Noob, un hombre de tez pálida y cabello corto, casi militar, se ajustó la chaqueta de cuero n***o mientras sus ojos fríos escudriñaban el ambiente con desinterés calculado. Krieger, más alto y de complexión robusta, con una cicatriz que le cruzaba la ceja izquierda, se apoyó en la barra de mármol y pidió un whisky doble, sin hielo. Ambos se movían con la naturalidad de depredadores en su territorio, observando cada detalle, rostro y actuar de los demás. Eran expertos en reunir información y vigilancia. A su alrededor, mujeres con vestidos ceñidos y hombres en trajes impecables se sumían en un baile de indulgencia y placer superficial. Noob y Krieger no estaban allí para disfrutar. Su misión era clara, y el club era solo el escenario perfecto para llevarla a cabo. Fue entonces cuando dos h

