Llewella
Miraba aquella escena con mucho sentimiento, mis ojos estaban llenos de lágrimas que trataba de retenerlas. La ira corría por mis venas apoderándose de mí, quería matar a los responsables de esta masacre.
Todo había sido mi culpa, yo era la responsable de esta desafortunada pesadilla, yo los traje a nuestro hogar. Sin tan solo hubiera escuchado a mi padre y me hubiera quedado dentro del límite, nada de esto hubiera pasado.
Si tenía que matar al responsable, tendría que acabar con mi propia vida. La culpa me carcomía, me sentía decepcionada de todas mis malas decisiones.
Vi a mi padre hablar con aquel señor, él parecía alterado y entendí que era una discusión la que tenían ambos.
Acepte la decisión de mi padre, desistí de viajar al Reino, una de mis malas decisiones acabó con la vida de muchos inocentes.
Suspire resignada que mi sueño de salir de estas montañas y estas llanuras se esfumaba como el agua por los dedos.
Tenía una plática pendiente con mi padre y estaba más que segura que no sería para decirme lo demasiado que me amaba.
Decidí ayudar a los heridos junto a Asher y sus amigos, me parecían extraordinarios la manera en la que vivían, deseaba tener esa dicha de ser libre y viajar sin ninguna regla y sin ningún adulto que te dé órdenes.
Me imaginé una vida sin mis padres, y sentí un inmenso hueco dentro de mí.
¿Cómo ellos podían vivir así? Sin el abrazo de un padre, sin el cariño de una madre, sin la complicidad de unas hermanas, sin el respaldo de toda una tribu o manada.
Era normal que quisiera conocer más allá de las montañas, tener aventuras, conocer a nuevas personas, pero estar sin mi familia por años y no verlos más, eso hacía pedazos a mi corazón.
Ese tal Asher había provocado algo en mí, sus cabellos blancos y sus ojos verdes, parecía tan irreal, su lobo blanco era hermoso, pero estaba esa niña que nos miraba como si quisiera matarnos solo por el hecho de cruzar palabra con él.
—¿Qué te pasa? — Aún sumergida en mis pensamientos, escuche a mi hermana Kiara, estaba en el suelo llena de lodo y sangre.
—¡Inari! ¿Qué te pasa? — Asher se interpuso entre mi hermana y esa niña.
—Muévete
Contesto ella y vi como Asher trataba de mantener su postura ante ella, pero parecía que algo lo hacía doblegarse y por más fuerza que pusiera su cuerpo se movió a un lado como un cachorro con las orejas bajas y el rabo entre sus patas. — No me conoces, no nos conoces, no tienes idea de lo que puedo ser capaz, así que aleja tus sucias garras de mi hermano y de Asher, no te quiero ver cerca de ellos.
Si amas respirar, mantén tu distancia, al menos que quieras estar bajo tierra siendo comida por los gusanos.
Su amenaza hizo que se me erizara la piel, su mirada era tan oscura y profunda que parecía no tener alma a pesar de su bella y tierna apariencia, su corazón era despiadado si es que tenía corazón.
La vi combatir con los vampiros y era mejor que algunos hombres de mi tribu, no estaba segura si era una advertencia o una amenaza, pero mi hermana en verdad tenía que alejarse de ese tal Chéster.
—No voy a permitir que una niña que es de mi edad meta en problemas a mi hermano, no de nuevo.
Dio media vuelta y salió junto a los mencionados.
—Lamento lo de Inari, ella es muy posesiva con su hermano, no permite que ninguna mujer se le acerca y hay una razón, solo que no me corresponde hablar de eso.
Asher es otro tema. —Jugaba con los dedos de su mano indicando lo nerviosa que estaba o tal vez lo apenada.
—No tienes por qué disculparte en nombre de ella —Dije molesta mientras levantaba a mi hermana, lo se actúe demasiado tarde, pero me justifico porque estaba absorta en mis pensamientos. — No hay explicación para ese comportamiento tan infantil, mi hermana solo quiere hacer amigos.
Tiene razón en que no los conocemos, pero tampoco ustedes nos conocen y esa niñita se va a tener que tratar sus palabras, porque está en nuestras tierras y si llega a volver a poner una mano a mi hermana se la corto y la pondré como trofeo en mi habitación.
— Pame es mejor que no sigas, estamos en tierras ajenas, es mejor que nos vallamos, ven vamos a buscar a Asher.
Dijo Fénix tomando a la chica que me miraba molesta, talvez no era con ella con quién tenía que desquitarme esta molestia que sentía, talvez me había pasado, pero lo dicho, dicho estaba.
No podía retractarme o ¿tal vez si?
—Tienes razón, es mejor que salgamos de estas montañas.
Dieron vuelta siguiendo el camino donde la niña loca y sus perros falderos se fueron, mi pequeña hermana abría y cerraba la boca como si quisiera decir algo y al final se arrepentía.
—¿Qué quieres decir?, vamos, solo dilo.
—Ella se estaba disculpando y saliste igual que su amiga o tal vez peor.
Mi hermana caminó lejos de mí encontrándose con mi madre que al verla se asustó —¡Cariño!, ¿qué te ha pasado? —pregunto buscando de donde salía la sangre de su ropa.
—Es de los heridos madre, no te preocupes, iré a cambiarme de inmediato.
Ella salió corriendo a casa, mi madre solo la observo y al desaparecer de nuestra vista se enfocó en mí.
—Tu padre quiere hablar contigo, mi hermosa princesa —Tomo de mis rizos, jugo con ellos y poco mientras me sonreía con esa sonrisa que nos daba diciendo lo mucho que nos amaba.
—Dime padre, aquí me tienes. — me puse frente a él, esperando que la bomba explotara, pero solo dijo unas cuantas palabras.
—Prepara tus cosas, se irán al amanecer —Ni siquiera me miró, al parecer no estaba de acuerdo de esa decisión, entonces porque me dejaba ir, cuando él decía que no su palabra se mantenía, era difícil hacerlo cambiar de parecer. —Espero tu rey cumpla su palabra.
Salió de la habitación dejándome conmocionada. —¿Qué ocurre madre?, ¿por qué mi padre cambió de parecer?
—No estoy segura. —Mi madre miró directo aquel hombre, él no parecía tener ninguna emoción, su rostro estaba totalmente neutro.
No conocía su nombre y en ningún momento escuché que se presentará o que mi padre se dirigiera a él por su nombre.
Sabía que trabajaba para el rey como uno de sus guerreros, acaso todos eran igual a él.
—¿Usted lo sabe?, ¿puedo saber por qué mi padre cambió de decisión?. —Me dirigí a él observando sus ojos, esperando ver alguna emoción, ya sea miedo, enojo o esa de victoria, porque logró convencer a mi padre, pero nada él mantuvo su postura.
—Debería estar feliz de cumplir sus sueños princesa Llewella, el motivo es lo de menos, si me disculpan tengo que preparar a mis hombres.
Salió de la sala al igual que mi padre, claro, el motivo no era lo de menos, quería saber la razón, el trato o la amenaza, pero ninguno de los dos hablaría.
—Nalea, necesito tu ayuda. — Comencé a preparar una maleta para el viaje, tenía que ser liviana, esa fueron las órdenes del señor cara fría.
Mientras mi madre ayudaba a mi hermana, mi padre entró dirigiéndose a ella sin tan siquiera voltearnos a ver, mi hermanita lo noto y me dio una mirada de estar confundida por la actitud de mi padre.
Ellos salieron de nuestra habitación, dejándonos con las dudas de que estaba pasando.
—¿Por qué padre actúa de esa manera?, ¿está molesto con las dos?, yo no rompí ninguna de sus reglas, al menos eso creó. —Dijo en susurros —Entiendo que esté molesto contigo, pero yo soy su favorita, debería estar llorando porque nos manda lejos.
En algo tenía razón, ¿por qué mandaba a mi hermana también?.
Desde hace tiempo soñaba con ir a Madrisca, rogué a mi padre por su permiso, pero era mi sueño, no él de mi hermana.
Salí tras de ellos sin contestar a mi hermana, quería respuesta y aunque sabía que ellos no me la darían, no iba a quedarme con las dudas del porqué mi padre autorizó nuestra salida.
—Dime Leone, ¿en qué puede tu esposa ayudar?. —Mi madre acariciaba sus cabellos, tocaba con delicadeza el hombro de mi padre, tomaba de sus manos llevándola a las mejillas de ella.
—Ve con ellas cariño, no confío en nadie, no estoy seguro de que nuestros jóvenes viajen al Reino. —Mi padre unió su frente con la de madre, en verdad él estaba muy afectado con toda esta situación y por más fuerte que él fuera solo con mi madre mostraba su debilidad, en este momento él se estaba derrumbando con ella.
—Nuestra tribu necesita de ambos Leone, lo sabes perfectamente bien, ¿crees que ellas no estarán segura?, cuando estarán junto a la manada más grande y fuerte que existe. —Ella besos su nariz y le regalo una sonrisa.
—Si vas con ellas, estaré más tranquilo de saber que están contigo. —se fundieron en un abrazo de esos que sabes que te reinician, quería ser parte de ese abrazo lo necesitaba.
—Leone cariño, jamás he salido de estas tierras, nunca me he alejado de mi gente. — mi madre se separó un instante —Dime, ¿qué te dijo Adolfo?.
—La manada del Sur fui atacada hace un par de años, al parecer la Beta de esa manada era la espía de los vampiros y el Alfa se enamoró de ella, la verdad no estoy muy seguro sobre ese lío amoroso y no me interesa. El Alfa Dante estará revolcándose en su tumba por la estupidez de su hijo.
Estaba por entrar, pero al escuchar a mi padre decidí esperar un poco más.
—Sabes que no es bueno que escuches conversaciones ajenas. —Dijo mi hermana llegando asta donde está, con mi dedo en la boca le hice la señal de que se callara y escuchara.
—Por desgracia la manada del Sur está en manos de los vampiros, su Alfa está de rehén, no saben por qué aún no lo han matado.
Han atacado otras manadas dos más cayeron, al no estar aliados con Adolfo, no tienen la protección necesaria.,
Adolfo está protegiendo a todos los futuros Alfas y a sus guerreros, los prepara para la guerra que se avecina, si no me unía a él estaríamos contra él.
—¿Cómo que contra él?, siempre nos hemos mantenido fuera de sus guerras, no somos sus enemigos, aunque tampoco amigos.
—Nalea, tu misma viste la cantidad de vampiros que nos atacaron, sin la ayuda de ese joven que posea el lobo blanco, talvez esto sería un cementerio, acaso no te diste cuenta de como ellos prefirieron huir al verlo.
Aunque no seamos amigos de los lobos, son los únicos que pueden acabar con los vampiros, su guerra tiene siglos, conocen su debilidad, sus pasos, sus planes, sus trucos sucios.
Los vampiros no están atacando a los aliados del Reino, están atacando a los traidores, no solo por el hecho que pueden contra ellos, ya que Adolfo mantiene con un tipo de sello protector a todos sus aliados.
—Cariño, no entiendo nada —Dijo mi madre con una expresión de confusión, al contrario, yo si estaba entendiendo a la perfección.
—Yo tampoco entiendo nada—Dijo Kiara.
Mi padre se tocó el puente de la nariz y me imaginé su dolor de cabeza. —Lo que trato de decir que acepte unirme a esta guerra, era morir peleando junto Adolfo o morir en manos de esos vampiros que no respetan las leyes.
Acepte enviar a las niñas al Reino, a cambio Adolfo enviará unos cuantos de sus guerreros para hacerle saber a los vampiros que tenemos una unión con los lobos.
—¿De la dos formar moriremos?. Pregunto mi madre aún confundida y la que sentía que le daría un derrame cerebral era yo. — La verdad no entiendo que es lo que te preocupa, si de las dos formas moriremos que mejor morir juntos en familia.
Quería reír por la manera en que mi madre miraba los problemas, yo no quería morir y ellos lo hablaban como si estaban planeando un viaje en familia.
—Lo mismo dije —dijo mi padre sonriendo —Pero es más grande que desear morir en familia, sabes sobre la loba que dio a luz siendo loba teniendo a su cachorro en su forma de lobuna.
Es a la que los vampiros buscan, es hija del Alfa del sur, si la encuentra todas las especies estaremos muertos, que digo muertos extintos.
—Esa es la razón por la que no han matado al Alfa del sur, buscan a su hija. —Dije entendiendo más la situación.
—¿La loba blanca día a luz a…?, mi madre se quedó en shock, al parecer ella entendió toda la situación. — ¡Dios Leone! La profecía se cumplirá.
Cuando sentía que entendía la situación, una lluvia de dudas y confusión me atacó, ¿qué profecía?
Los dos se sentaron sin decir nada más, sus rostros estaban pensativos.
—Me puedes explicar qué está pasando —Hablo mi hermano volviéndome a la realidad.
Volvimos a la habitación y traté de hacerle entender por qué mi padre nos enviaría al Reino.