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Mi sugar Teacher

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una noche de pasión
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secretos
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Descripción

Ana es una joven universitaria que luego de una decepción amorosa, se deja seducir por un desconocido que acaba de conocer en una fiesta. Ese encuentro de una noche, queda sepultado.La joven vuelve a sus clases, encontrándose con su nuevo maestro, el señor Cardosa. Un tipo nada amable, muy exigente y cruel. Todos sus compañeros están de acuerdo en que el sujeto es un imbécil, pero la nobleza de Ana la hace ver bondad dónde no la hay. El profesor Cardosa no es precisamente el hombre ideal, ¿pero cómo hacer entender eso al sensible corazón de la universitaria?

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El hombre de la cicatriz.
Ana echó un vistazo a su alrededor, era un sitio bastante ostentoso, la música sonaba a todo volumen, no tenía la costumbre de ir a lugares como esos, accedió por petición de su amiga y al menos estar ahí la hacía olvidar que su novio de tres años, con el que estaba próxima a casarse, le puso los cuernos con una fulana. La chica miró su reflejo en uno de los espejos, sintiéndose incómoda, pues no llevaba ropa acordé a la ocasión. —Te ves hermosa —la muchacha animó a su amiga. Mientras que Dereck, el hermano mayor de Elena, se iba al otro lado de la pista. —Gracias —respondió Ana volviendo su mirada a ella y dedicándole una sonrisa. —Ahora vamos a bailar. —la alegre joven, agarró la mano de su amiga y la llevó a la pista. Las chicas se movieron al ritmo de la música, luego de un rato le ofreció una bebida, Ana no muy convencida aceptó, a continuación volvieron a la pista. Cuando sonó la tercera canción, Ana se sintió un poco mareada, no estaba acostumbrada a tomar alcohólica, luego de eso tuvo la extraña sensación de ser observada. Buscó entre la multitud y no pasó mucho tiempo en darse cuenta de quién se trataba. Era un joven, que según lo que podía ver a través del titileo de las luces, se veía bastante atractivo. Como seña particular, notó que tenía una pronunciada marca en la mejilla derecha. Ana no lo pensó demasiado y se acercó a él, le extendió su mano, invitándolo a bailar. El hombre de la cicatriz, la miró por unos segundos antes de aceptar. Y así, movieron sus cuerpos al compás de la melodía. La chica nunca fue tan intrépida, tal vez por el nivel de alcohol en su sistema o por el dolor del despecho, se atrevió a tanto. Ideas alocadas comenzaron a inundar la mente de la joven, al final de cuentas estaba soltera. Un cosquilleo se apoderó de ella, cuando el hombre la tomó por la cintura. ¿Había algo de malo sentir eso? Al fin y al cabo era soltera. Entonces, Ana, recordó a Elena y la buscó con la mirada, en cuanto la encontró se percató de que su amiga tomaba alcohol como si se tratara de agua. La jovencita comenzó a bailotear tanto, que derramó su trago en el vestido de una pelirroja que estaba cerca de ahí y Ana sudó frío e intentó buscar a Dereck con la mirada. Por su parte, la reacción de la ofendida fue empujar con brusquedad a su amiga. Ana corrió hacia donde se encontraba ella, siendo rodeada por una multitud de mirones. Intentó auxiliarla, extendiendo su mano, esta se levantó con dificultad, y estaba a punto de abalanzarse sobre la pelirroja, cuando una imponente figura se posó frente a ella. Ana soltó un suspiro de alivio, y se dio cuenta de que era el hombre de la cicatriz. A sus espaldas, la pelirroja parecía furiosa, mientras apuntaba con su dedo índice a la dirección de su amiga. El hombre de la cicatriz, con su mano derecha, tiró de Ana y con la otra, tomó de la cintura a Elena para darle soporte, y así caminara más rápido, y dirigirse a la salida. Cuando al fin estuvieron afuera, la joven miró a su “salvador”. Quien acomodaba a una inconsciente jovencita en la jardinera del sitio. —Muchas gracias —Ana, le dijo con voz entrecortada. No quería ni imaginar qué pasaría si nadie la hubiera ayudado. —La mejor forma de agradecer, es dejar de ser mocosas, tan imprudentes. —El hombre no podía ocultar su malhumor. La adrenalina de Ana se elevó hasta el cielo, el trago de vodka que ingirió hace unos minutos aún tenía efecto, así que lo único que atinó fue acercarse a él, lo tomó de las mejillas y le plantó un pequeño beso en los labios. Cuando la chica se separó, el hombro tiró de su cintura y la acercó más a su cuerpo, dándole un verdadero beso. Tan apasionado, que comenzaba a respirar con dificultad. —¿Ana? La chica escuchó a sus espaldas y se separó rápidamente de los brazos del hombre. —Sofía —respondió alarmada. —Con que aquí está Elena. —La joven fulminaba con la mirada a la chica ebria. —Dereck, también, pero no pudo encontrarlo por ningún lado. —No te alarmes Ana, mis amados primos así son. —La mujer rodó los ojos con fastidio. —Ya veo. —Acércate —le pidió—. Ahora sopla. Ana obedeció la indicación y Sofía olfateó como un can, el aliento de la joven. —Bien, estás en tus cinco sentidos. Así que solo me queda desearte una buena velada —le dijo, guiñándole el ojo —. No te preocupes por ellos, yo me encargo. —Gracias —respondió, ruborizada. Mirando como Sofía, tomó del brazo a Elena, y con ayuda de un amigo la llevó a su auto. Ella conocía a su ex prometido, eso hizo que Ana se replanteará lo que estaba a punto de hacer. Pero su mente se nubló, al sentir esas grandes y cálidas manos tirando nuevamente de su cintura. —¿En qué estábamos? —preguntó el hombre de la cicatriz, con voz entrecortada. Ana se dejó llevar por el deseo, y así sus labios se volvieron a unir. »Vámonos —susurró él entre sin separarse de ella. —¿A dónde? —logró responder la fémina, con voz entrecortada. —A un lugar más privado —explicó—. ¿O quieres que demos un espectáculo en la entrada de este sitio? Ana negó, moviendo la cabeza. El sujeto la tomó de la mano y la llevó hasta dónde se encontraba su auto, un Honda Civic 2016, color acero. Al subirse, el ambiente entre ellos, se sentía tórrido. Tanto que el hombre, no desaprovechó el tiempo y comenzó a besar de forma más habilidosa a la chica, una de sus manos se posicionó en la cadera de la muchacha. Esa experiencia fue la más excitante que había tenido en su vida. —Vámonos —pidió ella. Su mente se nubló. El hombre comenzó a conducir al hotel más cercano.

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