Kathleen:
Llevo 6 días con mi nuevo bebé, sé que es tonto, pero en verdad amo mi nueva motoneta, una vespa en color azul marino.
- ¿Puedes ir por Dánae? –me pregunta mi madre.
- ¿Esta con los vecinos? –pregunto a pesar de conocer la respuesta.
- Sí, juega con Eos –dice, esa respuesta no me sorprende.
- Claro, ahora regreso –digo bloqueando mi móvil dejándolo en el sofá.
Salgo de la casa y me dirijo donde los Nikolaidis viven, o sea, en frente. Cuando llego, llamo a la puerta; pocos segundos después, el señor Nikolaidis abre la puerta.
- Hola Katty, ¿vienes por Dánae? –asiento y él sonríe, por lo regular, era por lo que venía.
- Sí –digo con una sonrisa.
- Bueno, está en el jardín con Eos, pasa a buscarla, estoy en una llamada importante –dice mostrándome su móvil.
- Claro, gracias –digo pasando, no es como que fuese la primera vez que estoy aquí; así que camino directo al jardín.
Cuando llego a la puerta, puedo ver una figura negra, delgada y alta; que sostiene a Eos del cuello. Veo a Dánae llorando, así que abro la puerta y corro hacia la extraña figura. Cojo su brazo y lo doblo, causando que suelte a Eos y caiga.
- Chicos, corran a la casa –digo derribando al sospechoso. Observo que Eos se pone de pie, toma de la mano a Dánae y corren dentro de la casa.
- ¿Qué quieres? –pregunto sujetándolo en el piso.
- A ti no, humana –dice antes de girarme sobre mi espalda, golpeándome con un aspersor de pasto.
La cosa se pone de pie y comienza a caminar en dirección a la casa. Me olvido del dolor y me pongo de pie; observo a mí alrededor buscando algo que pueda usar como arma. Encuentro una pala de jardinería, así que la cojo y corro hacia la sombra saltando en su espalda. Lo golpeo varias veces en la cabeza hasta que trastabilla, haciéndonos caer a los dos. La punta de la pala se entierra en el omóplato izquierdo de la sombra.
En un rápido movimiento, me toma del cuello y me lanza contra el árbol, sacando todo el aire de mis pulmones.
- Estás muerta –dice cerca de mi rostro, todo me da vueltas, y lo veo borroso.
- No en mi turno, amigo –digo tacleándolo con fuerza, derribándolo de espaldas. Me subo encima de él y comienzo a golpearlo en la cara, hasta que queda inconsciente.
- Katty, ¿qué ocurre? –dice el señor Malco en la entrada del jardín, me pongo de pie y camino dónde está él.
- Creo que es un secuestrador o algo así –digo señalando a la sombra, esta se mueve, así que cojo un bate de baseball que esta recargado en la pared; corro y lo golpeo con fuerza, dejándolo inconsciente, de nuevo.
- ¿Dónde aprendiste a luchar así? –pregunta el señor Malco.
- Mi padre me enseñó defensa personal –digo limpiando mi brazo, que tiene sangre, tal vez de la sombra–; ese sujeto es algo extraño –digo dejando el bate en el suelo–. ¿Los chicos están bien?
- ¿Qué demonios pasa? Eos está asustado, Dánae llorando, y que mierda –dice Keifer entrando en escena.
- Ese tipo intentó secuestrar a tu hermano –dejo el bate donde lo tome, ahora podía sentir el dolor en mi espalda.
- ¿Te enfrentaste a él?, ¿tú sola? –me mira con asombro e incredulidad, ya sé que parece que no podría golpear a una mosca pero, sabía defenderme.
- Sí, no fue fácil, me duele la espalda y creo que tendré un moretón en la costilla izquierda, aunque claro, el sujeto la tendrá peor, o sí, un horrible dolor de cabeza, y esa herida en el omoplato izquierdo; deberíamos llamar a la policía –digo frunciendo el ceño, lo del omóplato no había sido culpa mía, luchando se cayó y, fue un accidente.
- Gracias Katty, por salvar a mi hijo –me da un pequeño abrazo, le sonrío–, y la policía, ya lo he hecho, será mejor que vayas donde tu hermana y la lleves con tu madre, nosotros nos encargaremos de esto –dice el señor Malco guiándome hacía dentro de la casa hasta la sala, donde veo a Dánae abrazada a Eos.
- Pequeña, vámonos –digo acercándome a ella. Dánae suelta a Eos y se lanza a mis brazos, la alzo y se afianza a mi como un bebé mono, la abrazo con fuerza mientras froto su espalda–. Todo está bien, yo estoy aquí, y pronto estarás con mamá. –Ella asiente sin apartar su cabeza del hueco izquierdo de mi hombro y cuello. Camino hacia la salida, rumbo a la casa.
Keifer:
- Esto es malo –digo atando al Shadow.
- ¿Cómo nos encontraron? –pregunta mi madre preocupada.
- No lo sé, pero esto es peligroso –dice mi padre, dándome la razón.
- ¿Por qué nadie lo sintió? –pregunta mi madre abrazando a Eos, el pobre no dejaba de llorar, y no lo culpaba.
- Sí no hubiese sido por Katty, no sé qué habría ocurrido –dice mi padre sentándose junto a mi madre.
- Debemos ser más cuidadosos –mi padre abraza a Eos, no podía ser que nadie le hubiese sentido, sentía tanta impotencia y rabia.
- Tenemos que llamar a los Centuriones –dice mi padre sacando su móvil, asiento, esto será malo.
En ese momento, alguien llama a la puerta.
- Ahora regreso –digo caminando a grandes zancadas; al llegar abro la puerta, y para mi sorpresa, están los padres de Kitten.
- Hola Keifer, ¿están tus padres? –pregunta Jasper en tono serio, de una manera diferente a como me habló en su casa.
- Estamos un poco ocupados con... –corta mi frase sin darme tiempo a buscar una excusa.
- El Shadow, lo sabemos –ella también luce seria, ¿cómo era posible que sepan qué pasa?
- ¿Cómo...? –pregunto, aunque soy interrumpido por Jasper.
- Agentes especiales Deméter y Jasper Savage, Centuriones de máxima categoría –dice Deméter entrando, él la sigue hasta la sala.
- Malco, le recomiendo que deje esa llamada, puesto que nos darán la orden, por la cercanía –dice Deméter.
- ¿Cómo...? –ella interrumpe a mi padre.
- Agentes especiales Deméter y Jasper Savage, Centuriones de máxima categoría –dice Deméter–. Venimos a limpiar este desorden.
- Esta es la razón de que Kitten sepa pelear, ¿no? ¿Ella es un Centurión en entrenamiento? –pregunta mi padre sorprendido.
- No, ni Kitty ni Dánae saben a lo que nos dedicamos –dice Jasper antes de caminar al jardín.
- Ella dijo que eran agentes inmobiliarios –digo sin terminar de asimilar la información.
- Nuestra máscara –dice Deméter antes de seguir a su esposo. Mi padre se pone de pie y comenzamos a seguirlos.
- Es un Shadow de clase dos –escucho decir a la mujer mientras le analiza.
- Kitty lo hizo bien, lo noqueo en los puntos que le dije –dice Jasper con orgullo.
- Debes aumentar su mesada, querido –dice Deméter mientras revisa la herida en el omóplato izquierdo.
- Pala de titanio, tardará bastante en recuperarse –dice Jasper levantando la pala del suelo.
- Querido, observa esto –dice alumbrando con una pequeña luz, que al instante muestra una capa viscosa de color casi transparente–, parece un recubrimiento.
- ¿De qué? –pregunta mi padre.
- No lo sabremos hasta que nuestro equipo lo analice –dice cogiendo algo de la capa viscosa; lo coloca en una especie de pastillero y lo vuelve a guardar.
- Llama a Víctor y Luc, ellos se llevarán esta cosa para el interrogatorio –dice colocándole unas esposas un poco extrañas, el Shadow gime, y es un gemido doloroso.
- Esto es por lastimar a mi bebé –dice Jasper colocándole un aerosol, que lo hace doblarse por el dolor.
- Es un paralizante bastante fuerte, los Shadow no lo soportan –dice Deméter antes de que haga la pregunta.
- Este otro –dice rociándolo de nuevo–, es por asustar a mi pequeña Dánae.
- No deberías tomártelo tan a pecho –dice la voz de un hombre con acento francés.
- Bueno, cuando tengas hijos, lo entenderás –dice Jasper poniéndose de pie, Deméter lo imita.
- No le hagas caso –dice otro hombre con acento inglés–, está un poco molesto porque no pudo terminar su croissant –sonríe de lado, el francés lo mira mal, su chiste no era gracioso, así que entendía al hombre.
- La capa que lo recubría ya fue enviada con Lisabeta, ella nos dirá qué clase de recubrimiento es –dice la mujer mirando a los hombres.
- Bien, es hora de las preguntas –dice el francés caminando al cuerpo de Shadow, lo toma de los brazos y lo coloca en sus hombros–. Vámonos Luc, este maldito tiene mucho que decir.
- En cuanto nos diga algo, nos pondremos en contacto con ustedes –dice antes de desaparecer en la oscuridad.
- En cuanto sepamos algo, les informaremos –dice Deméter abrazando a su esposo.
- Hasta luego, Kiel, de la segunda familia real de los Máximum, en la tercera galaxia –dice Jasper de repente.
- ¿Cómo sabes todo eso? –puedo ver a mi padre ponerse en alerta.
- Nuestro trabajo es proteger a las buenas razas de los Shadows y Furias, para eso, necesitamos saberlo todo –dice con calma, parecían saber cómo lidiar con ese tipo de situaciones.
- Quédense tranquilos, no cambiará nada, seguirán con su vida normal –asegura Deméter mientras nos sonríe.
- Sí hubiésemos querido dañarlos, lo habríamos hecho desde el principio –Jasper se mantiene serio, en eso debía darle la razón.
- Gracias, y dale las gracias a Katty, lo que hizo lo aprecio mucho –dice mi madre saliendo del jardín.
- Claro, me alegra que fuera de ayuda, con su permiso –dice mientras caminan a la puerta del jardín; entran en la casa y caminan directo a la puerta principal.
Jasper abre la puerta, y deja que su mujer salga primero, para después hacerlo él.
- No puedes decirle lo que hacen sus padres, eso sería peligroso, la pondría en la mira de los Shadows y las Furias –dice mi padre en cuanto ellos han salido.
- Te prometo que no lo haré –digo con solemnidad, porque es verdad, lo último que quiero es que alguien más desaparezca por mi culpa.
Camino a mi habitación, y me dejo caer en mi cama. Sé que tengo que hacer para mantener a Kitten a salvo, necesito aumentar mi nivel de indiferencia.
Paso mi mano por mi cabello, porque me doy cuenta que la chica comienza a agradarme, a decir verdad, comenzaba más que agradarme. Sacudo la cabeza, tengo que eliminar esa estúpida idea, porque eso es, una estúpida idea.
Mi corazón le pertenece a Afrodita, sólo a ella, no puedo dejar entrar a nadie, no mientras ella sufre donde sea que esos malditos la tengan. Me levanto de la cama y me dirijo a mi escritorio, necesito encontrar una manera de encontrarla.