Después de clase llegué a casa, que estaba un poco apartada del centro.
Mi madre amaba el bosque y con mucha razón, ella nació y creció en medio de él sintiendo la energía de los árboles y de la tierra, concatenándose con los ríos, las montañas y asta con los animales.
Una masacre es lo que encontré, la casa era un desastre, las fotos de mi pequeña familia estaba esparcida por todo aquello, mi padre estaba irreconocible y sin vida.
Mi primera reacción fue gritar al cielo por la perdida de mi héroe, corrí gritando el nombre de mi hermanita y mi madre.
Caí al lado de la mujer que me dio la vida, me desplome junto a ella.
No soporte ver aquella escena, que me desmaye, cuando desperté estaba lejos de ese lugar.
“¿Mamá?” Dije buscándola y con las lágrimas corriendo por mis mejillas “¿MAMÁ?” Mire a mi alrededor buscándola con la esperanza que solo fuera un sueño.
“Shuuu” Un señor colocó su dedo en mi boca, sus ojos eran completamente blancos al igual que su cabello, su piel estaba completamente arrugada por la edad, caminaba con la ayuda de un bastón.
“Lamento la pérdida de tu familia” Fue lo único que escuché para volver a caer inconsciente.
Los primeros días fueron los más difíciles, ese hombre me había alejado de mi hogar, me tenía prisionero y no me daba una respuesta.
Fue ahí que los conocí a los hermanos Sotō, aunque solo éramos unos niños, logramos huir de las garras de ese viejo.
Busque a mi hermana todo este tiempo con la esperanza de que ella siguiera aún con vida.
Tenía pesadillas de ese día, aún miraba toda aquella sangre. Escuchaba los lamentos de mi madre al no poder darle un entierro digno, escuchaba la voz de mi padre reprendiéndome por no cuidar de nuestra pequeña princesa.
“No te desesperes”
Dijo Skoll, me encontraba caminaba de un lado a otro en una habitación designada para que descansáramos.
—Mamá dice que la cena esta lista
Entro la pequeña Kiara, camino hasta donde estaba Chéster, y lo tomó de la mano.
—Tu cabello es hermoso.
El rostro de él se sonrojó, llegando casi al mismo color de su cabello.
Pamela comenzó a reír contagiando a Fénix y a mí, pero Inari estaba molesta, miraba a Pamela con ganas de aventarla por un acantilado.
El cabello de ambos era del mismo color, parecía tener la cabeza en llamas, eso los hacía único.
—¿Es mi imaginación, oh la pequeña Kiara está coqueteando con el idiota de Chéster?.
Escuche la voz en un susurro de Pamela.
—No sabe el cabeza hueca que es, me da pena por esa niña
Kiara no soltó a Chéster, lo encamino a la cocina mientras todos los seguíamos.
—¿Qué crees que haces princesa?
Su padre la vio con desaprobación, miró a mi amigo y este soltó a Kiara y dio unos pasos atrás.
—! No aprecias tu vida joven!, tal parece que no quieres seguir respirando.
Chéster negó rápidamente.
—Claro que aprecio mi vida, señor, ella solo me guiaba, no fue mi intención faltar les el respeto.
Supuse que se orinaría en los pantalones, podía ver como temblaba, nunca lo había visto en ese estado.
De verdad tenía miedo del señor Leone, sonreía al descubrir que mi amigo era un cobarde.
De repente, otra vez ese olor a orquídeas invadió la habitación, busque a la dueña y entró como una fiera salvaje echa furia.
—Padre.
Lo llamo a punto de romper en llanto.
—Prometiste pensarlo, ¿qué cambió?.
—Y lo hice, no es correcto que salgas de los terrenos, es peligroso que te alejes de la familia.
—¡Pero Padre!.
—Llewella, tu padre tiene razón, ¿Cómo te protegeremos?.
Su Madre la tomó de los hombros para que esta se calmará.
—Están destruyendo mi sueño
Salió corriendo de la sala, no tenía idea de que fue todo eso, pero me sentí mal por ella.
—Lo lamentamos
Se disculpó su madre invitándonos a sentarnos.
—Está empeñada en querer viajar a Madrisca.
—No es correcto en nuestra tribu salir del territorio.
Complemento Kiara quien no dejaba de ver a Chéster.
—Señor Leone, mi Rey, no permitiría que algo le pasara a la princesa Llewella, permita que su hija y los demás jóvenes partan con nosotros al Reino.
Hablo aquel hombre de pie junto al marco de la puerta, con sus manos atrás y sin bajar la cabeza hablo con educación.
Leone giró en sus talones y lo vio con una mirada fría, se notaba que no le gustaba para nada la idea de que su hija y los demás jóvenes saliera de los terrenos.
—Les permití entrar a mis tierras, los invité a cenar en mi mesa, aun así no respetas mi decisión, ¿Acaso osas en desafiarme?
Pregunto posicionándose frente a él, aquel hombre no se inmutó, estuvo en calma como si no tuviera efecto aquellas palabras en él.
—Señor Leone, en ningún momento lo he desafiado, ni siquiera me atrevería en faltarle al respeto.
Todos observábamos a los dos hombres sin siquiera pensar en respirar, la habitación en la que estábamos se encontraba en total silencio a excepción de las dos voces.
Aunque el señor Leone era un poco más alto que el otro hombre, a mi punto de vista los dos se miraban intimidades.
—Solo sigo órdenes, como bien sabe desde hace años los vampiros quieren destruir cada pueblo, mi Rey solo desea que los jóvenes estén preparados para lo que viene.
—Mi pueblo ha vivido por años fuera de esa guerra entre los vampiros y los licántropos, mientras yo viva seguiremos al margen…
—Papá, me muero de hambre.
Se quejó Kiara, en ese momento todos nos relajamos, volvimos a respirar, nos miramos unos a otros aun sin decir nada.
Aquel hombre se disculpó y salió del comedor mientras mis amigos y yo disfrutamos de la cena.
Por la mañana comenzamos a escuchar gritos, me puse de pie al igual que todos, salimos de la casa encontrando a unos cuantos vampiros queriendo llegar con la princesa Llewella.
Aquel hombre perteneciente del Rey de los licántropos peleaba en su forma lobuna con varios vampiros.
Sabía que era él por el tamaño de su lobo y por el olor que salía de él, así como logre distinguir al Rey Leone que corría a socorrer a Kiara quien estaba rodeada de vampiros.
Corrí donde ella se encontraba, ya que estaba más cerca y me transforme en el aire, para atacar a los vampiros, les arranque la cabeza a dos de ellos de una sola mordida.
Sentí como varios de ellos se lanzaban sobre mí y con magia los hice volar impactándose en una casa donde varios leones los despedazaron.
—Señor Leone, talvez usted quiera permanecer al margen, pero como pudo ver eso no les importa a los vampiros, me temo informarle que una de nuestras manadas callo en manos de ellos, su Alfa está contra nuestras leyes y ahora es un prisionero.
Era un caos, los niños lloraban al igual que las mujeres, habían caído unos cuantos hombres de parte de la tribu de Leone, unos cuantos estaban heridos y los que estaban bien tomaban los cuerpos de los vampiros para quemarlos.
Los más fuertes seguían a los que se habían escapado Leone, está furioso, no sabía cómo lograron pasar.
—Tú los trajiste a mí
Grito tomando del cuello al hombre.
—Ellos te siguieron
Saco sus garras y estuvo a punto de incrustarlas en la garganta de él.
—No es así…
Hablo Llewella
—Fue mi culpa… yo me aleje hace unas noches y me tope con uno.
—¿Qué tú? ¿Qué?
Grito haciendo que todos diéramos unos pasos atrás.
—Lo siento papá, solo quería saber qué había más allá de las montañas, nunca salimos más allá del río, no pensé…
—Claro que no pensaste, si hubieras pensado en las consecuencias…
—Ya basta
Grite cansado de los gritos que tenían.
—No es el momento de hablar de las consecuencias
Hable señalando a las personas del pueblo
—Primero es de ayudar a los heridos y asegurar el perímetro, luego si quieren se matan entre ustedes.
Señale a los tres, tome entre mis brazos a un niño de tres años que tenía el brazo fracturado, su madre estaba sin vida en el suelo y él no se apartaba de ella.
Me temía que los vampiros estuvieran aquí por nosotros, ya que no era la primera vez que nos enfrentábamos a ellos, aunque esta última vez eran más, logramos detenerlos.
—Asher tiene razón padre
Dijo Llewella colocando su mano sobre mi hombro.
—Será mejor que hablemos de esto en privado y cuando estés más calmado.
—Mira, quien habla, la explosiva
Dijo una joven mientras ponía los ojos en blanco.
—Por eso mismo lo digo, porque sé que en un arranque de cólera uno es capas de matar a una pequeña y repulsiva cucaracha.
Su rostro se acercó tanto a la chica que parecía que se iban a besar.
Tenía el mismo carácter de su padre, al parecer la manzana no callo tan lejos del árbol.
Ignore la pelea de miradas que tenían y decidí ayudara a los heridos al igual que mis amigos.
—Vaya joven Asher, al parecer hay dos lobos blancos.
—¿De qué hablas?
Pregunte confundido.
—Eres un lobo blanco, pero no eres el único, hace décadas que no se ve uno y hoy tenemos dos.
—Explícate mejor
—Oh, lo siento es que no pude evitar ver a tu lobo, pero me temo que no soy el indicado para hablar sobre eso, como lo mencioné el día de ayer todas las respuestas están en Madrisca.
Sentía que me daría un derrame cerebral a causa de todas las dudas y preguntas que tenía rodeándolo.
La muerte de mi madre, el supuesto tío, la guerra que se avecinaba y ahora mi lobo blanco, claro no olvidemos a mi mate que me miraba con ojos de asesina mientras Llewella me ayudaba.
Esperaba que mi hermana tuviera menos cosas en que pensar y que su vida haya sido más normal que la mía.
Estaba feliz de saber que ella estaba con vida y que pronto estaría con ella.