Kathleen:
Me despierto muy feliz, hoy va a ser un gran día, hoy voy a pasar todo el día con Keifer. ¿Alguien puede enamorarse a primera vista? Sí, yo me he enamorado de él, aunque creo que puede pasar más de lo que me imagino.
Me acerco al closet después de salir del baño, necesito ponerme algo lindo para encontrarme con él.
Después de diez minutos, me pongo un bonito vestido azul cielo de tirantes, con estampado de flores que resalta mis ojos azul cerúleo; unos botines negros estilo victoriano de tacón bajo. Me coloco un poco de rímel, sólo para resaltar mis ojos; cepillo mi largo cabello y comienzo a trenzarlo. Me observo en el espejo y me gusta lo que veo.
Cojo mi mochila, guardo unos cuantos cuadernos y libros, incluyendo mi cuaderno de dibujo. Guardo mi móvil y bajo las escaleras, camino a la cocina, donde está sentada Dánae.
- Estas muy guapa Kitty –dice mi padre antes de besar mi frente.
- Gracias –digo sentándome en mi lugar.
- Hoy voy a jugar con Eos –comienza a canturrear Dánae–, jugar, jugar.
- Apresúrense a desayunar, su padre las va a llevar a la escuela –dice mi madre sentándose junto a mi padre.
- Claro –digo comiendo mi desayuno.
Cuando Dánae termina, me despido de mi mamá y subo al deportivo de papá.
- Abróchate el cinturón –dice mi papá colocándose el suyo; yo lo imito y cuando menos lo pienso, estamos frente a la escuela.
- Papá, ¿puedo escoger la motoneta que quiera? –pregunto antes de bajar, Dánae jugaba con su muñeca, la dejaría en el automóvil de papá, no podía llevarla a la escuela.
- Claro, te lo mereces, además, tu responsabilidad va a consistir en llevar a Dánae a la escuela cuando no estemos –me sonríe, sabía que por eso me la compraban.
- Claro, será más fácil si tengo con que moverme. –No era tan malo, hacer eso era un buen incentivo.
- Dánae, ya llegamos –dice mi padre bajando del automóvil. Él le abre la puerta y ayuda a Dánae a bajar, la acompaña dentro de la escuela mientras espero en el auto.
Saco mi móvil y comienzo a checar mi blog, hay tres nuevas entradas.
Algunas veces me dan ganas de matar a mi protagonista para ver si mejora mi historia, ¿esto es normal? Intentas hacerlo cuando no tienes ideas, o cuando te desesperas, tranquila, la inspiración va a llegar.
¿Qué te inspira a escribir? La música, y los libros, les recomiendo que lean.
Sube uno de tus dibujos. No son muy buenos, pero subiré uno del mar cercano de Othonoí, donde vivo ahora.
Salgo de mi blog y me meto en w*****d, mi pequeña obsesión. Observo que tengo dos notificaciones y tres mensajes, abro primero los mensajes, son de diosa_1:
Continúa con tu historia.
Amo tu historia, soy tu fan número uno.
Recién comencé a leerte, y la verdad, es que me encantaron tus historias, sobre todo, la de Relaciones Tormentosas.
Sonrío con suficiencia, me encanta cuando mis fans me escriben.
Hola diosa, espero subir capítulo en tres días, lo que ocurre es que me acabo de cambiar de casa, imagínate, desde Newcastle hasta Othonoí en Grecia, es un largo viaje. Saludos.
Sonrío al presionar enviar.
- Buenas noticias –pregunta mi padre entrando al deportivo.
- Sí, tengo muchos fans que me aclaman –digo sonriendo.
- Claro, solo espero no tener muchos chicos aclamando fuera de la casa –sonríe alzando una ceja.
- Papá –digo riendo–, no soy tan popular en la vida real –digo guardando mi móvil en la mochila.
A los pocos minutos llegamos, puesto que no está lejos de la escuela de Dánae.
- Que tengas un buen día –dice antes de besar mi frente.
- Lo mismo –digo besando su mejilla; desabrocho mi cinturón, abro la puerta y salgo caminando directo a la entrada. Todos me observan al pasar, y eso me pone un poco nerviosa, no soy buena manejando tanta atención.
Camino por el largo pasillo, hasta llegar a mi casillero, el ciento trece.
- Tienes alguna duda –pregunta Keifer de repente, haciéndome dar un respingo.
- Hola –digo con una pequeña sonrisa.
- Repito, ¿tienes alguna duda? –dice en tono frío.
- Me gustaría saber dónde queda cada clase –digo bajo, ¿por qué me costaba tanto sostenerle la mirada?
- Bien, sígueme –dice dándome la espalda, camino detrás de él con rapidez, debido a que da grandes zancadas.
- Este es el de química, el de allá es el de inglés, pero creo que tú tendrás griego –me mira por sobre su hombro, asiento.
- Sí, ¿dónde es? –pregunto observando su espalda.
- A un lado de biología, que es ese –dice señalando una puerta al fondo.
- Bien, ¿sabes dónde queda matemáticas? –pregunto tras observar mi horario.
- Sí, aquí –dice señalando una puerta frente a nosotros.
Continúa caminando mientras me muestra los diferentes salones, así como la cafetería.
- Gracias –digo con una sonrisa.
- Mira niña, la única razón por la que estoy haciendo esto es porque tu padre me lo pidió, créeme que lo último que quiero es pasar tiempo contigo, ¿entendido? –puedo ver fastidio y enojo en sus preciosos ojos, por alguna razón siento escalofríos en mi espalda, y no sabría decir si eso era una buena respuesta.
- Sí –digo bajando la mirada.
- Sí necesitas saber algo, dime –dice antes de verlo marchar. Suspiro y comienzo a caminar a mi primera clase, que es griego.
- Buenos días señorita Savage, soy Gabriel Chrysomallis, puede llamarme señor Gabe –me sonríe, su tono es amable y encuentro algo relajante su tono de voz.
- Gracias –digo observando sus hermosos ojos, que son como los míos, azul cerúleo.
- Pase a sentarse –dice con amabilidad, asiento y ocupo un lugar en frente.
La clase transcurre con normalidad, puedo entender todo, gracias a que el profesor enseña bastante bien.
- Señor Gabe, ¿puedo ir al baño? –pregunta una chica atrás.
- Claro, adelante –dice escribiendo algo en el pizarrón.
- Señorita Savage, ¿puede traducir esta frase? –su pregunta ocasiona que alce la vista apenada, no me gusta que me pregunten cosas.
- Ah, ¿el pato nada en el estanque? –digo dubitativa, si bien no era difícil, algunas palabras eran confusas.
- Correcto, ¿quiere traducir el siguiente? –me sonríe, asiento, era bueno saber que él creía en mis capacidades.
- Mmm, ¿el hombre corre deprisa? –Y ahí estaba una palabra que solía confundirme, muerdo mi labio nerviosa.
- El hombre corre rápido –me corrige con suavidad–, pero muy bien señorita Savage –me sonríe y suspiro aliviada, al menos no había dicho algo incorrecto.
- Gracias –digo con una pequeña sonrisa.
Keifer:
Después de haber dejado a "Kitty", me voy a clase de inglés. Cuando entro al salón, el señor Papulias está escribiendo algo en la pizarra. Paso de largo y me acomodo en mi lugar, junto a mi mejor amigo Kostas Leventis, es el único humano, aparte de Afrodita; que vale la pena tratar.
- ¿Por qué esa cara? –pregunta cuando me he sentado.
- Me han puesto de niñera –no puedo evitar rodar los ojos, había algo en ella que lograba irritarme, pero no sabía qué.
- ¿De quién? –pregunta curioso, le miro anotar lo que está en la pizarra.
- Kathleen Savage, la nueva –digo en voz baja, lo que menos quería era un regaño del señor Papulias–, para mi desgracia, es mi nueva vecina, por lo cual, su padre me pidió que la ayudara.
- No seas así, seguro es una chica agradable –me regaña, su voz es suave, nunca lo he visto portarse grosero con nadie, ni siquiera conmigo, que soy su mejor amigo.
- Por favor, cada vez que me ve babea como tonta –ruedo los ojos con fastidio, de verdad esa actitud suya me desquiciaba.
- Es inevitable, no debe estar acostumbrada a chicos guapos –se encoge de hombros, él siempre buscaba justificar la actitud de todo el mundo.
- Como sea, es una humana insufrible –volteo a verlo, él niega y me sonríe.
- Me gustaría conocerla –dice mirando atento la pizarra, por mi parte sólo escuchaba.
- Eres demasiado amable –digo antes de que el señor Papulias voltee y comience su clase.
Hago como que escribo lo que el profesor dicta, pero la verdad es que no me hace falta.
- ¿Has sabido algo de Afrodita? –susurra Kostas cuando el profesor se vuelve a la pizarra.
- No –digo después de soltar un suspiro–, sabes, no debí decirle que era, sé que por eso desapareció.
- Tú no tienes la culpa; no sabes sí fueron ellos, o si ella desapareció por alguna razón que no podemos comprender –palmea mi hombro, sé que tiene razón pero, no dejó de creer que quizás fue por mi culpa, por lo que soy.
- No entiendo que la motivó a irse, o sí ellos se la llevaron, ¿por qué no han pedido nada? –froto mi frente frustrado, había hecho de todo, usado todos los medios que tenía, en vano.
- Buena pregunta, así que, lo más probable es que desapareciera, ya sabes que ella tenía muchos problemas con su madre –me recuerda mientras vuelve su vista al frente.
- Esa maldita puta adicta al crack –digo por lo bajo, esa mujer había sido un martirio para su amada, siempre quitándole lo poco que tenía.
- Cálmate –dice antes de que el timbre suene, anunciando el final de la clase. Caminamos a la siguiente clase, entramos y esperamos a que la clase comience.
- Qué horror, Matraxia cada vez se pone más pesado –dice Perséfone mordiendo su manzana. La única razón por la que soporto a Perséfone, es porque es la mejor amiga de Afrodita.
- Pues pon más atención –digo revolviendo mi ensalada.
- Hola Keifer –dice esa insufrible voz, alzo la vista y la veo sujetando una bandeja.
- ¿Algo que no entiendes? –vuelvo mi vista al plato, entre más rápido se fuera mejor.
- Yo... –su frase es cortada por Perséfone.
- Tú no perteneces a esta mesa, creo que es bastante obvio –dice Perséfone con burla, no estaba de humor para sus estupideces.
- Ella tiene razón, deberías irte a otro lado –digo desviando la mirada de sus ojos, había volteado a ver su reacción, debía admitir que sus ojos eran hermosos.
- Claro, adiós –dice antes darse la vuelva
- Despreciable –digo en voz baja, más para mí mismo que para que los demás escucharan.
- Keifer, eres bastante cruel con ella –dice Kostas antes de ponerse de pie. Ruedo los ojos, mientras él se aleja, intentando alcanzarla.