Capítulo 66 La firma

1247 Palabras

Herón escuchaba el estrépito de los aplausos, pero sus sentidos estaban atrapados por otra cosa: por esos ojos verdes, resplandecientes, profundos como esmeraldas antiguas. Sus pupilas se dilataron sin control. Su mirada, usualmente afilada y helada, se vio cristalina, tocada por una emoción que jamás había permitido salir a flote. No podía creer lo que estaba viviendo. Su corazón, gélido por costumbre, calculador hasta en las misiones más tensas, se sintió conmovido. Ella, una princesa, no solo lo había perdonado por intervenir sin permiso. Le estaba agradeciendo. Estaba devolviéndole algo que había perdido: su sitio, su voz, su nombre. Además, había tenido el gesto de incluir a Perseo y Teseo. Eso lo quebró por dentro. Sus dos compañeros más fieles, sus hermanos de batalla, también esta

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