían y bajaban en la mesilla de lectura que estaba a un lado de la mesa, únicamente me levantaba para pegarme a ver una película o para leer alguno de los muchos libros que tenía en ese cuarto, mis padres me quitaron el teléfono, y además me prohibieron salir de casa después del incidente.
Estaba sola en casa, mis amigos habían salido con mis padres a una excursión a las montañas. Con unos conocidos del pueblo, mis padres tenían muchos amigos en esa pequeña villa, ellos me iban a traer algún recuerdo de las amplias y solitarias montañas, yo por mi parte no iba a ir ese verano, ya que para que me quitaran el yeso de la pierna tenía que esperar al menos dos meses. Estaba condenada a mirar las letras de los libros que me acompañaban esperando a Sebastián que estaba tardío.
Una pequeña sonrisa se dejó hacer en mis labios cuando recordaba lo mono que se veía Sebastián cuando se ponía nervioso por hablarme. También tenía esos dos puntos en la cara que se le marcaban cuando reía eso me atraía mucho y hacían que me perdiera en un laberinto ese verano tal vez no iba a ser malo, porque cuando pensaba en él, apretaba fuerte mi almohada, y se me producía una chisporroteo en el estómago. Mientras se fundía una dulce sonrisa en la cara.
Capítulo 7: Secretos
*
El joven Pedro se concentraba en tomar todas las fotos necesarias que cupieran en la tarjeta de memoria de su cámara. Estaba decido de convencer a su amiga de lo bueno que podía ser el campo, y se esforzaba para que ella viera que también le gustaba. Desde que se sentaban a conversar largas historias en la universidad. Él había quedado flechado con la pequeña chica. Le haría ver que cada momento tomado con su cámara iban cargados de pasión y superación por parte de él, a ella.
Tomo fotos del paisaje de las montañas y las maravillosas vistas de lo alto del mirador, los padres de Michelle se quedaron atrás conversando de lo lindo que iban las vacaciones, mientras que Alejandra se escribía textos con su novio que tenía en la ciudad. Pedro se quedó mirado a las lejanías, en su mente un pensamiento que decía: > no se podía engañar le atraía desde hace mucho.
Pero nunca estaba dispuesto a revelárselo porque sabía que lo podía rechazar y para él, quedar fuera de lista. Era peor que un seppuko del antiguo Japón.
—Te tiene Loco verdad. Se acercó Alejandra mientras tomaba una foto al paisaje.
—¿Qué dices Ale… No seas tonta, sabes que no es para mí.
—Sus Padres te aceptan, Hazlo Solo arriésgate sino lo hacen te la pueden quitar. La chica puso su mano en el hombro de pedro.
Este suspiro y encogió los hombros, confiado vacilo la conversación. Además estaba claro de que ya dos hombres estaban detrás de ella, el súper deportista Felipe casi actor de modelo. y el sexy leñador que casi soltaba testosterona por los poros. Contra ellos estaba acabado. Dos panzer rusos contra un pato indefenso.
—Pero no te compliques, pedro sabes que ella no te va a hacer algo malo, y debes ser comprensible con lo que ella sienta. —Poso su mano en su hombro— la verdad es que ella es un poco despistada, y no ha captado que estas atraído, pero se dará cuenta algún día, solo ten Fe. Alzando su brazo haciendo la famosísima señal de la aprobación subía un poco la seguridad de Pedro que estaba socavado en el piso.
Pedro pensó un momento y viendo con claridad, la discreción estaba más que pérdida, y con una sonrisa nostálgica vio el cielo atraído por los perennes paisajes que esa tierra indómita que estaban explorando.
—Sabes, te voy a hacer caso, no me voy a rendir. Le hare ver que yo también puedo ser como ellos. —Apretó el puño— y cuando los supere me reiré de ellos en la cara.
—Oye tranquilo Rocky, poco a poco no vayas a hacer una locura, como esas de quinceañeros.
—Tranquila ya verás que la voy a emocionar, tomare las mejores fotos de esta montaña y la impresionare, aunque no haya venido la hare sentir como se estuviera en esta ladera.
El joven muchacho con brío, se esforzó por sacar las mejores fotos de las montañas y vistas, animales helechos, ríos, lagunas todo lo que pudiera ver, su cámara y el, uno solo que se fundía con la pasión de alguien que ama. Nada iba a detener al pequeño muchacho que estaba más que dispuesto a demostrar la valía de su nombre ante la chica que le gustaba. Alejandra solo se limitó a cruzar sus brazos y ver como Pedro iba de aquí para allá, a sacar fotos, aún no había descubierto el como el botón de la cámara no se había dañado.
*
Sebastián había terminado el trabajo matutino que siempre solía hacer, y después de tajar alguna leña para la hoguera de la fragua se fue a cambiar la ropa y bañarse, dispuesto a ver a Michelle, otra vez, porque había pasado dos días de intensos trabajos y no pudo verla en todo ese tiempo. Pero con paso decidido también fijo su mirad en la pequeña oficinilla de Mr. Vicente que había salido dos horas antes, y como ningún obrero tenia valor para entrar allí, se aprovechó de toda la situación.
Ya vestido con unos jeans negros y su Franela de recuadros azules y debajo de ella una camisa de algodón. También un collar de color dorado en el cuello se arregló muy preparado, tanto para ir a ver a Michelle, como para no dejar rastro que comprometiera la misión. La puerta estaba cerrada y como Mr. Vicente era demasiado confiado dejo las llaves de la puerta en una pequeña maseta que tenía un cactus.
Busco con parsimonia las llavecillas, después de escrutar la maseta con total cuidado de no espinarse, encontró las piezas de metal que abrirían el cerrojo. Acto seguido sin miedo aunque titubeante metió la llave en el picaporte, y sin más el giro. Abrió la estrecha puerta y lo primero que vio fue el escritorio, seguido de unos muebles bien tapizados con cuero de primera. En un esquina una mesa con una vinera, un pequeño bar, y muchas copas de vidrio. Los cuadros de la habitación eran contemporáneos, y a Sebastián le causaban curiosidad.
Sin más tiempo que perder se fue al escritorio cual tigre a su presa. Sintiendo la emoción de estar haciendo otra travesura divertida. En su pecho una punzada de adrenalina que lo hacia sonreír. Y además estar con los ojos más que abiertos casi afuera de sus cuencas. Paso por el pequeño bar y sin más se frenó de lleno. Miro para todos los lados y saco una botella. > en su mente esas palabras que retumbaban en malicia de la buena. En una de las tantas copas, se echó un trago de vino tinto que había sacado del bar: — ¡Uy! delicioso… exclamo meneando la copa y así sorbió otro trago del delicioso vino que tenía en la mano. Se acercó al amplio escritorio pero los papales estaban totalmente ordenados. En carpetas con nombres que solo el podía entender. Dudo en hacerlo, pero se sentó en la silla acomodando el trasero metido. Dio una vuelta en el mismo eje. Saco una sonrisa mientras sostenía con cuidado la copa de vino.
—Ahora si a buscar información. Abrió la laptop que estaba en el escritorio y la encendió, pero Mr. Vicente había puesto una contraseña que Sebastián no conocía. —Demonios, dijo mientras bebía más vino. Con un puchero vio las gavetas que estaban a un lado del escritorio e inclinándose un poco abrió la primera de arriba. De la oscuridad del pequeño cajoncillo, se dejó ver un sobre de color rosa, que estaba sellado con el logo del ministerio de tierras. Sebastián frunció el ceño. Tomo ese sobre y lo puso sobre la mesa, en esa gaveta también había unos cigarrillos que estaban por la mitad, Sebastián ignoro eso y después paso a la otra gaveta. Abrió con sigilo el pequeño cajón.
En esta habían bolígrafos acabados y otros que aun servían, reviso bien y no encontró más nada que pudiera ayudarle a su investigación. Siguió a la última lentamente la abrió. La oscuridad brotaba de ella, no había nada dentro de ella, pero este solo inclino el cuello a la derecha y metió la mano más adentro. Toco un par de veces, pero no encontraba nada, metió la mano más a lo profundo y toco algo frio y grueso. Era un metal.
—Sera una cigarrera. Sebastián frunció el ceño. Sin más saco ese metal que estaba en la última gaveta, los ojos de Sebastián casi se salen de sus cuencas al saber lo que era ese extraño objeto.
—Una pistola, ¿Qué se supone que haces viejo? Tiro la pistola a la mesa, y con una vista general de lo que había en la habitación se dio cuenta que lo que sobraba en esa tierra era problemas. Sebastián busco rápidamente un cuchillo para abrir el sello. Encontró una pequeña navaja en una de las mesas que estaban en la habitación, y después de eso se dirigió a despegar el cello con cuidado. Parado desde la posición del asiento metido el filo de la navaja con gran delicadeza en la cera del sello. Y halándola hacia arriba finalmente en unos minutos salió el bendito sello. Saco con cuidado la carta de su lugar y leyó las tres primeras líneas. En ellas decían: “Querido propietario de la hacienda Mr. Vicente, en el nuevo plan de gobierno para una carretera Inter estatal su hacienda ha quedado Seleccionada, si no vende sus tierras se le verá obligado a desalojarlo por la fuerza, Cuenta con sesenta días A partir de ahora”
—La hacienda está en peligro con los ojos más grandes que dos pelotas de beisbol, Sebastián quedo casi perplejo ante la situación tan crítica. Escucho unos pasos en el pasillo, con rapidez acomodo todo en su lugar, sello el empaquetado de la carta con algo de cera de vela. Guardo el arma en su lugar, y termino de beber la copa de vino mientras que el corazón le palpitaba a millón. Mientras que abría la ventana para salir de un salto al pati0o de atrás. Logro escabullirse sin ser descubierto, y con algo de cautela vio a El hombre de Ropa elegante y Mr. Vicente entrar a la oficinilla mientras que este le ofrecía una copa.
—En la noche tendré que venir otra vez. Se dijo a sí mismo, y dando unos pasos atrás se fue a ver a Michelle.