Colette Nicolás me había dicho en aquella ocasión que me daría todo el tiempo que yo necesitase y realmente lo había hecho, pues ya habían pasado casi tres semanas y no había vuelto a mencionar el tema, lo cual verdaderamente también me frustraba. Una parte de mí estaba bien con ello a la vez que trataba de convencerme que lo que sucedió esa tarde, había sido un error… un delicioso error. No me sentía lista para tener una relación con Nicolás más allá de una relación laboral, pues las noches siguientes me las había pasado revisando minuciosamente el maldito contrato que había firmado, el cual, en todas sus cláusulas me prohibía tener más que un apretón de manos o besos en las mejillas con mis clientes. Apoyé mi espalda contra el respaldo de la enorme silla en la oficina del señor Clark

