Extrañas apariciones

1224 Palabras
— ¿Señorita? ¿Está usted bien? — escucho que una voz masculina me pregunta, pero parece que aquella voz no la puedo reconocer, pues se escucha como si estuviera muy lejos de mi radar auditivo. — ¿Mm? — respondí. Fue lo único que pude decir, pues apenas comenzaba a recuperar mi conciencia. Salvo porque el dolor de cabeza estaba por matarme. Con delicadeza, siento como alguien está ayudándome a ponerme de pie, me han cogido de los brazos, y siento que mis pies, por un momento, se vuelven gelatinas que no pueden sostenerse firmemente en el suelo. Poco a poco, mis ojos se abren, en un principio, no puedo ver mucho, solamente veo borroso, pero ya luego, es que puedo ver completamente bien, y me doy cuenta de que, mi casa, parece como si de la nada, hubiera pasado a ser la escena de un crimen del que yo no me di por enterada que ha sucedido. A mi alrededor, solo hay policías, todos están haciendo sus debidos trabajos, algunos están inspeccionando en cada rincón de mi apartamento, otros solo están allí hablando entre sí, y otros, están con Lucas, pues él ha sido detenido por ellos, sus manos están atadas a un par de esposas, su cara mira al suelo, cayéndose de la vergüenza porque hay una policía mujer que está tomando nota de todo lo que él está diciéndole, más bien, todo lo que él está confesándole, puesto que se notaba que él estaba siendo interrogado por lo que pasó. — ¿Señorita? ¿Está bien? ¿Desea que llamemos una ambulancia para que la lleven al hospital y la revise un médico? — vuelve a decirme aquella voz masculina, pero esta vez, si pude reconocer de quién se trataba, al menos, pude ver que era un policía el que estaba hablándome, y hay otro que, simplemente, está a un lado de él, mirándome, él era el que estaba siendo encargado de sostenerme. — Eh... No creo que sea necesario — le respondí. — ¿Segura? Ese golpe que se ha dado ha sido muy fuerte, debe ir a un hospital para que la revisen y descartar que no suceda alguna secuela de ello... — insistió el policía, su compañero no decía nada, permanecía inmóvil, solamente con su mirada pegada a mí como hipnotizado. Miro para el suelo y puedo darme cuenta de que hay charcos de agua en el piso de mi apartamento, se sentía así como si, de repente, la lluvia hubiera caído dentro de mi apartamento, y no afuera. ¿Qué habrá sido eso? ¿Eso lo hice yo antes de haber quedado inconsciente? ¡Imposible! — ¿Qué pasó aquí dentro? — pregunté a los policías. — ¿Qué cosa? ¿Se refiere al agua? Bueno, no lo sabemos, su novio es el que nos dijo que usted con magia hizo esto antes de haber quedado inconsciente ¿Puede creerlo? — finalmente, respondió el otro policía que estuvo mudo todo ese tiempo. Sin querer, he reaccionado abriendo mis ojos de un golpe, pues el comentario del policía me ha sorprendido, en gran medida, los hechos eran verdaderos, quise decir la verdad, pero pensándolo bien, si mencionaba cualquier cosa de lo que pasó con mi... ¿Cómo debía de llamarle? ¿Magia? Sí, supongo que sí, si mencionaba algo de esto a un policía, era probable que ocurrieran dos cosas; que los policías se rieran de mí y también me creyeran como loca, y segundo; que los policías de inmediato me quisieran encerrar en un manicomio, puesto que la magia en este mundo no existía salvo por las películas y por los libros de fantasía. No, yo no quería que alguna de ambas cosas fueran a hacerse realidad, sin embargo, mi cuerpo de nuevo estaba sintiendo aquella presencia de esa energía incapaz de controlar, era así como si mi temperatura corporal cambiara de la nada de ser cálida a ser muy fría. Instintivamente, miro mis manos, de ellas, ha empieza de nuevo a dejarse ver aquel destello de luz blanca, y otra vez, se aparece la ráfaga de viento que apareció antes. — ¡Miren! ¡Ahí está! ¿Si están viendo que lo que les digo es verdad? — Lucas, al mirarme, se puso eufórico, confirmándome que, efectivamente, de este tema ha estado hablando con la policía. Los policías me miran, y en lugar de que ellos se pongan en acción para acorralarme y esposarme antes de que algo pueda pasar, primero reaccioné yo y los policías que estaban conmigo, pues ellos se pusieron de pie rápidamente porque en ese momento, ellos han mirado mis manos también, y se apuraron en alejarse de mí, cayeron sentados al suelo, y como pudieron, comenzaron a gatear en reversa para atrás porque ellos estaban mirándome con terror. Me trataban así, tal cual si yo fuera un monstruo que ha salido de la nada para darles el gran susto de sus vidas. Y la verdad era que esa no ha sido mi intención. — ¿Qué carajos es eso? ¡Quédese ahí! ¡No se mueva! — dijo uno de los policías, está alterado, asustado, y tiene su arma apuntando a mi cabeza a pesar de estar un poco lejos de mi distancia. Miré a ese policía fijamente a los ojos, mi mirada no tenía expresión alguna, puede que yo estuviera en shock al igual que todos allí presentes lo estaban. Me pongo de pie, lo hago despacio para no alarmar a nadie más, es ahí cuando me doy cuenta de que mi poder se ha intensificado, el viento ha desaparecido, mi ropa cambió repentinamente, ya no tengo puesto mi uniforme de mesera de la cafetería para la que trabajaría esta noche de turno, ahora, tengo puesto un vestido, era un vestido largo, su diseño en la parte de mis pechos era escotado en forma de corazón, ese lugar era azul celeste, el vestido tenía mangas que me llegaban de largo hasta las muñecas, era del mismo color de mi vestido. Encima de mi cabeza, traigo puesta una capucha, de aquellas que eran bastante abrigadas en la parte de adentro porque eran de usarse nada más en lugares donde el frío fuera tan bárbaro que ni tu cerebro podría aguantarlo. Mi cabello también parece haber cambiado, ha crecido más, de por sí, este me llegaba con normalidad hasta por un poco más de abajo de los hombros, ahora, el cabello me llegaba a la cintura, y el color ha dejado de ser n***o para pasar a ser blanco. ¿Qué carajos estaba sucediéndome en este preciso momento? ¿Qué estaba pasando? No lo sé, por un momento, y pensado que esto no iba a tener solución, no obstante, en el centro del apartamento, una nueva ráfaga de viento hace presencia en el sitio, esta ráfaga era mucho más poderosa que la mía, su viento hacía demasiada fuerza, hacía demasiado frío, pero su brillo era de diferente color, este era verde, verde esmeralda, y a su alrededor, giraban hojas verdes que flotaban a medida que se movía la ráfaga de viento. De pronto, un hombre, de apariencia de medir un metro, con ochenta, barba blanca, ojos azules, y traje parecido al mío, salvo que el suyo era verde, se ha aparecido ante las miradas de los presentes, causando pánico y sensación.
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