—Hice un puto live, ¡un puto live!—se quejó Gabriel una vez más. Estábamos en la fila para inscribirnos en la universidad. Su fiesta de cumpleaños había sido legendaria, tanto, que dos semanas después aún seguía quejándose. —No fue tan grave. —¿Te parece? ¿En serio te parece? ¿Qué parte no fue grave: cuando hice el Live desde Facebook mientras unos drag queen me hacían un lapdance, o la parte cuando yo intenté bailar en el tubo?. —Creo—dije tratando de no reírme—, que no fue tan grave la parte cuando Mike te lanzaba billetes y Fernando te silbaba. La noche se había descontrolado. En algún momento después de que me fui a dormir, todos decidieron ir a dar una vuelta. Por suerte no manejaron, pero el taxista no tuvo ningún problema en llevar a siete hombres a un bar a las casi 3 de l

