CAP 3: EL HOTEL

1552 Palabras
A pesar de lo ocurrido, el trayecto al hotel fue muy ameno, la compañía estaba integrada por hombres y mujeres que se notaba no pasaban de los 30 años, mujeres delgadas, hermosas y alegres, un muchachos altos y bien fornidos, físicamente también muy agraciados, raras bellezas en este lado del hemisferio. Acompañados de un staff de vestuario, luces y escenario, personas ya un poco mayores pero igual de emocionadas que los bailarines. Sus sonrisas y comentarios de las cosas que ven al mirar por las ventanas los paisajes costeros de mi ciudad y el arsenal de preguntas a mi y a Xenia quien solo asentía con una sonrisa ya que no entendía absolutamente nada de lo que le decían, trataba de ayudarla pero no dejaba de parecerme muy gracioso su sonrisa congelada que le daba a todos. Ver esas demostraciones de energía me hace pensar en que tengo 35 años. En esta sociedad en la que vivo a todas las niñas desde pequeñas nos dicen que tenemos que tener todo resuelto en nuestra vida antes de los 30 años: marido, hijos, profesión, estilo de vida, belleza y madurez... todo. Pero mi realidad no puede ser más distante de eso. Es que para nadie es un secreto que las mujeres empezamos a sentir que nuestra vida desde esa edad se siente en cuenta regresiva, el ejercicio ya no hace tanto efecto, la comida se ve más en nuestro peso, las arrugas, por muchas cremas y rutinas de belleza que tengamos, empiezan a notarse y ni hablar de lo que poco a poco empieza a caerse. Nunca me he considerado una mujer bonita. Soy bajita pero mis piernas y caderas pronunciadas que se mueven con ligereza al caminar llaman la atención; mi cabello rizado, abundante y azabache como la noche acompaña mi color de piel canela, mis ojos enormes y expresivos color avellana que siempre delatan mis pensamientos y mi boca carnuda que me encanta resaltar se roba las miradas de todos. Abandoné mi carrera como bailarina clásica hace 8 años atrás, cuando empezaron a cambiar cosas en mi cuerpo que no pude controlar a pesar de las dietas estrictas y el ejercicio diario, mis piernas, carnudas de complexión, empezaron a notarse más grandes de lo que a las personas les parecía "estéticas" y mi estatura no ayudaba con ello ya que aunque mis saltos eran más potentes y mi era técnica casi perfecta, ya que estudiaba a diario incluso en mis ratos de descanso, no era suficiente para "vender" mi arte. No podía evitar de vez en cuando llevar mi mirada al asiento de adelante dónde estaba Solokov, quien ya se había puesto sus lentes de sol y estaba en compañía de una joven excepcionalmente hermosa, cuando una voz masculina se dirige a mí –Ella es Anna– me dice la voz masculina a la que vuelvo a mirar y detallo a un joven de no más de 30 años, alto y de tez muy blanca, ojos azul celeste brillante y sonrisa perfecta. –la etoile de la compañía– complementa. La etoile es la prima ballerina, el título con el que se denomina a una bailarina que por su particular excelencia, talento, disciplina y pasión desempeña los principales roles dentro de una compañía de ballet. No me queda duda de que pueda serlo y no solo por su singular belleza que parece una muñeca de porcelana fina, sino por esa elegancia de realeza que exuda con cada movimiento que hace. –Son pareja, o por lo menos eso dicen las malas lenguas, mucho gusto Alek Volkov. –Mucho Gusto, Mila Robinson– extiendo mi mano para tomar la suya y le doy una sonrisa a ese atractivo muchacho que me saluda –Seré su guía en esta ciudad mientras ultiman los detalles de su presentación, no dudes en buscarme si me necesitas. –Espero hacerlo mucho– me responde con un gesto coqueto y empieza a presentarme a otros integrantes del grupo, todos muy jóvenes y alegres quiénes están muy emocionados por ser su primera vez en estas tierras costeras muy lejanas de su natal y fría Moscú. Es su pareja… esa frase se repitió en mi mente como un puñal con saña. Trago grueso y miro nuevamente al par sentado en la parte de enfrente de todos, siento la misma sensación que abrigué cuando tomé la decisión de hacerme a un lado cuando abandoné la danza. Recuerdo que lloré por semanas a diario en mi habitación, pasaban los meses, buscaba otros horizontes y con que "ganarme la papa", refugiarme en otros "amores" pero ninguno hizo estallar mi corazón de esa forma y en estos 8 años no he tenido otro amor ni he recuperado esa alegría. Continuamos con el trayecto hasta el hotel y todos se maravillaron con el espectáculo que éste brinda a sus ojos... Es que la edificación alojada en una histórica construcción está cargada del influjo español y una mezcla poderosa de la multiculturalidad... Un hermoso hotel ubicado en un claustro, herencia colonial de un convento original de la época de la colonia española, mezclada con una torre republicana, construcción posterior de finales del siglo XIX. Una preciosa edificación que cuenta la tradición desde los orígenes de esta ciudad como puerto del Caribe hasta convertirse en un alid del turismo. Vivo en una ciudad donde el 90% del tiempo hace calor y el otro 10% hace mucho más calor, lo que hace que los días de lluvia sean prácticamente un motivo de celebración, tanto así que el único mes lluvioso del año sea la fecha de celebraciones en la ciudad. A pesar de ser un pueblo relativamente pequeño por su ubicación es un puerto muy visitado, así que el turismo es una industria básica y de la que vive la gran mayoría de las personas que la habitan, no es la excepción en mi caso, aunque, como antes lo mencioné, no era precisamente lo que soñaba. Así de simple: sacrifiqué mi vida para forjar estabilidad. Los emocionados bailarines y staff eligen libremente sus habitaciones y se acomodan a su gusto, Solokov y Anna tenían habitaciones individuales y la sonrisa de ella me mostró lo complacida que quedó con lo ofrecido: la amplitud, luminosidad, el lujo, el confort y los servicios necesarios para que su estadía sea inolvidable. Como debo estar con ellos el mayor tiempo posible estaré en una de las habitaciones más sencillas del hotel y así estar disponible para guiarlos. Luego de dejarlos libres e indicarles la hora de la comida me dirijo a mi habitación a dejar mi no muy amplio ni muy pesado equipaje, que consiste en mis uniformes, un par de pijamas y ropa sencilla por si debo salir a atender algún asunto personal, por lo que en 5 minutos ya estoy nuevamente disponible para el grupo. Antes de que empiecen a preguntar, no, no tengo pareja, por eso no tengo ningún inconveniente en quedarme en otro lugar, lo hago por simple practicidad y mis ganas de no lidiar con el tráfico diario. Aunque tengo un amigo "especial" (si saben a lo que me refiero), con quién suelo pasar algunos de mis pocos ratos libres y que suelen ser muy pocos porque trato de tomar la mayor cantidad de trabajo posible para ganar más dinero y ahorrar, estoy por terminar de pagar mi casa, mi primer logro personal, mientras sigo disfrutando de las comodidades de hotel mamá, si, a mis 35 años. Salgo de mi pequeña habitación, nada comparada con las que el ballet tiene asignados, algo distraída y pensando si no olvido nada para dirigirme al lobby cuando Alek, el joven coqueto del viaje se acerca hasta mí para requerir de mis servicios –Hola Alek, ¿En qué te puedo ayudar?– le digo con una sonrisa cordial... De pronto, sin recibir respuesta alguna se acerca a mi hasta que no queda prácticamente nada de distancia entre nuestros cuerpos. Inconscientemente doy dos pasos hacia atrás para aumentar la distancia pero él, demostrando una agilidad casi gatuna, toma mi brazo y con delicadeza y decisión recorta nuevamente la distancia impuesta... En ese momento temo que vaya a hacer algo inapropiado, muevo mis labios para advertirle que no debería hacer lo que piensa ya que soy su guía y además alguien mayor que él, cuando un grito seco y ruso llama nuestra atención a su dirección. A nuestras espaldas estaba Solokov con una mirada aún más oscura que la que me dio en el aeropuerto, esos ojos cambiantes de color con su temperamento, me miraban de manera desaprobatoria y la verdad no sé qué pasaba por su cabeza o si creía que estaba buscando algún enredo con su bailarín, por lo que mi cara se enrojeció y no era precisamente de porque creyera que me encontró en una situación embarazosa... No, este sentimiento era de ira, al pensar que él creía que haría algo inapropiado y más con un jovencito como Alek. –Sra Robinson– escupe molesto en idioma ruso –necesito cuadrar con usted nuestros itinerarios, así que deje de hacer lo que pretende, la espero en el lobby del hotel-– sin dejarme replicar gira en sus talones no antes sin gritarle a Alek que vaya a su habitación a arreglar los vestuarios de ensayo que necesitará más tarde.
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