Capítulo LI —¡Voy a buscarla! —gritó Marlon, dejando caer la hombrera de la mochila de Burgess. —¡Quieto! —lo paró Camden, sujetándolo por un brazo—. Y callado. —Pero... —objetó Marlon, intentando soltarse. —¡Sssh! —silbó Camden, mirando alrededor, y escuchando con atención. El silencio era total. Solo un ligero zumbido de las hojas de los árboles, y nada más. Camden cogió los prismáticos y miró hacia el lugar del que venían, pero los árboles eran demasiado densos. No podía ver nada. —Tenemos que retroceder —dijo—. Coors, ¿podrás? —Bájame —dijo la sargento a Burgess. Su compañero la dejó deslizarse suavemente hasta tocar suelo. Ella apoyó los pies y permaneció un momento con la mano apoyada en la espalda de él para estabilizarse. —¿Qué tal? —le preguntó Camden. —Todavía un poco

