CAPITULO 6. ¿Qué es lo correcto? (Primera parte)

4051 Palabras
Intenté que mis arcadas fuesen lo más silenciosas posibles y abrí el agua del lavamanos para tratar de disimular el ruido, pero la sensación en la parte trasera de mi garganta, me hacía no solo arquearme sobre la taza del baño, sino también toser y lagrimear mis ojos. Una cuantas arcadas después, cuando mi estómago entendió que nada tenía para expulsar, me sentí lo suficientemente segura para levantarme del piso donde estuve arrodillada, me lavé el rostro y enjuagué mi boca. Embarazada. ¿Sería realmente posible que estuviese embarazada?. Toqué mi vientre, como si pudiese sentir lo que sea que estuviese pasando dentro de él. Y no sentía nada, ni cosquillas mucho menos un sexto sentido, ese sentido materno definitivamente no lo tenía. Y no sabía si quería tenerlo. Me miré al espejo, haciendo el esfuerzo para imaginarme con un vientre abultado y todo lo que ello conllevaba, pero no pude lograrlo, tampoco quería tener esa imagen en mi cabeza. Sali del baño tratando actuar normal, pero Rámses me esperaba parado al lado de la puerta, estaba preocupado, lo noté en sus ojos y en sus hombros caídos, y eso me reconfortó, después de todo si resultaba que estaba embarazada, quería saber que estábamos en la misma página, que pensábamos y sentíamos lo mismo. Pero si había una diferencia, Rámses no era la única persona que me observaba con preocupación. Hayden me miraba desde la cama mientras la enfermera terminaba de ajustar su medicamento. —Esperaremos afuera—anuncié. —No muevas ni un pie, Amelia—dijo Hayden y me sentí pillada en alguna travesura, pero no me moví, me quedé estática. Y Rámses algo sabia porque estaba tratando de contener la risa. ¿Cómo podía reírse en un momento así? —¿Le dijiste?—susurré El francés negó: —Es doctor— y se encogió de hombros. La enfermera abandonó finalmente la habitación y Hayden me pidió que me acercara, y lo hice, con mis piernas temblando como gelatinas. —¿Te cayó mal la comida?—preguntó y negué, no podía mentirle, me descubriría, si es que toda mi expresión corporal no me había delatado ya—. ¿Vomitaste algo hace rato?—negué—. Solo nauseas entonces. ¿Mareos? ¿Cansancio?—asentí a todo y Hayden respiró profundo, escaneándome con su mirada—. ¿Cuándo fue la fecha de tu último periodo? —no sabía, así que negué—. Seguramente más de tres semanas, porque si no, lo recordarías. ¿Se están cuidando? ¿Te has saltado alguna pastilla?. —Algunas—mentí y cuando alzó su ceja, tuve que ser honesta—, casi todas. —Asumiré por tu cara de terror y la de Rámses que te habrás saltado las pastillas, pero no el postre… —Ni el desayuno, almuerzo, cena, merienda…—agregó Rámses pero Hayden se incorporó de la cama y miró a Rámses con furia, lo que hizo que se callara y su sonrisa desapareciera de inmediato. Hayden caminó por la habitación, sus pasos furiosos retumbaban en las paredes. Estaba vivo, más que nunca, revitalizado por el enojo que veía en sus ojos. —¿Embarazaste a Amelia?—gritó al fin— ¡¿Se embarazaron?! —No te alteres, es dañino—le respondió el francés. —¡Rámses! No juegues conmigo. La protección es responsabilidad de ambos. ¡Coño te lo dije! Te lo dije mil veces, nada de embarazos prematuros, nada de enfermedades venéreas, nada de drogas. ¿Dos de tres? No estoy nada feliz, nada. ¿Coño tendré que cortarte el pene?. —Aquí lo importante, padrino, es que estas lo suficientemente bien como para querer cortarme el pene. —Bueno quizás si te lo hubiese cortado hace un par de años, no hubieses embarazo a Amelia. Debí haberte hecho una vasectomía—se lamentó—, pero estoy a tiempo con Gabriel. —Por todos los santos, déjame darle la noticia. Rámses no se tomaba nada en serio, él bromeaba, pero yo estaba temblando de nervios. —Te lo voy a cortar solo para borrarte el chiste de la cara. ¿Amelia, te has hecho una prueba?—me preguntó y apenas murmuré un no, porque no quería tener que explicarle que no me hice la prueba porque él iba moribundo en una ambulancia para el hospital y que lo menos que quería era confirmar que mientras su vida se apagaba, en mi nacía una. Era una superstición, pero con la vida de Hayden no quería tomar ni un solo riesgo. Hayden buscó su teléfono y navegó por el directorio hasta que consiguió el número que buscaba. —Necesito ayuda tuya, de inmediato, pero es muy importante que nadie lo sepa, en especial Ameth. Te espero acá. Joseph llegó a los 5 minutos, no llevaba la misma sonrisa de siempre, creo que la llamada de Hayden lo había asustado. —Necesito que le hagas una prueba de embarazo a Amelia. Los ojos de Joseph se abrieron cuan grandes eran y entendió la urgencia y la discreción que era necesaria. Me pidió que lo acompañara y no tuve opción, Hayden tenía una mirada asesina que estaba muy cerca de estallar en un gran arrebato de furia, así que me apresuré en salir. En cuanto cerré la puerta escuché el grito de Hayden. El examen fue rápido, y el resultado estaría en pocos minutos, Joseph lo pidió con urgencia. Regresé a la habitación, entré con miedo, me esperaba un regaño monumental. ¾ ¿Te dolió?—me preguntó Rámses en cuanto me vio. ¾ No ¿y a ti?—pregunté porque vi su cara pálida y un tanto asustada. ¾ Y no me respondió. Eso me hizo preocuparme mucho más. Rámses me tomó de la mano y nos sentamos en uno de los muebles esperando que Hayden saliese del baño. En cuanto me vio comenzó su regaño, diciéndome todo lo que imaginé que me diría. No me estaba gritando, pero no era necesario para saber que estaba furioso. —Lo lamento, pero esto no puedo cubrírselo. Hicimos una promesa y no pienso faltarla, menos después de todo lo que hemos pasado. Hayden tomó su teléfono y noté el nervio cuando marcó el número de Fernando, y el alivió cuando le atendió, estuve segura de que su nerviosismo no era por lo que tendría que decirles, sino porque pensó que no le atenderían. ¿Cuántas veces habrá llamado sin que le respondieran? Esa pregunta, me llenó de tristeza por él. —¡Hey! Mike y tu deben venir a la habitación con urgencia. Solo ustedes. No, yo estoy bien, pero deben venir. Si, están acá conmigo. No, no los conseguí follando en ningún sitio. Vengan y ya. Primero llegó la enfermera con un sobre blanco con mis resultados y unos pasos más atrás llegaron Fernando y Mike. —¿Qué pasó?—fue lo primero que preguntó Fernando. —¿Cuánto nos va a costar?. —¿No has cerrado el fondo de los chicos?—pregunto Hayden. —¿Cerrarlo? ¿Estás loco? El problema era con ustedes, no con ellos, si lo cierro quedaríamos en la ruina—bromeó pero sé que había cierta verdad en sus palabras. —¿Y bien?—insistió Fernando. —Bueno…—Hayden les tendió el sobre, no lo había ni siquiera abierto. Fernando lo abrió y sacó el papel, Mike se asomó y Hayden no quería ni verlo, creo que el doctor sabia muy bien lo que allí se decía. Se quedaron mudos y no parpadeaban. Era bastante terrorífico. Mike quiso desatarse el nudo de la corbata, pero es que ni tenía puesta una. Se estaba como asfixiando, su respiración era apenas perceptible y vi como su rostro comenzó poco a poco a cambiar de color. Fernando caminó hasta la ventana de la habitación sin decir ni una palabra. Esperaba que no intentase lanzarse —Gracias a Dios estamos en una clínica. Pide ayuda Hayd, pídela—Mike comenzó a tumbarse en la cama y Hayden comenzó a revisarlo. —No tienes nada, no es un ataque al corazón, ni siquiera de pánico. Respira. —¡Sé que no es eso!. Es la rabia tan grande que tengo. Pide ayuda, la necesitaran para contenerme, porque lo voy a matar. ¡LA EMBARAZASTE!. ¡RAMSES O’PHERER LA EMBARAZASTE! Y así comenzaron los gritos que sentía que se escuchaban hasta en el ultimo piso de la clínica. —No puedo creer esto. ¡Tanto que lo hablamos! Tantas veces. Dios, bendito—agregó Fernando—. ¿ACASO NO TIENEN DINERO PARA CONDONES? ¿PASTILLAS? ¿GINECOLOGO?. —¿Acaso no fuimos lo suficientemente claros? ¡Gráficos! Recuerdo que les hicimos gráficos de cómo no embarazar a alguien. Pasé toda una puta noche haciendo una lámina de power point. Les hicimos un examen. ¡Bendito sea el señor!. ¡¿Cómo pasó esto?!—preguntó Mike. —Bueno…—Rámses empezó a responder. —Cuida muy bien tu boca carajito, porque no me importaría reacomodarte los dientes si me sales con un chiste en este momento—Hayden le advirtió. Y Rámses se mordió la lengua. Yo no podía decir nada, estaba al borde de las lágrimas y sobre todo, estaba asustada. Los gritos siguieron y siguieron y en algún momento Fernando comenzó a gritar en varios idiomas, Hayden nos regañó en Venezolano y vaya que recordé a mis abuelos. Mike se puso a sacar muchas cuentas, ¡muchas!. No entendía que tantos números estaba calculando, pero creo que hasta consideró precios de pañales al por mayor. Sus cuentas también comenzaron a darme dolores de cabeza. Y entonces todo empeoró. —¿Dejé acá mi cargador? Porque si no, lo extravié—Gabriel entró en la habitación, revisando en los conectores, ajeno a todo lo que ocurría. Cuando nadie le respondió alzó el rostro—. ¿Beleza? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?—Gabriel se había acuclillado delante de mi, apretando mis rodillas con suavidad. Miro a Rámses cuando no respondí—. ¿Qué ocurre?. No sabía que responderle, nadie lo sabía, y entonces el francés abrió su gran bocota. —Tu vas être oncle - Vas a ser tío. La mandíbula de Gabriel cayó por su peso, nos miró a todos una y otra vez, esperando que alguien le dijese que era una broma. Entonces, le tendí el papel que indicaba mi irreversible positivo, en algun momento en medio de los gritos lo había tomado. —¡Eu serei tio!. ¡Je serai oncle ! – Voy a ser tío—repitió una y otra vez mientras una sonrisa comenzaba a aparecer en su rostro. Primero abrazó a su hermano con fuerza y el francés hasta le sonrió, espero que contagiándose con su humor, porque la situación no tenía nada de graciosa. Y luego fue mi turno. Me abrazó con fuerza y luego se disculpó como si me hubiese lastimado. Yo lo miraba consternada. ¿Acaso perdió la cabeza ?. —Seré el tío y el padrino. Ya lo dije, si se atreven a colocar alguien más, no les hablaré más nunca en la vida. Quería hacer que se callara, quería decirle que esto no era nada divertido, que no era gracioso. Quería decirle que yo… que yo no estaba feliz. Pero el revoloteaba por la habitación felicitando a todos, tratando de contagiarles su alegría. Los adultos fingían sonrisas y alzaban ligeramente las comisuras de sus labios, como quien intenta sonreír sin nada de ganas. Esto no era lo que había imaginado. Embarazada a mi edad. ¿Y la universidad? ¿Mi carrera? ¿Mis planes?. ¿Qué significaba eso para Rámses y para mi?. Soy una estúpida. Estúpida. Estúpida. ¿Cómo pude olvidarme de la pastilla? ¿Cómo?. ¿Por qué no me inyecté? Tantos métodos anticonceptivos y yo preferí confiar en mi memoria. Y entonces comencé a llorar. La voz de Gabriel se calló inmediatamente y los brazos de Rámses me envolvieron con tanta rapidez que me hizo ahogar un pequeño hipido. —Bombón, estaremos bien. Estarás bien. No es tan grave. —¡No me digas que no es grave! Tu carrera, mi carrera. Esto es una locura. Soy tan estúpida—me lamenté entre sollozos. —Cálmate Amelia. No te hará bien—me dijo Hayden—. Si, definitivamente se cometieron errores, pero nos toca seguir adelante, buscar la forma de hacerlo funcionar. Hay mucho tiempo por delante. —Lo podemos hacer. Yo puedo conseguir un trabajo medio tiempo, bajaré las horas académicas y no importa si me gradúo un poco mas tarde—me susurró Rámses y yo no podía articular palabra, solo llorar. —Claro, Amelia, a juzgar por lo que me dices de tu última falta, probablemente estés entre la tercera o quinta semana. Es tiempo suficiente para prepararnos para recibir al bebé, organizarnos. Y yo comencé a negar incluso antes de que las palabras salieran de mi boca. —No… yo no… No puedo… no… yo…—balbuceé y Rámses me soltó para ver mi rostro. —¿Qué no puedes? ¿Qué no sabes?—me preguntó confundido. —No sé si pueda tenerlo, no sé si quiero tenerlo. Y nuevamente ese maldito silencio, esta vez más intenso que nunca. —Salgan todos—ordenó Fernando. —No me iré—respondieron los hermanos al unísono, con tanta firmeza que Fernando tuvo que repetir la orden. —Ella es mi novia, y tiene en su vientre a mi hijo o hija. No me iré papá—la firmeza de la voz de Rámses me impresionó, pero también me lastimó. En pocos minutos él ya está dispuesto a darlo todo, y yo no sé ni siquiera si podía tenerlo. Fernando miró a Mike y a Hayden, buscando apoyo, pero ambos negaron. No lograrían sacar a los hermanos de allí. Respiró profundamente y se acuclilló frente a mí, donde minutos antes estuvo Gabriel. —Estas en tu derecho de decidir lo que deseas hacer, lo que te pido, te ruego, es que lo pienses y que no tomes una decisión apresurada. —Tienes tiempo suficiente para decir lo que deseas hacer, Amelia—Hayden estaba mas calmado. Sentí como el pecho de Rámses se infló con lentitud, y se desinfló con rapidez. —Haremos lo que tu quieras. Si quieres formar una familia, estaré listo, si tu no estás lista, lo respetaré. Iré a tu ritmo, bombón. —Y si llegas a decidir, que estás lista, te apoyaremos. A ambos. Seguirán estudiando, terminarán sus carreras a tiempo y nadie trabajará medio tiempo hasta que no se gradúe. Creo que los fondos para emergencias de Rámses y Gabriel, cubren embarazos. —Por supuesto que lo cubre—dijo Mike acercándose—, te sorprendería saber lo que cubre ese fondo de emergencia. No queremos que te preocupes por eso por lo menos, esos gastos estarán cubiertos. Sus palabras me daban cierto alivio, pero mis dudas seguían allí. Esos planes sonaban muy bien, pero la embarazada era yo. La que pasaría varios meses sin poder ir a clases sería yo, la que debería encargarse de un bebe recién nacido sería yo. En el mejor de los casos, pasaría por lo menos 8 meses sin ir a clases, lo que significaba perder un año completo. Aunque descubrí en ese momento que perder las clases no me dolía tanto como antes, que me estaba doliendo más saber que el resto de mi vida cambiaría irremediablemente. Un bebe, un segundo bebé, porque además del que ya tengo en el vientre, está el que mi mamá tiene en el suyo. Dos bebés. Dos. No me imaginaba volviendo a clases tan pronto como ellos decían. No imaginaba a Fernando dejando una reunión en la embajada porque yo tenía un examen de Contabilidad. Ni a Hayden desvelado por una guardia, cuidándolo mientras yo estaba en clases, ni a Mike acompañándome a llevarlo al doctor porque Rámses está en la universidad. No era una responsabilidad que recaería sobre ellos, era solamente mía y aunque ellos ayudaran, era yo quien debía asumirla. Bueno, Rámses y yo. Si bien el dinero no sería un problema, el tiempo lo era. . . . Mientras todos dormían, yo miraba el techo de la habitación, preocupada con una lluvia de pensamientos que me aturdía. Quité de mi estomago el brazo con el que Rámses me abrazaba y me levanté con lentitud para no despertar a nadie en la habitación. La brillante luz del pasillo de la clínica, me cegó por un momento antes de caminar a la pequeña sala de espera del piso donde me encontraba. Me senté en el frío mueble, subí mis piernas para darme un poco de calor y miré la pantalla de mi teléfono, necesitaba hablar con alguien, con una amiga que me pudiese ser sincera y objetiva. Nunca había sido una persona de tener muchas amigas, tenía pocas pero las mejores. Marypaz fue mi primera mejor amiga y a pesar de todo lo que habíamos pasado logramos una forma de continuar la amistad; Mikaela había sido mi más reciente adquisición, adoraba a esa niña, y con respecto a Sara y a Isabel, habían dejado de ser mis amigas y ahora si acaso podía llamarlas compañeras de universidad. Ellas habían cambiado tanto que no logramos un punto donde pudiésemos volver a encajar, el espacio creció tanto entre nosotras que nos saludamos en la universidad mientras ellas caminaban con sus nuevas amistades, lejos de mí. Mi amistad con Sara e Isabel no sobrevivió con apenas pocos cambios en mi vida, ¿Qué perdería si era un cambio tan masivo como tener un hijo? No podría ir a fines de semana universitarios, porque no podría dejar un fin de semana solo a un bebé; incluso una simple fiesta de fin de semestre podría ser una logística agotadora. Ningún plan improvisado ni siquiera para almorzar algo distinto. ¿Por qué estaba pensando esto justo ahora? Quizás porque formaba parte de las muchas cosas que cambiarían con un hijo. Fiestas, reuniones e incluso conversaciones, todo desaparecería y todavía no estaba lista para eso. Llamé a mis amigas, Marypaz y Mikaela. No estaba lista para que la amistad con ellas cambiara, temía también perderlas cuando mis responsabilidades como madre se interpusieran entre nosotras. Las llamé porque necesitaba hablar con chicas como yo, estudiantes, que quizás pudieran entenderme o darme un punto de vista distinto, que pudieran realmente entender lo que estaría perdiendo si soy madre a esta edad. Pacita me atendió bastante rápido, estaba sentada en el escritorio de su dormitorio universitario, me saludó con cariño y me mostró que a pesar de la hora estaba aun estudiando para un examen que tendría al día siguiente. Mika tardó un poco más, estaba completamente adormilada y aunque ofrecí llamarla en otro momento, se sentó en su cama y nos mostró que a su lado un rubio dormía pesadamente. —Suéltalo, Mia, no llamarías tan tarde a menos de que tuvieses algún chisme bueno que contarnos—Pacita se lanzó en su cama, acomodándose para las noticias. —¿En qué problema se metieron los chicos esta vez? A Ryan lo llamó hoy Mike para hablarle del fondo de reserva para crisis y desastres O’Pherer. Quedó ligeramente traumado con todo lo que vio allí—se burló la pelinegra mientras acariciaba la cabellera rubia de su novio—pero no pudo decirme nada, lo hicieron firmar un acuerdo de confidencialidad. —Estoy embarazada. Marypaz se comenzó a ahogar con las papas frítas que se estaba comiendo, Mikaela se quedó completamente congelada, tanto que creí que había sido la conexión fallando. Marypaz tosía y tosía a tal punto que creí que debería colgar y llamar al 911 para que la socorrieran y Mikaela comenzaba a reaccionar, abriendo su boca poco a poco hasta que pude verle hasta las amígdalas. —¿Estás segura?—me preguntó Marypaz con su voz rasposa y mientras se servía un vaso de agua. Estaba sudada y enrojecida. Su respiración era dificultosa. Creo que casi la mato. —Si—les confirmé y procedí a contarles todo desde el primer día. De cómo amanecí aquel día con vómitos pero que había creído que era por la leche descompuesta que tomé. —Leche descompuesta fue lo que tomaste—interrumpió Mikaela, haciéndonos reír. Proseguí mi cuento diciéndoles como no pude pensar más en eso porque me concentre en Hayden y su intento de suicidio, pero que él me había descubierto los síntomas y que no pude ni disimular ni mentir. Y que después de una prueba de embarazo casi que forzada, se había confirmado mi embarazo. —¡Oh por Dios!—exclamaron al unísono. —¿Qué dijeron los papis sexys?—Mikaela se había levantado de la cama y la veía caminar por el pasillo de su casa. —¿Qué dijo Rámses? ¿Qué hacía? ¿Estaba infartado?—Marypaz caminaba como ratón encerrado en el dormitorio de su habitación, lanzando preguntas que no alcanzaba a escuchar e incluso respondiéndose a algunas ella misma. —Primero nos gritaron como locos y luego ofrecieron su apoyo y ayuda para que termináramos la universidad. Y Rámses, bueno, no lo sé. No puedo decir que estuviese feliz, pero definitivamente no estaba enojado… —Espera…—me interrumpió Marypaz— ¿lo tendrás?. —¡Claro que lo tendrá!—le respondió Mika—. Y yo seré la madrina, ¿verdad Mia?. Mika estaba emocionada, y comenzó a hablar sobre nombres de bebés, ropas, atuendos. Y hasta decía que no importaba el sexo que fuese, ya sabía quién sería su pareja: Mini TayTay. —¿Cómo que “claro”? Ella tiene que pensar esto muy bien. No puede tomar una decisión a la ligera. Tener un bebe estos momentos cambiará definitivamente el curso de su vida. —Su vida seguirá su curso normal. ¿Crees que alguno de los papis ricos lo permitirá? Por supuesto que no. —Si, ajá, no cambiará—ironizó Marypaz—. Porque la vida de Taylor es exactamente lo que él había planeado. Ni siquiera la de Nicole y eso que ella… —Obviamente que tendrá cambios—Mika no la dejó continuar—, pero podrá graduarse, quizás no en el mismo tiempo. Pero dinero no le faltará y eso es de gran ayuda con un bebé pequeño. —Es una decisión importante y deberá pesarlo. Lo que ella decida, la apoyaré, pero no puede tomarse la respuesta a la ligera. No puede ser una decisión romántica, debe ser pensaba en frio. Y eso era exactamente lo que yo creía. —Hayden dijo que tenía tiempo para pensarlo. —¿No estarás considerando… abortar, o si ?—Y no supe que responderle a Mikaela, pero creo que mi silencio dijo mucho más que cualquier palabra. Poco después regresé a la habitación y me acosté al lado de Rámses. El francés se volvió a acurrucar en mi espalda, como si no me hubiese ausentado una hora y aunque cerré mis ojos para intentar dormir, no pude, así que vi cuando la habitación se iluminó poco a poco con la salida del sol. Mike se levantó al baño y le dio los buenos días a Hayden, Fernando avisó que iría por café para todos y Gabriel murmuró un “buenos días preciosa” a su novia por teléfono. Todos salieron de la habitación, algunos irían por café, otros por comida, cuando estuve sola con Hayden me levanté, hoy no tenía síntomas matutinos, y eso lo estaba disfrutando. —¿Lograste descansar?—me murmuró Hayden desde su cama. Respiré profundamente: —No creo, no mucho. —Tienes tiempo aun, Mia. —¿Cuánto tiempo? —Tienes hasta la semana 12 de gestación para tomar una decisión de interrumpir o no el embarazo. Y hasta el momento de nacimiento para decidir si conservarlo o darlo en adopción. Sus palabras fueron dulces a pesar de la cruel verdad que acababa de trasmitir. ¿Estaba dispuesta a abortar a ese bebe? ¿A tenerlo? ¿A darlo en adopción?. ¿Cómo me vería la familia si lo hiciese? ¿Aceptarían mi decisión?. . . .
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