Hayden no se había equivocado y Joseph cumplió su palabra, esa tarde le dieron de alta médica y lo primero que hizo fue llevarme hasta el consultorio médico de una amiga ginecóloga. Me negué, quería tiempo para asimilar mejor la noticia, pero no fue posible que convenciese a alguno de ello, ni siquiera Rámses me apoyo en la idea de regresar otro día.
Era una consulta privada pequeña y considerando que éramos una familia de 7, nos quedaba diminuta, por lo que algunos tuvieron que esperar fuera del consultorio, en las escaleras del pequeño edificio. Algunas embarazadas con sus acompañantes esperaban en la pequeña sala, sus caras era de felicidad, alegría, muy distinta a la mía de aterrada.
La secretaria anuncio que era la próxima y cuando me levanté de la silla, Rámses inmediatamente se posicionó a mi lado, pero puse mi mando en su pecho, frenando su avance decidido dentro de la consulta.
—¿Por qué no quieres que entre?—insitió el francés comenzando a enojarse.
—Porque no quiero, Rámses, por favor—el francés estaba con sus brazos cruzados y no me dejaba avanzar al consultorio, tanto como yo no lo dejaba a él.
—¿Por qué no?.
No podía decirle la verdad, pero tampoco quería mentirle.
—Porque no quiero que escuches lo que la doctora me dirá. No quiero que escuches… nada—agaché la mirada, rogando en silencio que no me preguntase nada más.
—Hijo, déjala ir sola—Fernando puso su mano sobre el hombro de Rámses y lo apartó de mi camino.
Avancé sin mirarlo, sin decir nada y finalmente entré en la consulta.
Cuando la doctora me dio la bienvenida, le pedí a la enfermera que pusiera el seguro a la puerta, no confiaba que Rámses no intentara entrar a pesar de todo.
—Hola Amelia, soy la doctora Montgomery, Hayden ya me adelantó lo ocurrido, así que aquí estoy para examinarte y responder todas tus dudas. Lo que tú me digas, lo que yo te responda, lo que aquí conversemos, se quedará acá.
Eso me dio un poco de tranquilidad, desde que se habían enterado de mi estado, me sentía completamente invadida en mi intimidad. Expuesta, sin privacidad. Asentí y comencé a contarle a la doctora lo ocurrido, los malestares que sentía pero sobre todo le dije que aun no tenia una decisión al respecto. No sabía si podría seguir con el embarazo, si podría convertirme en madre.
Ella solo asintió, me explicó cada síntoma y me adelantó los que estaría experimentando en los próximos días y semanas. Y finalmente me habló de mis opciones que eran las mismas que me había dicho Hayden, pero que ahora, viniendo de una persona completamente neutral y objetiva, pude entender y procesar mejor.
La doctora me pidió que me cambiase la ropa por una bata de papel con la abertura hacia adelante, dejando expuesto todo mi estómago. Subí a la camilla y con su ayuda coloqué las piernas sobre los cabestrillos de la mesa. Era de las posiciones más vulnerables en que la mujer debía ser examinada, pero no era mi primer eco. Al estar embaraza no podía hacerme un eco transvaginal, ese donde introducen un aparato dentro de mis partes íntimas. Me harían un eco pélvico, el cual prefería, porque revisaban haciendo rodar sobre mi vientre un pequeño aparato.
El gel, que usaban siempre era helado, pero yo me encontraba tan nerviosa que salté cuando entró en contacto conmigo, la doctora me pidió que me calmase mientras encendía el monitor donde vería las primeras imágenes de ese ser que crecía dentro de mí.
Movió con experticia de un lado al otro sobre mi vientre el dispositivo, tomando medidas en la computadora, explicándome lo que estaba viendo en la pantalla y las dimensiones, como si pudiese entender algo de lo que me decía.
—Es un embrión sano por lo que veo. Tienes 4 semanas de gestación. No podemos escuchar aun los latidos, para eso es muy pronto. A partir de la sexta semana si podríamos intentarlo si quieres, puedo dejarte agendada la cita de una vez.
Solté todo el aire que tenía en los pulmones, aliviada de su respuesta.
Aliviada de que todo estuviese bien, pero sobre todo aliviada de que no pudiese escuchar aun los latidos, era algo para lo que difícilmente estaba lista. Un poco más de tiempo me ayudaría.
Había pasado por muchas noticias y acontecimientos en muy poco tiempo.
Tiempo, era justo lo que necesitaba.
—¿Fue por eso que no lo dejaste entrar?—la doctora tuvo que haber notado mi cara de agobio, seguramente un reflejo de todo lo que estaba pasando por mi mente. Su mano apretó con delicadeza la mía, mientras que con la otra limpiaba el exceso de gel de mi barriga—. No querías que escuchara los latidos, porque no sabes si lo tendrás o si lo conservarás.
Asentí limpiando mis lágrimas.
—Está bien Amelia, no tienes una decisión tomada, eso no es malo. Muchos papás entienden que son papás cuando el bebé nace y lo cargan, muchos cuando escuchan los latidos, otros nunca lo entienden, sin embargo la mamá es quien debe lidiar con todo la maternidad desde el primer momento, la carga es toda de ella porque es quien lo gesta, es a quién le cambia el cuerpo, pero también es a quien más le cambia la vida. La mayoría de esas chicas que viste allá afuera llegó el primer día asustada, no importa si habían deseado o no el embarazo, todas llegan asustadas, porque todo cambio asusta, y algunas han llegado sin saber qué es lo que harán, así que comprendo tu miedo. Pero no pases por esto sola, no hay necesidad de que hagas la situación más difícil. La decisión que tienes que tomar te pertenece solo a ti, pero te recomiendo que lo hables con él, explícaselo, porque por lo que me explicó Hayden, ustedes no son solo unos noviecitos, y la situación por la que están atravesando, deben sobrevivirla juntos, para poder permanecer así.
No podía hablar sin comenzar a llorar, pero asentí para agradecer sus palabras. Ella me tendió la imagen que imprimió, de lo que era el embrión en mi barriga, algo que solo ella como doctora podía ver, porque del resto yo no entendía nada de la imagen en blanco y n***o. También me dio un récipe médico para las vitaminas que debía tomar, los exámenes de laboratorio que tendría que hacerme y las recomendaciones para un embarazo sano.
Cuando salí del consultorio solo Fernando me estaba esperando, no había rastro del resto de la familia. Eso me entristeció un poco más porque si bien no quería que Rámses entrase al consultorio, me hubiese gustado que me esperara.
—Hayden se topó con algunos colegas por lo que se puso nervioso y lo convencimos de ir al restaurante del frente a esperar.
No me dio explicaciones del porque mi francés no estaba, cuando en otras circunstancias no hubiese podido moverse de allí ni con la fuerza policiaca insistiéndole.
Le tendí los papeles, pero también la imagen que me había dado la doctora y él la contempló por un rato y sin decir palabras comenzamos a caminar a la salida. No sé cuál había sido su cara, no me atreví a mirarlo. Si su cara era de ilusión, de alegría, me partiría el corazón.
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6 semanas de embarazo y seguía sin saber que hacer. No les dije a nadie que tenía consulta medica para escuchar el latido de corazón, preferí esperar un poco más.
Los malestares matutinos del embarazo ya no eran tan fuertes, pero no importaba si ya no tenía que correr a la taza del baño con nauseas, porque igual no lograba dormir, comer ni estudiar.
Y a pesar de todo lo que pensaba y meditaba, no lograba tomar ninguna decisión. Me sentía juzgada en todo momento, el silencio era peor a que me preguntaran directamente. Era mil veces peor.
Y sin embargo tampoco quería que me preguntaran.
Quizás la bipolaridad también formaba parte de los síntomas del embarazo.
Para mi suerte, esperaba distraerme en la fiesta de cumpleaños de Gabriel, por lo menos por unas horas.
—¿Dónde colocamos las bebidas?—preguntó Rámses entrando al departamento llevando en cada mano las cajas de cerveza y algunas bolsas.
—Las no alcohólicas, en la cocina, las alcohólicas en la ducha de tu habitación. Cierra con llave, no queremos que se enteren antes de tiempo—respondió Gabriel.
—Te ayudo—le quité algunas bolsas de encima a Rámses pero Gabriel corrió hasta mi lado.
—¡No! ¿Estás loca? ¿Ese peso? ¿Con tu condición?. No!.
—Son bolsas de papas fritas. ¿Qué pueden pesar?—me defendí y le volví a arrebatar las bolsas de su mano.
—Deberías estar acostada—el portugués forcejeó conmigo por las bolsas, tratando de arrebatarmelas.
—Suelta Gabriel!—grité.
—Te estás alterando, le harás daño a mi sobrino o sobrina. Respira—y el imbécil portugués comenzó a hacer ruidos respiratorios, como si yo estuviese a punto de dar a luz—. Ji, ji juuuu, ji ji juuuuu. Anda, practica conmigo, será bueno para cuando comiences las clases de parto. Por cierto, ¿puedo ir a algunas? Sería divertido confundir a las personas si le hacemos creer que el hijo es mío, tanto como de Rámses. Imagina sus caras cuando yo vaya a algunas clases y él a las otras.
¿Clases de parto? Y mi corazón martilló con fuerza, no había pensado que incluso antes de dar a luz, mi vida ya tendría mas actividades por hacer.
—¡Tu cálmate!—le arrebaté las bolsas y las puse en la cocina.
— ¿Qué está pasando?—preguntó Rámses.
— Tu hermano es un idiota—grité enojada, aun pensando en las clases de parto, mis pies hinchados que no me dejarían caminar, las estrías, todo.
— Eso siempre lo he sabido.
— Ella está cargando peso y no quiere calmarse, ni siquiera respirar. Jiiii juuuuu, Beleza, ¡Anda, tu puedes hacerlo!. El estrés gestacional es una realidad
— ¡Tu respira!—volví a defenderme.
— Y por cierto, nada de eso deberías comerlo, quizás debamos revisar tu dieta porque estuve leyendo que hay muchos productos que son dañinos para…
— Lo miré con tanto, tanto odio, que Rámses se interpuso entre nosotros, tapó su boca antes de que comenzara a hablar de las calorías que debía consumir y se llevó a Gabriel antes de que yo saltase encima de él, directo a su yugular. Abrí la bolsa de doritos que tenía más cerca y bajo la mirada de Gabriel horrorizado, comencé a comerme los doritos, retándolo a que me dijese algo.
— Él no está molestándote, está genuinamente preocupado por ti y quiere cuidarte—me explicó Rámses.
— Estoy embarazada Rámses, no soy invalida. Es un exagerado, apenas tengo 6 semanas como pensar en clases para el parto, es muy pronto… y… eso me pone demasiada presión, como si pudiera, como…
— como si todo esto fuese real. Como si no debiese hacer nada más que respirar y pensar en si quedarme con el bebe. Como si pudiese decidir que no lo quiero y sabiendo que los lastimaré a todos.
Me di media vuelta sin terminar la frase y entré a mi habitación, que se había convertido en un pequeño depósito de todo lo que estaría en la fiesta y de lo que nuestros papás no podían enterarse.
Me tumbé en la cama, abrazando aun la bolsa de doritos mientras seguía comiéndolos sin parar, pensando en las grasas que comí el día anterior o el trago de café que tomé esta mañana, sin darme cuenta.
Dos golpes en la puerta y la cabeza del portugués se asomó por un costado.
— Lo lamento, Beleza. ¿Puedo pasar? Tengo una pregunta muy importante que hacerte.
— Ni siquiera esperó mi respuesta, se sentó en mi mesa de noche y metió la mano dentro de la bolsa de doritos.
— Estoy sumamente feliz. No puedo evitarlo y tampoco quiero hacerlo. Me gustan los niños. Me creo todo el cuento de que son una bendición, un milagro, que no se conoce el amor hasta que no se tiene hijos, que no sabemos que es el miedo hasta que somos padres. Que hay que hablarles para que reconozcan tu voz, que hay que leerle cuentos, ponerle música. Todo, creo en todo eso. Por eso…, es por eso mismo que yo creo que… interrumpir un embarazo, es…
— Gabriel bajó la cara, mirándome mi vientre, que no estaba abultado por el embarazo sino por pura comida, pero que quizás él se imaginaba creciendo como globo, con un bebe pateando desde afuera buscando la voz de su tío. Sus ojos tenían esa ilusión que no quería verle a ninguno.
Así que terminé su frase en mi cabeza: “Interrumpir un embarazo es asesinato”.
—¿Cuál era la pregunta que me querías hacer?—quería que esa mirada desapareciera de su rostro.
Gabriel me miró con sus grandes ojos, ligeramente humedecidos, lo cual me sorprendió, agitó un poco su cabeza, como si quisiera espantarse los pensamientos o quizás la tristeza.
— ¿Es normal que ahora que estas embarazada comience a darme morbo las embarazadas?
— Su cara era seria, pero yo estallé en risas y él se terminó uniendo.
— ¿Sabías que hay toda una categoría en las paginas pornos? ¡No sabía que podían ser tan acrobáticas!.
— Si Rámses te escucha…—dije ahogándome con la risa—. Te matará.
— Ay por favor —me respondió llorando con las carcajadas—, si fue él quien descubrió esa categoría.
— ¿De qué se ríen?—Rámses nos miraba desde la puerta.
— Embarazadas… categoría porno—respondió entrecortadamente el próximamente difunto portugués.
— ¡Te dije que tenías prohibido ver esa categoría!—Rámses lo levantó de la cama y lo comenzó a sacar de la habitación.
— ¡No sabía que existía hasta que lo dijiste!—el portugués se resistía a irse—. Y cuando lo hiciste prohibido, tuve que investigar. No sabía que pudiesen ser tan acrobáticas y flexibles. Y las sub categorías, Dios, son infinitas.
— Gabriel corrió como loco con Rámses atrás, mientras que el portugués iba enumerando sus categorías preferidas. Me levanté para separarlos, o como mínimo para evitar una masacre.
— ¡Feliz 13 de Octubre!—gritó Mike entrando en el departamento—. ¡Rámses! No lo mates el día de su cumpleaños, es de mala suerte. Suéltalo. Suéltalo dije.
— Feliz Cump…!Rámses, suéltalo!—Fernando soltó las bolsas con rapidez y ayudaba a Mike a separar a los hermanos.
— ¿Y dónde está el cumpleañero? ¿Coño qué hiciste ahora Gabriel?—Hayden llegó justo en el momento en que lograron separarlos.
— Gabriel se seguía riendo, Rámses ni un poquito.
— ¡Está viendo porno de embarazadas!—bramó el mayor de los hermanos.
— Gabriel comenzó a reírse nuevamente y Mike tuvo que esconder su cara para que no viesen su sonrisa.
— ¿Coño, pero por qué…? Olvídalo. Gabriel, deja de ver porno de embarazadas, Rámses cálmate—Hayden se posicionó entre ambos y logró calmarlos.
— Ella no estará así de embaraz…— Rámses se calló de improvisto, y pisando con mas fuerza de la necesaria, respirando agitado, pasó por mi lado y salió al balcón, seguido por Fernando.
Me giré cuando el silencio se apoderó del departamento, la sonrisa de Gabriel había desaparecido, por nervios traté de sonreír y con la misma sonrisa nerviosa me respondieron Mike y Hayden, pero no Gabriel.
Traté de disimular en vano, pero me retiré a mi habitación una vez más. Por eso Rámses estaba tan furioso, porque no creía que yo fuese a llegar a tener una panza grande de embarazada. Él estaba convencido que yo no escogería al bebé, que yo terminaría el embarazo.
¿O acaso era lo que él quería que hiciera?. Y si era así, ¿Por qué no me lo decía?.
Porque es mi decisión. Por eso no me lo decía.
— Hablaré con él—Gabriel entró a mi habitación casi una hora después, me decepcioné un poco porque me hubiese gustado que fuese mi francés el que entrara. La música estaba sonando en el departamento desde algunos minutos, y ya escuchaba a algunos invitados, pero no quería salir aún.
— ¿Y qué le dirás?.
— Yo… no lo sé. Está asustado y tiene razón, pero no debe interferir en tu decisión, no es justo para ti ni para el bebe. Influenciarte de esa forma, no es correcto. Si él no quiere formar parte de esto, que no lo haga, nosotros no te dejaremos sola. Así que ya puedes olvidarte de eso.
Gabriel hablaba con total seguridad de que yo conservaría al bebé.
— Eso no es así, Gabriel…—intenté explicarle.
— Claro que si, no te dejaré sola, ninguno de nosotros—insistió.
— Él cree que no llegaré a estar así de embarazada, porque yo no sé si quiero estar así de embarazada.
— No puedes estar considerando seriamente….
— Lo estoy Gabriel. Esto no es fácil para mí. Tengo que pensar las cosas muy bien y yo no he tomado una decisión todavía.
— Amelia, es tu hijo, no puedes estar pensando en…
— Es su cuerpo, Gabriel—interrumpió Rámses—. Y si yo no tengo voto sobre esa decisión, menos tu.
— ¿Cómo que no tienes voto? Tu eres…
— Sortez de la chambre—siseó entre sus dientes muy apretados—. Je ne veux pas que vous interfériez à nouveau avec sa décision. Ne plaisante pas Gabriel – Sal de la habitación. No quiero que vuelvas a interferir en su decisión. No te metas Gabriel.
— El portugués no respondió, salió de la habitación y cerró la puerta con excesiva fuerza.
— Esto debimos hablarlo en otro momento, hace muchos días atrás, pero mejor hacerlo hoy a que pase un dia más sin que conversemos—Rámses se sentó a mi lado, con sus manos entrecruzadas y sus codos apoyados en las piernas—. Gabriel no está a favor del aborto, pero yo si. Ese embrión que se está formando en ti, es una parte mía y una parte tuya, es la mezcla perfecta de ambos, pero está dentro de ti. Yo no puedo interferir en una decisión cuándo será tu cuerpo el que cambie, la que sacrificará su carrera, su tiempo, sus planes de vida. No importa si yo dejo mi carrera para trabajar, porque igual serás quién lo geste y quién lo alimente cuándo nazca. No es una decisión mia. Es una decisión tuya y sea cuál sea la que tomes, yo la respetaré. No mentiré diciendo que no me duele, ni que no me angustia ni que no me preocupa nuestro futuro, porque tenía, tengo muchos planes contigo, y definitivamente no consideré a un bebé en ellos, pero si decides tenerlo, lo incluiremos. Hay una parte de mi que está molesto conmigo mismo por no haberte cuidado más, porque te puse en ésta situación, cuidarnos era responsabilidad de ambos aunque seas tu la que tomara la pastilla, por lo minimo debía recordarte que la tomaras—Rámses suspiró frustrado, el mismo sentimiento que yo tenía cuando recordaba como llegué hasta este punto de mi vida—. Yo estaré acá cuando quieras hablar las cosas. Si quieres que imaginemos como será nuestro futuro con un hijo ahora, o con un hijo después, lo haremos. Te ayudaré en lo que pueda y en lo que quieras para que tomes una decisión, pero no te diré que hacer. Te amo demasiado como para obligarte a tomar una decisión que no quieras, aunque tu decisión me duelan a mi también. Y si decides no tenerlo, llevaremos el luto juntos. Pero, Amelia…
¾ Y el silencio que hizo me asustó mas que nunca.
>>Pero, Amelia, si decides tenerlo, no permitiré que lo des en adopción. Lo lamento, lamento mucho tener que decirtelo, pero no podré permitir eso porque no puedo saber que una parte perfecta de ambos, se encuentra lejos de nosotros. No me perderás nunca, sea lo que sea que decidas, pero si ese embrión se vuelve bebe, y si el bebé nace, lo mantendré conmigo.
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Pasé la noche entera en la habitación, ni siquiera cuando llegaron todos los invitados me animé a participar en la fiesta. Sali de la habitación a tiempo para cantar cumpleaños y a pesar de las conversaciones que había tenido temprano con los hermanos, no me resultó incómodo. Influyó que ambos estaban bastante ebrios para cuando salí de mi refugio, al igual que los papás.
¡Vaya fiesta tuvieron estos!.
Y la fiesta no acabó ni cuando los invitados se fueron, siguieron tomando y tomando. Los grabé mientras bailaban con enorme torpeza, cuando cantaron en un improvisado karaoke y cuando Hayden intentaba enseñarlos a bailar merengue.
Me reí tanto que olvidé por completo la decisión que debía tomar, la presión que estaba sobre mis hombros, o quizás debería decir que estaba sobre mi vientre.
Me acosté en la madrugada, cuando mis ojos ya no aguantaron el sueño y los dejé a todos disfrutando de la fiesta.
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