Al llegar a la carretera, la ciudad lo envolvió con su caos habitual. Pero aquella noche París vibraba con una energía especial. Las luces intermitentes de los autos resplandecían en la oscuridad, reflejándose en los charcos sobre el asfalto. Los cláxones sonaban en algarabía, acompañados de gritos y cánticos. Los hinchas del PSG celebraban su victoria, ondeando banderas y encendiendo bengalas que tenían el cielo con destellos rojizos y azulados. Automóviles repletos de aficionados recorrían las avenidas, entonando cantos de gloria. Herón se mantuvo distante, tomando rutas menos transitadas. Desde el balcón de su suite, Hafsa contemplaba la escena bajo ella. Su mirada se perdió entre el enjambre de luces y siluetas, pero un movimiento en particular captó su atención. Un auto oscuro salía

