En el cielo, un resplandor se mezclaba con la luz solar. Una bola de humo ardía y pequeñas llamas caían hasta ser evaporadas por el río que estaba debajo. —Fui una estúpida. ¿Por qué me dejé seducir por ese rufián? Desgraciado, patán, príncipe malvado y calculador... —sollozó ella, hecha ovillo en las alturas. Le dolía el corazón. Tanto que le había tomado dejar caer sus barreras y dejarse llevar por sus sentimientos, y resultó ser que todo era una mentira. ¿Cómo pudo ser tan ingenua? —Sus lágrimas eran como gotas de fuego que se mezclaban con las llamas. Amín duró varias horas encendida y flotando en el aire, hasta que se quedó sin energía, entonces recuperó su estado natural y cayó suspendida en el río. Las corrientes de las aguas la arrastraban mientras ella se dejaba llevar. Las lágr

