Nicolás Colette se hallaba recostada en mi pecho desnudo, estaba profundamente dormida, mientras que yo me encontraba observándola fijamente como un vil acosador. Miraba la forma en que las facciones de su rostro se suavizaban con cada suspiro que salía de sus bellos labios. Sonreí, sintiéndome una persona completamente distinta a la que era un mes atrás. Aún trataba de comprender como había hecho esa chica para clavarse en mi alma con tanta facilidad, pues desde la primera vez que mis ojos se cruzaron con los suyos en aquel balcón, algo en mí había despertado. Y no había sido únicamente su incomparable belleza la que me había atraído, pues, en realidad en ella se podía reflejar un aura de ternura y positivismo del que era difícil no contagiarse. Estiré mi mano libre y acaricié su larg

