—Despierta, dormilona —susurró Ken mientras le acariciaba el rostro a Amín. Ella abrió los ojos con una sonrisa en el rostro, que se fue desvaneciendo poco a poco. —Todavía sigo molesta contigo. —Ella se incorporó y se cruzó de brazos. Ken entornó los ojos. —Solo le he hecho creer a Afkar que estoy de acuerdo con él para protegerte. Además, quiero descubrir quiénes son los traidores. ¿No crees que si yo te hubiera engañado ya él sabría que tienes los arcillos y lo estaríamos utilizando para nuestro beneficio? Amín lo miró con ojos entrecerrados. —¿Lo que me dijiste anoche es cierto? Tú... ¿me amas? —Ella hizo un puchero. —Te amo. —Él sonrió—. Eres la mujer de mi vida y no me da miedo reconocerlo. Ahora vamos a prepararnos que un entrenamiento nos espera. Amín asintió con una gran son

