—Podemos mandar una sonda con captores de luminosidad de alta resolución —propuso Miller—. La mandamos a intervalos de una hora durante, digamos, siete u ocho veces. Cuando esté allí, la sonda tendrá que mantenerse perfectamente horizontal con respecto al suelo, y como montaremos el captor para que mire hacia arriba, la medida se hará siempre en el mismo punto. La sonda estará fuera diez minutos cada vez, y así tendremos una media de los valores. Cuando acabemos, deberíamos obtener una curva de variación de la luminosidad del cielo. Por pequeña que sea esta variación deberíamos ser capaces de notarla. Con unos cálculos basados en la variación que midamos y el tiempo durante el que ocurre obtendremos una estimación de la duración del día. —Eso si la luminosidad disminuye —objetó Doyle—. En

