Los agentes y cadetes observaban en absoluto silencio. Era impresionante que Herón siguiera de pie. Cualquiera en su lugar habría cedido minutos atrás, pero él resistía, absorbiendo cada impacto con una determinación feroz. Toda su voluntad estaba dispuesta a no caer. Era diferente a pelear por vida o muerte, porque aquí él no debía eliminar a nadie. No había enemigos, solo sus colegas cumpliendo la orden de su superior. Hermes no tenía intención de bajar la intensidad. Se inclinó ligeramente y lanzó un golpe ascendente hacia el rostro de su hermano. Herón logró girar la cabeza a tiempo, evitando el impacto por milímetros. Aprovechó la inercia para intentar barrer las piernas de su oponente con un giro bajo, pero Hermes, con su agilidad característica, saltó en el último segundo. Antes de

