Después de una tremenda entrega, salimos ámbos de la habitación, no dijimos más nada, él me seguía viendo de reojo, yo fuí camino a la habitación de mi pequeño Daniel. No me percataba de que él también venía a la habitación de Daniel, Cuando el niño nos vió entrar juntos gritó. —Mom, Dad, hahaha...—Carcajeaba su carita con felicidad. —Mom loves You. —Enseguida cargué al pequeño y lo besé mucho, llené de besos sus ojitos, sus cachetitos, sus mejillas rosaditas, sus pequeños labios me besaban a mi. Era casi o igual de bueno que el sexo que acababa de tener, a mi lado ese hombre allí de pies me miraba con ojos de ternura. Las empleadas cruzaban, nos volvían a ver, a leguas veía que se cuchicheaban entre sí, no le paré mente, no creyera que fuera importante, más no sabía que Lía Michel un

