—Los trozos de corteza los meterás en estas cajas y... —se interrumpió, y su cara se iluminó. Por la puerta estaban entrando Weintraub y Schultz, sin aviso. Weintraub le sonrió. —Quería darte una sorpresa, por eso no te dije a qué hora llegaría. ¿Estás contenta? —¿Por la sorpresa o por el hecho de que no has avisado? —respondió, levantándose y yendo hacia él. —Oh, bueno... —dijo él—, elije tú. —Estoy contenta por la sorpresa y, sobre el hecho de no habérmelo dicho, bueno, entonces no habría habido sorpresa, ¿no? —Le dio un beso en la boca, delante de todos los demás. —Ja, ja, ja —dijo Schultz—, ¡qué bonita imagen! ¿Te tratan bien, eh, Otto? —dijo, guiñándole un ojo. Este no se quedó parado y abrazó a Bryce calurosamente, fuertemente. Hacía tiempo que no se veían, y la había echado d

