— ¿Quién carajos es usted? — dijo el oficial que estuvo hace un momento aterrado apuntándome con su arma en la cabeza, este ha dejado de mirarme para mirar fijamente al anciano que se apareció por arte de magia.
— Soy Anan Magnus, el Dios del Reino de Hielo, ¿Quiénes son ustedes y qué están haciendo con una de las más importantes hechiceras de nuestro mundo? — dijo el anciano.
— ¿Isela? ¡Ya basta de todo esto! ¿Quieres volvernos locos a todos aquí? ¿Qué mierda está sucediendo? ¡Quiero que nos expliquen ahora mismo! — exclamó el hombre de voz fuerte, ronca y aunque no quisiera hacerlo, parece que sonara demasiado aterrado por lo que estaba viendo ante sus ojos
Mi magia comienza a desaparecer, las luces que irradiaban de las palmas de mis manos se apagaron, el hermoso vestido que ha aparecido, también se esfumó, y mi cabello volvió a recuperar su tonalidad de oscuro. Pude sentir como mi cuerpo volvía a ser como antes, ya no había frío, ahora mi cuerpo ha vuelto a ser cálido.
Finalmente, volví a ser yo.
Entonces, me surgía una pregunta, ¿Cómo debía de controlar mis emociones de ahora en adelante para vivir con normalidad si ya me he dado cuenta de que debo de mantenerme tranquila para mis poderes no aparezcan y asusten a los demás?
El silencio se apoderó de mi apartamento. Los policías que se encontraban horrorizados por lo que han visto trataban de recomponerse, volver a tomar compostura, puesto que ellos eran policías, no podían darse el lujo de asustarse si su tarea era la de hacer justicia capturando a criminales, incluso, capturando a criminales más poderosos que otros.
Lucas parece haberse hecho el valiente solo por un momento, porque luego, el terror lo poseyó muy rápidamente.
— ¿Quién... es usted? — murmuré, sin quitar la mirada del hombre que estaba de pie en la sala de mi apartamento.
Trato de entender todo lo que sucede.
— Mi nombre es Anan Magnus, soy el Dios del Reino de Hielo, y he venido aquí porque finalmente te he encontrado después de tanto tiempo de estar buscándote, tienes que venir conmigo, tú no perteneces a este mundo, perteneces al mío, eres hechicera, eres una de las más poderosas, y necesitamos de tu presencia en nuestro reino. Un peligro nos acecha cada vez más, y solamente eres tú quien podrá defendernos.
— ¿Qué mierda estás diciendo? ¡Ella es Isela! ¡Es mi novia! ¡Es una chica normal que tiene un trabajo y una vida de mierda! — Lucas intervino. Claramente, él está molesto, y muy confundido, para todos aquí presentes, era muy difícil asimilar esta situación, más difícil lo era para mí.
Aquel comentario fue el iceberg que Anan Magnus necesitó para mandar a callar a mi exnovio, porque este dejó de ser mi novio desde que intentó volver a ponerme una mano encima antes de que toda esta mierda ocurriera.
Anan Magnus se giró en dirección a mirar a Lucas, estaba serio, su mirada causaba un horror inexplicable, y Lucas parece haberlo sentido, porque al verlo fijamente a los ojos, se ha quedado callado.
Sin embargo, Anan Magnus no parece ser de aquellos hombres que les guste dejar una discusión a medias, este parece ser de aquellos hombres que siempre tenían que ganar una batalla, y ahora, estaba enfrentándose a una con mi exnovio.
Anan Magnus estiró su mano hacia Lucas, y de inmediato, de su interior, un gran y potente destello de luz verde esmeralda, del mismo color que de su ráfaga de viento, apareció. Lucas terminó siendo azotado contra la pared que estaba cerca de él, quedó allí, pegado de espaldas con los pies, levitando sin forma alguna de poder pisar el suelo por cuenta propia porque su cuerpo estaba siendo controlado por la magia del poderoso Anan Magnus.
— ¡Qué está haciendo! ¡Por favor, bájeme de aquí! — comenzó Lucas a gritar.
Los policías se quedan petrificados y retroceden con lentitud hacia atrás, y en ese momento, sucede algo increíble; la magia de Anan Magnus me dio a entender que él era capaz de controlar los elementos de la naturaleza, es decir, que este era completamente capaz de manipular hasta los árboles para que sirvieran según su necesidad.
Encima de Lucas, una corteza de árbol comienza a aparecerse, dejando a Lucas con imposibilidad de moverse porque la corteza rodeó lo que era la zona de su cadera, estómago y los tobillos de sus pies.
Sus manos eran las únicas que no se ataron con la corteza de árbol porque estas estaban esposadas.
— ¿Qué mierda? ¡Suélteme! ¡Por favor, suélteme! — Lucas gritó.
Los policías miraron en dirección a donde estaba Anan Magnus, y yo pude darme cuenta como ellos comienzan a correr despavoridos hacia la salida del apartamento, dejando el caso como cerrado para ellos.
Sonreí, pues ver esa escena me hizo sentirme muy satisfecha con la venganza que planeaba hacer en contra de Lucas, sin embargo, creo que con esta experiencia, sería más que suficiente como para que él quisiera dejarme en paz de por vida.
Me pongo de pie, me acerco hasta donde está el anciano, estiro mi mano así como lo hizo él, y así mismo, de mi mano, aparece el destello de luz blanca, salvo porque esta no era tan potente como la anterior, este destello de luz era un poco más suave que la otra, pero fue lo suficientemente fuerte como para hacer lo que hizo; Lucas comenzó a congelarse como si estuviera metido dentro del congelador de una nevera.
Me río de tan solo verle la cara de pánico que pone, ahora bien, ¿Quién de los dos era el inútil? Me dije a mí misma.
Anan Magnus también parece que esto le ha causado gracia porque se ha reído al mismo tiempo que yo lo hice.
Ambos estábamos muy divertidos con toda esta situación, hasta que de pronto, me olvidé que la puerta de mi apartamento ha quedado abierta de par en par, y una de mis vecinas, que era una vieja de ochenta años que anda de arriba para abajo con su chihuahua que lo único para lo que servía era para ser un amargado como ella, estaban allí, de pie, mirando todo lo que estábamos haciendo Anan Magnus y yo.
La magia desaparece, Lucas cae al suelo golpeándose de inmediato de frente de su cara, y parece que queda inconsciente porque no vuelve a ponerse de pie, o quizás sea por la dificultad de poder moverse por qué está esposado.
— ¡Asesina! ¡Usted es una asesina! — comienza a gritar la vecina.
Desde hace tiempo que le traigo ganas a esa señora, y quise aprovechar este momento para darle un buen susto.
Apunté mi mano en dirección a la mujer, dejé que de ella saliera un pequeño destello de luz, y esta al pensar que yo iba a hacerle lo mismo que le hice a Lucas, salió corriendo despavorida de mi camino.
— Isela, es hora, tienes que venir conmigo al Reino de Hielo — dijo Anan Magnus.