Charlotte. El dolor físico suele opacar con creces el dolor emocional. No sé qué es lo que me pasa, pero una angustia destructiva se ha adueñado de mí durante la tarde. Me siento asustada, como si estuviera perdida en medio del desierto, y que aunque gritara con todas mis fuerzas, nadie vendría a mi rescate. Por dos simples razones. Todos están muy metidos en sus asuntos, y porque no creo que a nadie le importen los miedos y el llanto de una niña simplona y patética. En cuanto la navaja hace contacto con mi piel fría, me estremezco. Un líquido rojo y medianamente espeso brota de mi piel, manchándola. Me muerdo el labio y pestañeo repetidas veces para ahuyentar las lágrimas que amenazan con caer precipitadamente. Ahogo un sollozo-gemido, queda a media garganta de salir de mi boca. De

