El físico se quedó callado al oír la respuesta de Doyle. Se dio cuenta de que se había tomado la situación demasiado a la ligera. Él tenía que haber sabido esas cosas. Claro que la emoción del momento le había distraído. —Entonces, ¿cómo hacemos? —preguntó finalmente. —No hacemos nada de nada —afirmó Doyle—. A esta distancia la resolución de la Máquina es de unos ciento treinta millones de kilómetros, así que no podemos mandar una sonda directamente al objeto ni siquiera para grabar imágenes. Ni a doscientos metros ni nada. —Un momento —intervino Miller—. Esto lo podríamos resolver. Doyle lo lanzó una mirada torva. —Escucha —volvió a hablar el chico—, nuestras sondas, incluida Becky, tienen un sistema de posicionamiento dotado de boquillas que, mediante chorros de gas, mantienen la so

