No lo hago. La siento acercarse; sus dedos no tardan en alzar mi rostro. Luego se sienta a mi lado y me abraza, permitiéndome recargar la cabeza sobre su hombro. —Nunca estarás sola, me tienes a mí y no me marcharé. ¿No es suficiente la beca? El silencio se alarga unos minutos. —No es eso, ya te dije que con eso y los ahorros sobrevivo. Es que… No le puedo decir que alguien me sigue. No lo hagas, no lo hagas, April. Cierro los ojos, pensando una respuesta convincente. —Será difícil encontrar otro trabajo. Nadie quiere lidiar con una paranoica. No sé cómo puedes seguir siendo mi amiga. —No digas tonterías, o me podré de mala leche. No te pido que mires todo de color rosa, pero debes ser optimista. —besa mi frente y sosteniendo mi barbilla, agrega: —soy tu amiga en las buenas y en

