El ministro leyó las palabras en la pantalla y frunció el ceño. No era usual que alguien interviniera en una investigación con tal determinación, pero tampoco podía ignorar el peso de las palabras de un m*****o de la realeza. —Pero, princesa, es parte del protocolo… —dijo el ministro, intentando argumentar. Amal intervino de manera contundente y con seguridad. —Su alteza está muy agradecida y, en nuestra cultura, retribuimos los favores. —Agarró el celular de Hafsa y giró la pantalla hacia el ministro—. Si lo van a traer, será para felicitarlo y entregarle medallas a él y a los dos perros. El jefe de policía soltó un leve suspiro y cruzó los brazos. No tenía muchas opciones. Al final, la política siempre estaba por encima de la justicia, y si la princesa quería proteger a ese hombre, e

