Ricardo no podía evitar sentir una rabia desmedida en cuanto supo lo que Norberto había descubierto. Pablo, el despreciable ex marido de su novia, estaba involucrado de manera directa en toda la encrucijada que se había formado entre su mejor amigo y Jimena. Lo más que le preocupaba, sin embargo, era la seguridad de Berenice, pues aunque este no se había dignado a acercarse a ella aún, no podía dejar de temer su macabra proeza. Egoístamente se sintió tranquilo porque no hubiera pasado nada parecido hacia ella, en su interior se sentía agradecido por ello. No soportaría que a ella le pasara nada. Era increíble cómo habían cambiado sus prioridades desde que se dio cuenta de que estaba loco por Berenice. Nunca había conocido a nadie que le hiciera tan feliz con su mera presencia, arrollad

