Kathleen:
Camino a la mesa más alejada, que se encuentra al fondo. La última palabra de Keifer rodando en mi cabeza, despreciable.
- Espera –dice una voz aterciopelada. Volteo y me topo con un chico alto, de piel moreno claro, ojos pardos y cabello n***o–. Hola, soy Kostas Leventis, un gusto, ¿señorita...?
- Savage, Kathleen Savage –extiendo mi mano, él le da un suave apretón.
- Es un nombre bonito, te molesta sí te llamo Kitten, me parece que te queda bien –sonríe, por todo lo bueno, aquí los chicos eran muy guapos, quizás serían descendientes de los dioses.
- No, creo que suena lindo –digo con una pequeña sonrisa. Él tiene una ancha sonrisa, en verdad es muy guapo, aunque no tanto como Keifer.
- Bien; ¿qué tal te va todo? –pregunta cortés, era el primero que lo hacía, los demás me veían raro, ¿era por mi acento, el color pálido de mi piel?
- Bien, pensé que las clases serían más difíciles, pero me están resultando bastante fácil –digo pensando en la clase de griego, las demás no eran tan diferentes, era bueno que supiera un poco de griego, y que algunos chicos practicaran el inglés o estaría aislada.
- Me alegro –su voz suave es algo hipnótica–. Perdona el comportamiento de Keifer y Perséfone, ellos se toman muy en serio su papel de chicos populares.
- No te preocupes, Keifer ya me lo había advertido –sonrío de lado mientras me encojo de hombros.
- Él es un poco reservado, y bueno, a decir verdad, él no quiere relacionarse con nadie por miedo –me mira atento, en un momento lo veo poner cara de sorpresa, como si no debiese haber dicho aquello.
- ¿Miedo?, ¿a qué? –pregunto curiosa.
- Él tenía una novia, su nombre es Afrodita; ella desapareció hace dos meses –le miro con sorpresa, eso debía ser horrible, no podía imaginar ese dolor.
- ¿La secuestraron? –pregunto preocupada.
- No lo sabemos, ella desapareció de repente –niega, muerdo mi labio, ¿habría algo que pudiera hacer para ayudar?
- Oh, lo lamento –digo, aunque tal vez eso debería decírselo a Keifer.
- Por eso te pido que le tengas paciencia –me anima con una sonrisa.
- Claro, gracias por hablar conmigo –le sonrío sincera, él era un buen chico, sería genial si fuésemos amigos.
- Un placer Kitten –dice con una cálida sonrisa. Es agradable creer que todos serán como él, se vale soñar.
- Voy a comer –digo dando un paso hacia atrás.
- Claro, ¿qué clases tienes después? –me mira atento, en mi mente miro mi horario, me lo había aprendido completo.
- Lengua, historia, arte y deportes –sonrío, lo recordaba todo, por eso era tan buena estudiante, podía memorizar muchas cosas en cortos periodos de tiempo.
- Entonces, te veo en lengua –alza la mano y hace un ademán de despedida.
- Claro –digo antes de que se aleje. Es genial que un chico como Kostas sea tan amable.
Camino a la mesa y me siento; comienzo a comer al tiempo que checo mi móvil.
- ¿Puedo sentarme? –dice una voz femenina junto a mí. Alzo la vista, y me topo con una chica, ella a diferencia de las otras chicas, tiene la piel clara, como la mía; su cabello también es castaño cereza, igual que el mío.
- Claro –digo invitándola a sentarse.
- Gracias –sonríe colocando la charola en la mesa–. Tú debes ser Kathleen Savage, ¿verdad? –pregunta con una gran sonrisa–. ¿Puedo llamarte Kitty Kat? –pregunta de nuevo–. Suena bonito, ¿no crees? –Sonrío ante su ánimo, en verdad es adorable.
- De nada –río bajito–. Sí, sí y sí –digo respondiendo a sus preguntas en orden.
- Oh, disculpa, cuando me emociono hablo hasta por los codos, me gusta conversar, ¿no es lindo conocer otras personas? –mueve sus manos emocionada–. Oh, por cierto, soy Alea Nikolopoulos.
- Un gusto Alea –digo cogiendo un poco de mi ensalada, me lo llevo a la boca mientras ella no deja de hablar.
- ¿Qué clase tienes? –pregunta poniéndose de pie.
- Lengua, ¿tú? –pregunto imitándola.
- Que mal, a mí me toca química –un suspiro dramático deja sus labios, de verdad parece triste, es algo extraño pero, me parece tierno.
- Espero encontrarnos en otra clase –digo tirando la basura en el contenedor.
- Claro –dice sonriendo.
Salimos de la cafetería y comenzamos a caminar por el largo pasillo, hasta que ella llega a química.
- Te veo después –digo antes de que me dé un abrazo.
- Claro –digo devolviéndole el abrazo. Por extraño que parezca, siento una extraña, pero confortable conexión.
Ella entra a su salón, así que comienzo a caminar al salón de lengua. Entro al salón y tomo asiento en la primera fila.
- Hola Kitten –dice Kostas, vuelvo la vista hacia donde esta él, y detrás Keifer.
- Hola Kostas, hola Keifer –silencio es su respuesta.
- Kitten, estamos leyendo a Shakespeare, Romeo y Julieta, Macbeth, El Mercader de Venecia, ya sabes, sus clásicos –asiento, en las escuelas que había estado solían seleccionarlos muy seguido, igual podría recomendar El guardián entre el centeno o Matar a un ruiseñor.
- Gracias Kostas –digo con una pequeña sonrisa.
- Si no sabes algo dime, y estaré encantado de ayudarte –dice con su habitual tono amable, asiento y sonrío.
- Gracias pero... –mi frase es interrumpida por una joven mujer.
- Siéntense –dice ella. Me acomodo en mi lugar, viendo hacia el frente–. Bien, hoy continuaremos con Romeo y Julieta; ¿quién leyó el libro? –pregunta viendo a todos. Nadie parece levantar la mano–. Bueno, malas noticias, voy a preguntarles sobre el tema –dice alzando un dedo, se escucha un ah general–. ¿Supe qué es amor? Ojos, desmentidlo, pues nunca hasta ahora la belleza he visto. ¿Qué escena es?
- Acto uno, escena cuatro, es durante el baile de los Capuleto –digo sin dudar.
- Muy bien, Kathleen Savage, ¿verdad? –me mira y me sonríe, era bueno que ellos no fueran estrictos conmigo.
- Sí –digo con voz firme.
- ¿Otras frases que recuerdes o te gusten? –se recarga en su escritorio y me mira con fijeza.
- Claro, la que me gusta es después de que el baile termina, del primer acto, escena cinco: ¡Mi amor ha nacido de mi único odio! Muy pronto le he visto y tarde le conozco. Fatal nacimiento de amor habrá sido si tengo que amar al peor enemigo –digo mirando a la profesora, así sería más fácil no ponerme nerviosa–. También la del segundo acto, escena dos: Mi único enemigo es tu nombre. Tú eres tú, aunque seas un Montagüe. ¿Qué es «Montagüe»? Ni mano, ni pie, ni brazo, ni cara, ni parte del cuerpo. ¡Ah, ponte otro nombre! ¿Qué tiene un nombre? Lo que llamamos rosa sería tan fragante con cualquier otro nombre. Si Romeo no se llamase Romeo, conservaría su propia perfección sin ese nombre. Romeo, quítate el nombre y, a cambio de él, que es parte de ti, ¡tómame entera!
- Fantástica interpretación señorita Savage –dice emocionada, me imagino que muchos de los chicos no están tan interesados en la materia.
- Me gustan los clásicos, Austen, Becquer, Paz, Brönte, ya sabe –digo jugando con mi vestido.
- Aparte del joven Leventis, me alegra encontrar alguien interesado por los clásicos. Bien, para mañana quiero que lean Sueños de una noche de verano, hasta mañana –dice antes de salir. Me pongo de pie, pero Kostas me detiene.
- No sabía que conocías tan bien a Shakespeare –dice sorprendido y emocionado, si a él también le gustaban, podíamos debatir y compartir impresiones.
- Que lindo, un ratón de biblioteca –dice una voz chillona que reconozco al instante: Perséfone.
- Bueno Perséfone, yo también soy un ratón de biblioteca, entonces –dice Kostas parándose a mi lado.
Bueno, pero tú eres, eh, diferente –dice apenada, es obvio que ella está enamorada de él.
- Soy igual que Kitten, un ser humano con derechos –dice colocando su mano en mi hombro.
- Gracias Kostas, pero no hace falta que me defiendas, no me importa lo que las personas con poca materia gris digan –digo viendo a Perséfone a los ojos.
- No te insulte, sólo dije algo que es notorio en ti –digo con una sonrisa falsa.
- Bueno, pero no te quieras pasar de lista –dice saliendo del salón.
- Bueno, eso eleva la ironía a un nuevo nivel, buena esa Kitten –dice Keifer después de reírse.
- Gracias –digo con una pequeña sonrisa de satisfacción.
- Vamos, que llegamos tarde –dice Kostas. Asiento y salimos del salón; para mi sorpresa, Keifer no se adelanta, e incluso, participa en la conversación.
- ¿Tus padres hacen qué? –pregunta Keifer de repente.
- Agentes inmobiliarios, ya saben, venden y compran propiedades –sonrío algo incómoda, no me gustaba hablar mucho de lo que hacían mis padres.
- ¿Viajan mucho? –pregunta Kostas.
- Sí, he vivido en todas partes, Orleans, en Francia; Nuevo Orleans, Luisiana, Los Angeles, California, Nevada, en Estados Unidos; Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, en México; Carlisle, Newcastle, Leeds, Truro, en Inglaterra; España, Italia e India, dos meses –digo tras hacer mis cuentas.
- Esos son muchos lugares, ¿sabes hablar esos idiomas? –pregunta Keifer sorprendido.
- Sí, español, los dos tipos de inglés, italiano, también chino, japonés y un poco de árabe –me encojo de hombros, debía adaptarme–, los idiomas se me dan bien.
- Vaya, eres un estuche de monerías –dice una conocida voz detrás, volteo y la veo acercarse con rapidez.
- Hola Alea; ¿escuchaste todo? –le miro con sorpresa, ¿o estaba muy cerca o tiene una gran audición?
- Sí, y es muy interesante, ¿visitaste muchos lugares? –pregunta tomándome del brazo, apartándome de los chicos.
- Sí, tuve que tomar muchas clases particulares, así que tenía tiempo de visitar los monumentos y museos –y también dibujarlos, no le diría eso, me daba pena que viesen mis dibujos.
- ¿Tomaste fotografías? –pregunta emocionada.
- No, los dibuje –digo con una pequeña sonrisa.
- ¿Dibujas? –pregunta emocionada.
- Sí, aunque no muy bien –digo bajo, rasco mi cabeza esperando no hiciera más preguntas.
- ¿Puedo ver tus dibujos? –pregunta con mucha emoción.
- Claro, ¿te parece después? –pregunto con timidez.
- ¿Qué clases tienes? –pregunta cambiando de tema.
- Historia, arte y deportes –acomodo un mechón detrás de mi oreja, me ponía nerviosa mostrar mis dibujos pero, sabía que Alea no se burlaría.
- También tengo clase de arte, así que ahí me mostraras tus dibujos –me sonríe animada, no puedo evitar sonreír.
- Claro –digo antes de que me dé un abrazo de oso, y se marche. Sonrío, esa chica es fantástica y muy agradable.
Me doy cuenta que estoy en el salón de griego, ¿cómo llegué aquí?
- Señorita Savage, ¿tiene historia? –Una voz conocida me hace volver la vista de mi horario.
- Sí –digo sorprendida de verle ahí.
- Bueno, pase –dice moviéndose para dejarme pasar.
- ¿Usted da historia también? –no puedo evitar que la pregunta salga.
- ¿No le dijeron sus compañeros? –mira tras mi espalda, varios chicos entran, había compartido clase con algunos.
- No, y bueno, no pregunte –digo apenada, me encojo de hombros.
- Tranquila, tome asiento –dice con una cálida sonrisa. Hago lo que me pide.
El señor Gabe toma asiento, y puedo ver sus facciones, alto, moreno claro, de cabello castaño oscuro, y sus increíbles ojos azul cerúleo. No sé porqué, pero sus ojos parecen una copia de los míos, o bueno, tal vez al revés, teniendo en cuenta que nació primero.
- Bueno chicos, comenzaremos con un repaso de la historia griega, así que anoten –dice mientras toma un libro.
Saco mi cuaderno y comienzo a escribir lo que dicta; ¿alguien le ha dicho que tiene una melodiosa voz? Es tan suave, tan hipnótica, quizás sepa cantar, Dios, si se decidiera por ese camino tendría el éxito asegurado, todos le prestarían atención sin dudar.
- Bien, mañana continuamos –dice el señor Gabe devolviéndome a la realidad. Observo mi cuaderno, y lo único que anote fue la fecha, el título y tres renglones.
- ¿Todo bien señorita Savage? –me mira preocupado, cierro el cuaderno y asiento nerviosa.
- Ah, sí, hasta luego –digo guardando mis cosas con rapidez.
- Señorita Savage –me llama el señor Gabe antes de salir.
- ¿Sí? –pregunto volviéndome en mis talones.
- Sé que todo es nuevo para usted, así que siéntase libre de pedir mi ayuda –dice con tono y mirada amable; en verdad me agrada.
- Claro, gracias –digo con una sonrisa, él asiente, así que salgo del salón.
- Hola Kitty Kat –dice Alea tomándome del brazo.
- Hola Alea –digo con una sonrisa.
- Sabes, ahora estamos aprendiendo a dibujar –dice haciendo una mueca de disgusto.
- ¿No te gusta? –pregunto con una sonrisa al ver su disgusto.
- No, prefiero el canto, pero eso lo vamos a ver hasta la mitad de año –suspira y me abraza de manera dramática, sería una excelente actriz.
- Mejor, tengo pánico escénico –digo recordando la última vez que canté frente a una multitud, es un feo recuerdo.
- Bueno, tú me enseñas a dibujar, y yo te enseño a no sentir miedo –me sonríe y eleva una ceja, asiento animada. Hasta ahora no lo había notado pero, ella y yo nos parecemos bastante, a excepción de sus ojos verde jade, podríamos pasar por gemelas, ¿acaso encontré a mi doppelgänger?
- Claro –digo olvidando ese extraño pensamiento. Ella asiente mientras que continuamos caminando.
- Bienvenida señorita Savage, mi nombre es Debreeha Kafkis, puedes llamarme Dee –me sonríe, era agradable que los docentes no fuesen rudos, aunque bueno, no podía decir lo mismo del profesor de matemáticas.
- Gracias –digo con una pequeña sonrisa.
- Adelante chicas –dice caminando a una mesa, donde hay varios cuadernos y oleos.
- Hola Kitten –dice Kostas, cerca de él esta Keifer.
- Hola –digo en general. Keifer hace un asentimiento de cabeza, bueno, eso es un progreso.
- Bien, el semestre pasado vimos arte semidesnudo, ¿lo recuerdan? –pregunta la maestra llamando la atención.
- Sí –se escucha la respuesta a coro.
- Bueno, este semestre comenzaremos con arte al desnudo, que es un arte milenario, usado desde la antigua Grecia –dice mostrando una fotografía de la escultura: Sátiro al desnudo–. Bueno, ¿quién se apunta?
Escucho a todos cuchichear, pero a nadie apuntarse.
- Bueno, entonces lo haré yo –dice la maestra viendo a cada uno, hasta que su mirada se detiene en mí–. Señorita Savage –dice acercándose–, usted tiene un perfil muy bonito, su piel, su cabello, nariz y ojos, usted es perfecta –dice llevándose la mano a la barbilla, trago saliva, esto no me gustaba ni pizca.
- Yo... –digo apenada, sonrojándome con ganas.
- Señorita Savage, el arte no tiene por qué dar vergüenza, ¿acepta? –pregunta viéndome a los ojos. Trago saliva; siento una mano darme un pequeño apretón, y sé que es Alea.
- B-bien –digo bajo, mi voz temblaba un poco.
- Bueno, pase detrás de la cortina –dice señalando en una esquina. Camino hacia el lugar, ¿por qué demonios acepté hacer esto?
Descorro la cortina, y vuelvo a cerrarla. Comienzo a quitarme la ropa, y cuando estoy desnuda por completo, me envuelvo con una sábana; trago saliva y descorro la cortina, camino con lentitud hasta la mitad del salón.
- Me gustaría hacer algo con su cabello, ¿me permite? –dice señalando mi cabello.
- C-claro –digo tragando saliva. Ella se acerca y comienza a deshacer mi trenza, acomodando mi cabello sobre mis pechos.
- Listo, ahora, espere a que el otro modelo llegue –dice con una pequeña sonrisa.
- ¿Otro? –pregunto confundida al tiempo que levanto mi rostro algo asustada.
- Sí, viene un chico a ayudarnos, como modelo masculino –dice ella alzando la vista–. Joven Nevrakis, llega a tiempo, pase al vestidor por favor –dice la señorita Dee; yo no volteo a ver al chico, sólo clavo mí vista en el suelo.
El modelo, a diferencia de mí; tarda muy poco, así que pronto siento su calor corporal a mi lado.
- Hola –dice con una voz muy sexi, que envía escalofríos a través de mi piel desnuda.
- H-hola –digo apenada, trago saliva.
- Soy Nathan, ¿tú? –pregunta con tono amable.
- Kathleen, puedes llamarme Katty, Kat, Kitten, Kitty Kat o sólo Kitty –digo balbuceando. Quiero golpearme por mi diarrea bucal. Lo escucho reír, una risa muy bonita.
- Te llamaré Kat –dice mi nombre en un tono que me hace dar un respingo, debido a la intensidad, ¿podía ser eso posible? Él era un completo desconocido pero, sentía como si le conociese de algún lado.
- Bueno chicos, comencemos –dice la maestra, y sé que es el momento de retirar la sábana. Nathan no tarda en dejar caer la toalla; y sé que debe estar bueno, porque escucho a las chicas exclamar asombradas–. ¿Ocurre algo señorita Savage? –pregunta la maestra.
- Nada –digo soltando poco a poco la sábana, hasta que se desliza por mi cuerpo, quedando desnuda.
- Jóvenes, quiero que capturen la esencia de la belleza natural –dice alzando mi rostro, hasta que puedo ver a Keifer, mi rostro esta rojo, y supongo que el resto de mi piel también.
- Tranquila, sólo piensa que no hay nadie, que estás por tomar un baño –dice Nathan en voz baja. Asiento y comienzo a repetir esa frase, como un mantra, hasta que siento tranquilidad.
- Bueno chicos, pueden vestirse –dice la maestra sacándome de mí trance. Cuando reacciono, Nathan ya tiene mi sábana entre sus manos, la cojo y me envuelvo con rapidez.
- Pasa tu primero –dice mientras se coloca la toalla en la cintura.
- Gracias –digo caminando al pequeño vestidor.
Tardo muy poco en estar vestida, puesto que Nathan está afuera, esperando. Salgo y me topo con él, mi nariz rozando su pecho, un musculoso pecho.
- Lo lamento, pero hay una chica que no deja de comerme con los ojos –dice señalando a Perséfone.
- No te preocupes, pasa –digo quitándome, permitiéndole pasar.
- Señorita Savage, me permite un minuto –dice la maestra a mi espalda.
- Claro –digo caminando hacia ella.
- Le agradezco que me ayudará, mañana sólo vendrá el joven Nevrakis, así que lo tendrá que dibujar –dice con una sonrisa.
- Claro –digo alejándome de ella, acercándome a Alea.
- No tengo talento para esto –dice mostrándome su trabajo, intento ahogar una risa, en verdad es mala.
- No te ha quedado tan mal, estoy segura que sí prácticas, mejoraras –le aseguro mientras le sonrío.
- ¿En verdad? –pregunta esperanzada, podría darle algunos consejos, me daría gusto que mejorara su técnica de dibujo.
- Sí –digo con seguridad–, te mostraré algunos secretos profesionales –me río por la broma.
- ¿Me muestras tus dibujos? –dice tras terminar de reír, asiento.
- Claro –digo cogiendo mi mochila del suelo; la abro, saco mi cuaderno y se lo entrego–. No son tan buenos, debo advertirte –digo algo apenada, siempre me pasaba cuando los mostraba.
Keifer:
Me causa cierta intriga ver a esa chica, tan penosa; mostrarse desnuda ante toda la clase que, en su mayoría, son hombres.
La observo caminar hacia el vestidor, y como esperaba, tarda bastante en cambiarse. Cuando sale, va cubierta con una sábana, que sólo deja sus hombros a la vista.
La maestra se acerca y deshace la trenza de Kitten, lo separa y lo coloca cubriendo sus pechos. Kitten observa el suelo cuando Nevrakis entra, ignorándolo por completo.
Cuando Nevrakis termina de desvestirse, se coloca a un lado de Kitten.
- Bueno chicos, comencemos –dice la maestra, a lo que Nevrakis obedece y se quita la toalla. A diferencia de él, Kitten presiona aún más la sábana–. ¿Ocurre algo señorita Savage? –pregunta la maestra.
- Nada –responde comenzando a soltar la sábana, hasta que queda desnuda. Me encuentro examinando su pequeño cuerpo, las curvas, la tonalidad de su piel, el contraste con su cabello, no puedo decir que es una diosa, pero sí que es sexi.
- Jóvenes, quiero que capturen la esencia de la belleza natural –dice al tiempo que alza el rostro de Kitten, nuestras miradas se encuentran, provocando que se sonroje con fuerza. Observo que toda su piel comienza a ponerse roja, y por extraño que parezca, es adorable. Veo que Nevrakis le susurra algo, ella asiente y el rubor comienza a desaparecer.
- Bueno chicos, pueden vestirse –dice la maestra captando la atención de Kitten, quien voltea al suelo para buscar la sábana, justo cuando Nevrakis se la entrega, ella la toma con rapidez, cubriéndose. Él le dice algo y asiente, caminando rápido al vestidor.
- Kitten es muy valiente, no cualquier chica se mostraría así –dice Kostas con admiración, y otro sentimiento que no puedo reconocer.
- Lo haría una cualquiera –dice Perséfone uniéndose a la conversación.
- Sí es así Perséfone, tú lo haces muy seguido, y sin ser algo artístico –dice Alea, la amiga de Kitten. Alzo las cejas sorprendido por el comentario, puesto que Alea no se mete con nadie.
- Metete en tus asuntos, rarita –le mira desafiante, con odio.
- Sí hablas de Kitty Kat, es mi asunto, zorrita –dice cruzando los brazos. Por alguna razón retrocedo, al igual que Perséfone; ella tiene un aura peligrosa, algo extraño para una humana.
Observo a Kitten salir, y Nevrakis entrar. Ella camina hacia la maestra, y después hacia Alea, que se separa de nuestro lado.
Las veo conversar, hasta que Kitten saca un cuaderno de su mochila, extendiéndoselo a Alea. Ella abre el cuaderno y comienza a pasar las hojas, maravillada. Le hago una seña a Kostas para que nos acerquemos a ver.
- ¿Esto qué es? –pregunta Alea señalando uno de los dibujos.
- Seneca Rocks –dice con una sonrisa–, el que sigue es el gran cañón. Me acerco y observo el dibujo, que es muy bueno.
- Esto es aquí –dice Alea al ver un dibujo del mar.
- Sí, desde el tejado puedo verlo, lo descubrí la primera vez que vinimos a ver la casa –sonríe con timidez, como si no estuviese acostumbrada a ser elogiada.
- Eres muy buena –dice Nevrakis, en algún punto debió llegar.
- Gracias, pero no creo que sea tan buena –dice ella sonrojándose.
- Ya verás que sí –dice quitándole el cuaderno a Alea. Él camina hacia la señorita Dee; cuando llega, le muestra los dibujos de Kitten.
- ¿Usted los dibujo señorita Savage? –pregunta la maestra acercándose.
- S-sí –dice nerviosa, sujetaba su vestido con algo de fuerza.
- Son excelentes, tiene una gran técnica –dice pasando las hojas, pasaba el dedo con suavidad, recorriendo los detalles.
- Gracias –dice al tiempo que juega con su cabello.
- ¿Puedo quedármelo? Se lo regreso a la salida –le mira sonriendo, seguro haría eso de mostrarlo a otros colegas artistas, según sabía, lo había hecho el año pasado.
- Claro –dice con una sonrisa.
- Gracias –dice antes de caminar a su escritorio.
Salimos del salón y caminamos a deportes, Nevrakis iba en medio de Alea y Kitten, nosotros atrás.
- ¿Sólo vienes a modelar? –pregunta ella mirándole atenta, era gracioso ver la diferencia de alturas y lo mucho que estiraba su cabeza para verle.
- Sí, ya que no tengo clase a esta hora –se encoge de hombros mientras le sonríe.
- No te he visto en ninguna clase –le veo mirando a otro lado, como si hubiese buscado en su mente.
- Eso es, porque no compartimos ninguna, sólo deportes –ella vuelve a verle con atención, era extraño como no se sentía nerviosa, alguien más se pondría nervioso tras estar a su lado desnudo.
- Comparto una clase con Alea, y tres con Keifer y Kostas –dice señalando su horario, el cual estaba doblado por la mitad.
- En deportes, todos los chicos participan –le explica mientras le sonríe, frunzo el ceño, ellos eran todo sonrisas, niego, eso no era de mi incumbencia, quizás era porque él no me agradaba.
- Vaya, eso debe ser interesante –dice dedicándole una cálida sonrisa a Nevrakis. Eso causa un extraño sentimiento, que decido no definir.
- Kitty Kat, ¿tienes novio? –pregunta Alea, y me encuentro curioso por la respuesta.
- No –dice sonrojándose.
- ¿Te gusta alguien? –pregunta emocionada, rodea su brazo, no le dejaría ir hasta que le dijera.
- Yo... –Alea corta lo que sea que ella vaya a responder.
- ¿Puedo adivinar? –pregunta Alea emocionada.
- Claro –dice divertida al ver el entusiasmo de Alea.
- ¿Kostas? –pregunta ella señalándolo.
- No, yo... –Alea vuelve a cortarla.
- ¿Nathan? –pregunta señalándolo.
- No, yo... –Alea la interrumpe por millonésima vez.
- ¿El señor Gabe? –pregunta sujetándola del brazo.
- No, yo... –ella abre la boca, pero Alea no la deja continuar.
- Entonces... –esta vez es Kitten quien la interrumpe.
- No me gusta nadie –dice ella casi a voz de grito, la miro ponerse roja.
- ¿Nadie? –pregunta Alea extrañada, podía ver en sus ojos que no le creía.
- No, todos son muy guapos pero, no me gusta nadie –dice bajo, por su expresión sé que miente y que hay alguien que le gusta.
- Sí te gustará alguien, ¿quién sería? –Alea le mira atenta, era un poco extraño su insistencia, más porqué Kitten no parecía cómoda con la conversación.
- Bueno, mmm... yo... mmm... c-creo que... mmm... ¿el señor Gabe? –dice de repente, era más una pregunta que una afirmación.
- ¿Por qué? –pregunta curiosa y divertida.
- Bueno, es muy amable, también es guapo pero, ¿has escuchado hablar? –pregunta, a lo que Alea asiente–, bueno, tiene una voz preciosa, que te hace sentir bien –dice ella con una sonrisa tierna.
- Parece que estuvieras hablando de tu padre –dice Nevrakis, y aunque odie admitirlo, tiene razón.
- Bueno, mi padre es un gran hombre, ama a mamá, a Dánae y a mí, supongo que el señor Gabe tiene esas cualidades, pero no estoy diciendo que me gusta, al menos, no en ese sentido –dice defendiéndose.