—Pero no quiero ir al campo papa. —Yo estaba dispuesta a ir a las hermosas playas de Cape Cód, pero parecía que mis padres no querían a pesar de que yo ya tenía veinte años.
—No Michelle la familia completa va a ir a la casita del campo que tenemos descuidada. —El ceño fruncido, de mi padre, decía que no tenía escapatoria, y que las dunas de las perfectas playas de la bahía de Cape Cód, se reducían a nada más que un sueño. Cambiándolo por los pantanos, charcos, estiércol y calor que hacía entre las montañas y arados. Yo sabía al final que el verano se me había estropeado.
Hacía años que no visitábamos el campo, la casita donde había pasado algunos buenos momentos cuando era niña. Viendo una foto junto a algunos amiguillos que tenía cuando eso. Deje escapar una pequeña sonrisilla aferrándome a la foto de aquel pequeño niño el cual había olvidado su nombre, pero recuerdo que habíamos salido, y yo juntos a un pequeño lago.
—Diablos padre, me quitaste un buen verano. Grite mientras mi padre salía por la puerta muy rígido. Tire un libro al suelo y me acosté en la cama de un brinco. Enrollada entre los kilos de sabanas, pateaba el colchón, me daba rabia con muchas ganas, y todo el enojo se debía a que un chico que me gustaba mucho iba a ir a Cape Cod, y estaría todas las vacaciones, ahí. Yo quería que me viera en traje de baño, y hasta ya había comprado uno.
Ese chico me tenía loca, él se llamaba Felipe, tenía los ojos oscuros, un cabello castaño claro, un físico bien definido, y una sonrisa encantadora, me había cruzado unas varias veces con él en la universidad, y hasta llegamos a hablar un par de veces, pero nunca pude mantener una larga conversación porque si lo miraba fijamente a sus ojos, me ponía roja como un tomate. La verdad es que estaba enamorada de él, el muy buenote de Felipe me había dado su wathssap para que lo llamara cuando estuviera en Cape Cod, y nos encontráramos pero ahora que le iba a decir.
—¡Michelle está enamorada! ¡Michelle está enamorada! Decía el lorillo que siempre se posaba en la ventana de mi cuarto, que no entendía como no se había escapado, al estar tan libre por la casa,
—Cállate maldito loro. Dije con todas mis fuerzas y le lance un zapato que tenía a la mano. Pero de nada sirvió porque salió volando hacia el otro cuarto Repitiendo mis palabras: —Cállate maldito loro.
Vi el telefonillo un par de veces, para ver si le escribía, pero me mordí el labio y me arrepentí, porque solo iba a quedar como una parlanchina.
Los días de partir habían llegado, pero nada me iba a parar en tratar de conseguir llegar a Cape Cod por mi propia cuenta nada iba a parar a Michelle Locksar. Las ventanas del auto brillaban por tanto sol que hacia afuera, Mi madre y Padre iban en el asiento de adelante, y mis amigos Alejandra y Pedro en el asiento de atrás.
Había invitado a mis amigos como parte del plan de escapar, obvio que ellos no sabían nada, pero los iba a utilizar de manera buena. Mi sonrisa estaba en su mueca total, y hasta mi padre dudo de porque estaba tan feliz, y mi madre pensaba que yo había quedado loca. Tal vez era un poco drástico lo que iba a hacer pero era una carta que tenía que jugar, en el nombre del amor. El coche ya había acortado mucha distancia de la ciudad al campo. Nada me podía para por que estaba más que segura que iba a llegar a esa playa costara lo que costara.
*
—Uf… Que día más ajetreado. Los días en la hacienda pasan rápido. Pero igual me encanta. —El chico se aferró al hacha que llevaba en la espalda— ese chico estaba con una sonrisilla de los más picara, y se dirigía a ver a su jefe.
—Que hay Mr. Vicente, ¿Cómo le va hoy? —El chico camino dos pasos casi que saltando mientras se acomodaba en la silla— ya terminé mis labores, además estoy cansado, ¿me puedo ir a dormir?
—Un Muchacho tan joven queriendo dormir a estas míseras horas. —Mr. miro al reloj que llevaba— Apenas son las seis, ¿no vas a salir al pueblo? —se quitó los lentes de lectura— Eres muy joven deberías divertirte.
—Pues lo he intentado Mr. pero sabe que nunca sale bien.—El Chico se rasco la cabeza— la primera vez que fui a una fiesta me emborrache e hice un escándalo. Los días de fiestas patronales, tumbe por error las luces y las estatuas de la plaza, que las habían colocado recientemente, y no puedo entrar en un bar, porque los sicarios del pueblo me tienen odio, por haber defendido a una mujer. En fin soy un asco haciendo vida social. —El chico se encogió de hombros y desvió la mirada— Así que me decidí, a esforzarme en el trabajo y solo ir a dormir es más sano. —Ha, Diablos te pareces mucho a tu padre, me recuerdo cuando llegaste aquí, todo pequeño y en pañales y desordenabas los papales del escritorio. —Bueno eso todavía lo hago… —El chico desordeno algunos papeles que habían en la mesa— Ha, Ha, Ha.
—Pues no has cambiado nada, Sebastián. —Dijo Mr. Vicente mientras que Sebastián miraba fijamente a un Documento, que le pareció extraño— Pero siento decirte que no puedes descansar ahora, porque necesito un favor. — ¿En qué le puedo ayudar Mr.?
—Lleva a estos papeles a la casa de justicia de la alcaldía, allí te recibirá un funcionario que se llama Rodrigo Velásquez, déselos a él y dile que vas de mi parte más nada. Llévate la moto para que vayas rápido, pero ten cuidado.
—Si Mr. Vicente, —El señor tiro las llaves a las manos de Sebastián— —Entonces me voy Mr. Le avisare si pasa algo nos vemos más tarde.
—Cuídate niño. De un portazo Sebastián salió de la pequeña oficina de la casilla, de la hacienda.
—Pero primero me daré un baño porque estoy muy sudado. Dijo mientras Olio sus ropas y se fue al baño, para luego irse al pueblo a llevar los papeles tan importantes que le había dado el Mr.
* El auto ya había llegado al condado donde íbamos a pasar los tres meses, más largos de mis triste historia. Una chica en medio del campo, pero así no lo iba a decir porque tenía mi plan de escape. Y entre mis manos la solución para llegar a Cape Cod. Pedro estaba entretenido tomándole fotos a todos los alrededores. Y mi amiga Alejandra, pasaba el tiempo escribiéndole a su novio, y tratando de hablar conmigo. Mientras que mama ponía la canción que se había transformado un hit este mes. Esa canción decía:
“En el mes de julio… sale el sol… Hace calor…
Quítate el pantalón… sol… playa y en la arena vamos alla…”
No sabía porque algo así se había convertido en un hit, pero estaba segura que en las playas de Cape Cod todo se veía y escuchaba mejor.
Ya casi era de noche y sabía que estábamos casi llegando al pequeño pueblo donde mi familia se iba a quedar los dos meses siguientes. Con una sonrisa maliciosa cogí con disimulo mi pasaporte y DNI. Los encerré en una pequeña cartera que por ninguna circunstancia me separaba de ella. Por fin llegamos al pequeño pueblecillo, Mis amigos se quedaron estupefactos, por los arboles gigantes de la plaza, y los Pozos y pequeñas fuentes de los alrededores. Así como las casas de los íncolas, que eran de la época de la conquista, Pedro no paro de sacar fotos una y otra vez el pequeño botoncillo de la video cámara, iba a estallar, mientras que Alejandra y mis padres solo se concentraban en donde iban a comer o que alcohol iban a beber. Yo conocía muy bien los viajes de mi familia, cuando padre decía que íbamos a Salir a comer, siempre embriagaba a madre, solo para acostarse con ella, y eso iba a pasar hoy, además esa era la oportunidad perfecta. Mi padre se bajó en la primera licorería que había en le pueblecillo, obvio que él tampoco iba a perder la oportunidad de Follar con mi madre. Así que busco unas botellas de vodka. Y unas de alcohol caliente. Pedro también disfrutaba la situación, sabía que iba a beber gratis alguno que otro vino del bueno. Pues mi padre había traído un maletín harto de dinero solo para gastar en estupideces. —Bebé un poco Michelle, vamos que son unas vacaciones muy buenas. Dijo mi amiga que estaba ya casi borracha y con una que otra copita pasada, —Bebé algo Michelle no seas amargada. Pedro insistía también en que bebiera algo, para satisfacerlos y que no sospecharan nada, me fui a la barra del pequeño local y además pedí una copa, la bebí tan lento como pude. —Oye pedro, yo te veo como a un yerno muy pronto. Mi papa estaba también en copas, y Pedro sonrojado como ninguno. Hasta le dio una palmada en el hombro y otra en el trasero. Pedro con cara de póker quedo atónito. —No… No yo solo soy un amigo de la universidad. Pedro titubeaba en las palabras que decía y podía ver que estaba súper incómodo. Yo me acerque a pedro por detrás y le dije: —Tranquilo ellos se ponen así cuando beben. Además le guiñe el ojo para que se quedara más conforme. Se quedó más tranquilo sacándole fotos a las cervezas y la pequeña placita donde estábamos. Ya era de noche y mi padre, decidió que nos fuéramos a la casa de veraneo, ya estaba lista para irme a Cape cód., casi que saltaba de la emoción. Llegamos a la casa que estaba muy bien cuidada por alguien que la limpiaba y habitaba el resto del año allí. Ya todo estaba listo para hacerla mejor escapada, de la historia. La noche estaba pintada de estrellas y el clima era más fresco, algunos grados habían bajado. Eran como las doce de la noche todos estaban acostados en sus cuartos. Mi mama follando con papa, y Alejandra a un lado mío durmiendo por tanto alcohol que tenía en el cuerpo. Y pedro de seguro estaba haciendo lo mismo. Así que como pude me levante de la cama. y me fui en con la punta de los pies a la habitación de mis padres. Abrí un poco la puerta y lo que veo es a mi madre en sostén, encima de mi padre, besándole apasionadamente. —Perfecto. Susurre mientras cerraba con discreción la puerta.
Capítulo 2: Cape Cod
Entre al garaje de la amplia casa, el auto aún estaba un poco caliente. Pero me metí en el asiento del piloto. Arranque de un jalón y pise en acelerador. El motor hizo un ruido infernal, tanto que desperté a todos mis amigos, y mis padres me vieron dar a la fuga desde la ventana. > pensó en mi mente absorta en que casi estaba cerca de Felipe. Mordí mis labios un par de veces. Mientras los respingos de la emoción, en mi barriga, saltaban por los aires. Así la carretera de regreso a la ciudad para ir al aeropuerto me saco una sonrisa que no podía contener, mientras miraba para atrás, para confirmar que no me seguían y así era, solo la oscuridad me acompañaba esa noche de regreso a la ciudad. *
—Esos son todos los papeles, señor así que me voy nos veremos luego. —Con una señal se fue por la moto que había dejado aparcada en la carretera— Voy a irme, es un poco tarde para estar por ahí, —miro a la luna llena que estaba en el cielo— Además el señor Vicente me debe estar esperando. Un momento ¿Porque demonios estoy hablando solo? Voy a acabar como los de las novelas, ¡Ha! ¡Ha! El chico prendió la moto y se fue por la carretera de regreso, pero decidió tomar un atajo que lo iba a llevar más rápido a su destino.
La moto de Sebastián iba a 100kilometros por hora. El ruido de la moto hizo que algunos animales se esparcieran por la calle principal. Mientras tarareaba una canción de algún rapero español… acelero más, mientras que esquivo una vaca que estaba en el camino, esta se quitó y con una carrera se fue a la carretera, mientras que Sebastián hacia eses por la inestabilidad de la moto.
Al final de un golpe freno la moto, casi saliendo volando por los aires, miro atrás mientras subía la escotilla del casco. Se preguntaba si había hecho daño a alguien, Trago saliva y bajo de la moto, para revisar si había algún accidente. Camino unos pocos pasos a la carretera, y miro a los lados, viendo quien estaba. Pero para su suerte no había ni un alma. Solo la vaca, que no se molestó en regresar al caminillo real. Sino que la dejo en la carretera.
Giro sobre sus talones y regresó al caminillo para buscar la moto mientras que pensaba que la vaca regresaría cuando le diera la gana. Así que dio con ignorancia unos pasos para ir a casa
*
Yo iba súper concentrada a la carretera, y me faltaba solo un poco para llegar al pueblecillo. Me distraje para ver la luna, pero de repente veo a un reflejo, y una vaca estorbaba en el camino, rápidamente gire el volante hacia el bosque, mientras que el auto se estrelló con un árbol, sentí un gran golpe en mi pierna y del susto me desmaye y cerré los ojos.
*
Sebastián escucho el grito de una mujer, y después el choque de algo grande, el corrió a la carretera muy rápido. Casi que a su máxima velocidad, llego a la carretera otra vez, pero no vio nada, camino más adentro del asfalto, y vio la parte trasera de un auto n***o estampado contra el tallo de un pino gigantesco. Miro con concentración y vio que el auto tenía una fuga de gas, y encima estaba prendiendo chispas la batería del carro.
— ¡Diablos esto está interesante! —hizo una pequeña mueca en aquel escenario trágico— vamos a ver quién es el desafortunado. El chico bajo la pequeña cuesta. Y trato de inclinarse para ver al piloto. Las chipas volaban por todos lados, y como las ventanas del auto eran oscuras, tuvo que acercarse y poner las manos encima de los cristales y asomar su mirada por ahí.
—Está muy oscuro no puedo ver casi, es… una Mujer, tiene el cabello largo. —Un chisporroteo más intenso salió de la batería del auto — Tengo que salvarla, pero la única manera es… —Sebastián vio las chispas y se alejó— Crahs —Sebastián rompió el cristal de auto—Lo siento por tu auto pero igual ya estaba roto, el vidrio no significa nada. Metió la mano en el auto, y fue a la palanca para abrirla, pero no pasaba nada la puerta estaba atascada… —¡Diablos! Corrió rápidamente al otro lado del carro, mientras la gasolina se filtraba gota por gota a velocidad del rayo.
La otra puerta estaba cerrada, así que también rompió el vidrio, pero esta si abrió, así que se metió al carro casi en llamas a punto de explotar.
Tic… Tic… Tic… las gotas de la gasolina chorreaban todo el suelo, —Mierda, me apuro… —jalo a la misteriosa chica pero no pudo hacer nada, su pierna estaba atascada entre su asiento, y el tablero del piloto y volante— Como en película de cine, mierda, ¿cómo la saco? —Miro a fuera y vio a la vaca — el chico se salió del auto, rápidamente fue a la moto, corrió por los arboles esquivándoles con gran agilidad, y busco en su moto una pequeña soga.
Regreso como un lampo a la escena, y amarro la soga a los cuernos de la vaca, y se metió al asiento del copiloto, mientras que con un nudo ato el volante del carro, se puso encima de la chica, y cogió una piedra. Se sentó encima de la esbelta chica, y se quedó mirando las largas pestañas que tenía. Sacudiéndose la cabeza volvió en sí, con la mirada fijada al animal, apunto con toda su precisión. Y lanzo la piedra, la roca impacto en el lomo de la vaca, y esta corrió halando la soga, por la gran fuerza que tenía el animal, todo el tablero del coche, salió disparado de su lugar.
Golpeando la espalda de Sebastián el tablero salió del auto arrastrado por la vaca que ya estaba muy lejos del carro. > pensó Sebastián, este se fue de lleno al cuerpo de la chica, y la cargo con cuidado sacándola del peligro. Las chispas se hacían más intensas cada segundo y la gasolina terminaba por el piso. Sin más que un gran
—BOOM— Sebastián vacilo a la muerte y salió entre las llamas que brotaban del chamuscado coche, casi ahogado por la falta de oxígeno, por desgracia cayo de rodillas en la carretera, nunca dejando caer de sus brazos a la damisela en peligro que había salvado.
El chico quito un mechón de cabello del rostro de la chica, que cubría la bella cara de la muchacha, pasando sus manos ásperas, por la piel tan suave y delicada, se dejó escapar una sonrisa para que sus labios titubearan y temblaran como los de un niño, mientras que con la luz de la luna reflejada en el rostro de la bella dama. Soltara una carcajada
— ¿Joder en que lio me has metido chica? —paro de reír— Pero vaya que eres bella... El chico solo pudo hacerse una sonrisa en la cara. Sebastián miro a la luna y dejo a la chica acostada en el piso mientras buscaba el radio para comunicarse con los empleados de la hacienda.
Y cuando regreso de dar la alarma, solo se limitó a sentarse a un lado de ella, y contemplarla cual niño enamorado.
Capítulo 3: El Leñador
*
Lentamente abrí los ojos, muy golpeada, y con dolores en la pierna izquierda, casi no me podía mover, vi al chico, que estaba sentado a un lado de mí, mientras me miraba fijamente a la cara. Me impresiono que alguien estuviera a estas horas en la carretera, pero igual había sido mi Ángel salvador sonreí un poco, mientras me lleve las manos a la pierna por el dolor tan intenso que tenía.
—Ten cuidado, no te muevas por que puede estar dislocada. Así dijo el chico que estaba envilecido en mí. Su voz era fuerte y algo ronca, me ayudaba a sentarme agarrándome por la espalda. Poniendo esas manos ásperas y cálidas, en mi espalda, fría y sensible. Sufrí un espasmo en el cuerpo acompañado por un escalofrío, era el primero que me hacía sentir eso. Yo lo mire con los ojos casi saliendo de mis cuencas mientras que inconsciente mente mordía mis labios.
—Todo está bien, Ya estoy aquí. El chico dijo esas palabras con una sonrisa mientras inclinaba la cabeza. Acto seguido me dio un abrazo y me abrigo en aquellos gigantescos brazos, mientras me ponía en su pecho. Pude sentir la temperatura de su cuerpo, que era perfecta para vencer al frio que me tenía presa. Y hasta pude escuchar las palpitaciones de su corazón, pero por alguna razón extraña que desconocía, solo cerré los ojos y me eche a llorar. Pensando que casi iba a morir… —Tranquila el incidente ya paso, —el me agarro de los brazos y alzo mi cara a su rostro— Las chicas deben sonreír, no llorar.
—Yo… Casi… Mu.. ero… mientras lloraba me aferre a sus grandes bíceps y me acurruque en su pecho, esa era mi cuna de lamentos, combinada con la alegría de escapar de aquella tragedia que se teñía de rojo escarlata. —Oye tuve que partir un par de vidrios de tu auto, te los tengo que pagar. —Deja lo tonto. —Me seque las lágrimas que aún quedaban en mis pómulos— Gracias por salvarme. Sonreí con toda mi alma, para tan siquiera hacer una cosa bonita, por aquel chico que se jugó la vida en rescatarme. —No iba a dejar a alguien morir. Gracias, a dios que estaba cerca, sino hubiera, pasado una tragedia, además no tienes que agradecerme, es el deber de un hombre. El chico se veía muy bien, con las llamas alumbrando ese rostro, que parecía el de un muñeco de figura de acción. Y esos ojos que eran profundos y negros como la misma noche que te atrapaban en su oscuridad.
—Oye chica, dime tu nombre, porque no es cortes llamarte por un sustantivo descriptivo, —Tomo mi barbilla, y alzo mi rostro al suyo— Sabes tienes unos ojos muy lindos, a pesar de que están llorosos. Por sus acciones casi quede sonrojada, y me saco una pequeña sonrisilla, Con voz quebradiza respondí la pregunta del chico. —Me llamo Michelle Locksar… —Michelle que bonito Nombre, yo conocía a alguien que se llamaba igual… pero eso fue hace mucho tiempo. Fijo su mirada con la mía, y con su cuello buscaba mis ojos, yo lo mire fija también en esos oscuros ojos negros, que destilaban un ambiente de seguridad y protección, que no sentí desde hacía mucho, tiempo. Mi corazón me decía que vacilara, y que pasara lo que tenía que pasar. Que lo siguiente era… si era eso, si mi corazón lo pedía era necesario. No podía contenerme, dolor, sentimientos encontrados, miedo, tristeza, dolor, seguridad, miedo, todo lo sentía mientras veía esos ojos que me tenían como tonta desde unos segundos. El chico se echó para atrás y acerco su mano con suavidad hacia mi rostro. Puso su mano derecha sobre mi cachete que estaba frío, y sentí en calor de su cuerpo. Como estaba dilatando emoción por el pequeño tambaleo de sus dedos, yo levante mi mano con lentitud, y la puse sobre la de el. —Ya Te dije, que… Tienes los ojos más bonitos del mundo. Sonrió con parsimonia y sin miedo de lo que pasara se la jugo sabiendo aun que era una desconocida. Yo solo le hice una sonrisa, mientras el con sus calientes manos, apretaba mis pómulos, —No vuelvas a hacer algo así. ¿Estamos?. Dijo el con toda seguridad. Yo afirme con la cabeza las sabias palabras de aquel dulce caballero que me había salvado de la muerte. Con una sonrisa y un abrazo me acompaño hasta que llegaron mis padres. Solo las llamas de la explosión fueron testigos de lo que paso de allí para adelante.